PERSONA. Desde el derecho romano a la teología cristiana. JOSÉ MARÍA RIBAS ALBA. Editorial Comares. Granada. 2012.

El índice de la obra se puede ver en el enlace de la imagen del libro.

La realidad de cada persona es singular, única e irrepetible, con nombre y apellidos, tiene pasado, presente y futuro y, es de suyo, una entidad ontológica propia. Por esta razón, recomendamos la obra: <PERSONA. Desde el Derecho Romano hasta la Teología Cristiana>, del profesor de Derecho Romano de la Universidad de Sevilla, José Mª Ribas Alba, que consideramos como una de las investigaciones más profundas de las que hemos leído. Las razones de nuestra recomendación, se basan, no sólo en la argumentación del proceso de constitución histórico-jurídico del concepto de persona en el mundo romano y los autores que la conforman, sino en la visión interdisciplinar de la concepción de la persona en el cristianismo de San Pablo y Tertuliano, su relación con la filosofía y la mitología griega, y la teología cristiana de los Concilios de Nicea y Constantinopla, en los que San Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Gregorio de Niza fundamentaron, teológicamente, la doctrina de las tres personas de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, encarnadas en un sola naturaleza divina. Doctrina avalada por San Agustín que habla, incluso, de la persona de Dios.

Precisamente, ahora que vamos a subir a la página web la asignatura de Ética, su finalidad educativa, enfoque pedagógico, materiales didácticos, textos, actividades, metodología activa, etcétera, encontramos un libro de naturaleza ética y jurídica que viene a fundamentar con rigor histórico lo que en nosotros fue una intuición filosófica y educativa: la PERSONA es el eje de la ÉTICA. Y, por ende, de todo el sistema educativo y cultural. Veamos algunos textos claves de dicha obra como hitos que señalan un camino apasionante en el descubrimiento y la vigencia de la valor de la persona humana.

La costumbre de las imagines maiorum, (figuras y máscaras) regulada por el Derecho pontifical, preservó hasta época relativamente reciente la concepción espiritual del ser humano propia de la antropología arcaica. La máscara funeraria, elemento sustitutivo del cuerpo del difunto, representaba al ser humano como sujeto de una identidad única, incomunicable. La máscara concentraba en su realismo -heredado después por el retrato romano, tan diferente de los tipos ideales propios del arte griego- una biografía, una historia, una existencia concreta; y lo hacía, además, con un sentido pleno de dignidad, dignitas, dado que aunaba en ella tanto el aspecto temporal del hombre como la presencia del alma inmortal(…) Panecio, el filósofo estoico, miembro también del círculo de los Escipiones, que en torno al 135 a.C escribió una obra, Sobre los deberes, en la que por vez primera se utiliza en filosofía el concepto de prosopon-persona. La obra no ha llegado hasta nosotros. Sin embargo, es opinión ampliamente admitida por los especialistas que su contenido fue utilizado por Cicerón en su De officiis -Los Deberes-. De modo que es un hecho aceptado que la teoría de las cuatro personas que encontramos en el libro primero de esta obra ciceroniana procede directamente de la reflexión de Panecio>. (No olvidemos que para los romanos el hombre es, sujeto de deberes, antes que, sujeto de derechos, aspecto dominante hoy en día).

El profesor Ribas Alba escribe sobre el concepto jurídico de homo: <Porque como estamos viendo, según las Instituciones de Gayo: <Homo constituye una categoría general que se aplica a ciudadanos y no ciudadanos (de Roma), a varones y mujeres, a siervos y libres, también al nacido y a quien in utero est>. La comparación de Aristóteles y Cicerón es importante, para el primero, la anterioridad de la polis al individuo implica una unión de hombres libres, para el segundo, la unión de hombres libres está formada: <a través de un vínculo jurídico, concilia coetusque hominum iure sociati>. Prosigue José Mª Ribas: <La comparación con Aristóteles es particularmente significativa, porque frente a otros autores y corrientes como Platón y el estoicismo, el Estagirita supone una cierta excepción en la filosofía griega: estamos ante el autor que con más insistencia ha defendido la individualidad integrada y la posibilidad de una verdadera responsabilidad moral y no de una mera imputabilidad. Digamos que con Aristóteles el pensamiento griego llega al máximo posible en la dirección de una corriente que podríamos llamar pre-personalista. Los parámetros y condicionamientos del mundo heleno impedían el nacimiento de la categoría ético-jurídica de persona, entre otros motivos, porque como supo ver H. Arendt, la filosofía griega, también es este caso con la excepción de Aristóteles, no supo o no quiso descubrir la voluntad como una facultad separada del entendimiento>. Sobre el tema de la persona en la metafísica griega y el cristianismo ver de X. Zubiri, El hombre y Dios, 1985, Alianza, p. 323ss.

Para el profesor Ribas no conviene hacer de la etimología de persona el hilo conductor del estudio del concepto: <Es evidente que el término persona, que designa máscara en latín, se superpone en una época determinada a un conjunto de palabras más antiguas que de una u otra manera hacían referencia también a la máscara utilizada en el ámbito ritual, incluyendo lo que suele llamarse el teatro pre-literario.Persona absorberá esta prehistoria conceptual. El estudio de este proceso ideológicamente complejo ayuda a explicar por qué fue el término llamado a desempeñar una función relevante tanto en el ámbito del Derecho Romano como en el de la Teología Cristiana>. 

Otra cuestión clave es que el retrato romano: <Es un retrato personal , frente al griego que busca una representación idealizada. En Roma, el retrato se sitúa en el tiempo, en la historia, en la biografía, en la vida incomunicable del retratado... El retrato romano concentraba la personalidad individual en el rostro porque, en palabras de Plinio, suponía una imago animae, una imagen del alma... Esta peculiaridad, herencia de las imagines maiorum, hace del retrato una "epifanía del hombre concreto">. La contribución de Quinto Mucio Escévola es decisiva al concepto jurídico de persona, p. e.: <(...)pues culpa lo que pudiendo haber sido previsto por una persona diligente no lo fue, o se avisó en un momento que no podía evitarse el peligro>. Lo cual abre un debate sobre el papel de la voluntad en la estructura ontológica de la persona. <Con Séneca la voluntas se configura sin género de dudas como una categoría filosófica central>. Hay referencias a Homero, Hesíodo, Aristóteles, Platón, Tertuliano, según el profesor Ribas, aplica el <concepto de persona a la teología cristológica y trinitaria y es el que acuña la expresión clave que pasa a la filosofía occidental:el liberum arbitrium), Horacio, Virgilio, Plauto, Ulpiano, Terencio (destaca la importancia de su concepto de justicia), Cicerón (explica sus cuatro significados de persona, ser humano como sujeto de deberes, como individuo diferente, su circunstancia de tiempo y lugar, y su voluntad). Todo ello influye en la filosofía medieval de Boecio, Santo Tomás y su doctrina de la persona humana y divina, y en la de San Buenventura y su visión cristiana fundada en su imago Dei. Para el profesor Ribas es fundamental, Quinto Mucio Escévola, en sus decretos, De legibus:<El hecho de que el nuevo concepto jurídico de persona se utilice precisamente por el Derecho pontificio y en relación con los sacra, es decir, en un ámbito vinculado al culto de los antepasados, exactamente el mismo que ve la utilización de las imagines maiorum, deja bien claro cuál es el origen y el núcleo íntimo de esta categoría, a partir de ahora asumida por los juristas>. Para el profesor Ribas en estos decretos: <La continuidad de la <persona> del difunto por medio del heredero> está garantizada y la distinción clave entre cosa y persona. 

Por último, al describir el término <prosopon> en San Pablo, nos dice: <Pero el texto clave en esta materia se encuentra en 2 Cor 2, 10. Aquí es la misma Vulgata -siguiendo la Vetus Latina- la que vierte prosopon como persona, y hace atribuyendo esa condición a Cristo: "Lo que vosotros perdonéis a alguien, también yo lo perdono. Pues lo que yo he perdonado, si algo tengo que perdonar, fue por causa vuestra, en persona de Cristo>.  El lúcido capítulo final se lo dedica a Tertuliano que utiliza persona como lo hace cualquier jurista de su tiempo, escribe el profesor Ribas, y es un autor que utiliza "persona" en toda la gama de significados, <máscara> o <papel teatral>, <ser humano>, y concluye: <El alma concede al ser humano su condición de sujeto racional y libre: en este sentido es el alma la substancia que posibilita que el ser humano sea una persona.(...) Tertuliano comenta textos bíblicos y abre así <el diálogo entre personas>, el que escribe y el que interpreta. Para el profesor José Mª Ribas Alba:<Sin embargo, conviene subrayar que, frente a conceptos filosóficos deshumanizados y de escasa y problemática implantación escriturística -es el caso de hypostasis-, el alguien que mira y habla a otro en que toda persona consiste, hace de esta noción un instrumento óptimo para aplicarlo al Misterio de la Santísima Trinidad y al Misterio de Cristo... Tertuliano eligió para lo más sublime un término sencillo, de uso común, rotundo en su consistencia. Al fin y al cabo, el ser humano es imago et similitudo Dei. Acertó: la historia de la Iglesia y de la teología cristiana ha terminado por darle la razón>.

LAS MÁSCARAS DE LO TRÁGICO. Filosofía y tragedia en Unamuno. Pedro Cerezo Galán. Editorial Trotta. Madrid. 1996.

Obra dedicada: <A PEDRO LAÍN ENTRALGO, español quijánico y quijotesco, y maestro de saber y convivencia civil>. Pedro Laín dice en el prólogo: <Con este libro, Pedro Cerezo ha resucitado entero y verdadero al gigante del pensamiento, de la creación literaria y de la españolía que don Miguel de Unamuno fue. Así lo experimentarán, estoy seguro, cuantos con sensibilidad intelectual y literaria lo lean. ¿Qué es leer, sino dialogar?...

Índice de la obra: Introducción.

Obertura: POESÍA Y EXISTENCIA. 1. Existir en la palabra. 2. Los símbolos poéticos.

I. RAZÓN Y MODERNIDAD. 3. <Ejercicios intelectuales>. 4. El humanismo integrador. (España, problema y vocación. En especial, recomendamos el epígrafe: La humanidad en nosotros, en la que habla de la visión unamuniana del humanismo cervantino).  5. La ilusión del progresismo. 

II. EXISTENCIA Y TRAGEDIA. 6. Pesimismo trascendente. 7. La voluntad heroica. 8. La existencia trágica. 

III. CULTURA Y TRAGEDIA. 9. La creación desesperada. (Tiempo y eternidad). 10. Palabra de salud.  (La esperanza de la inmortalidad. Dios sufriente. Cristo agónico). 11. Sí mismo y contra-si mismo. (La máscara y el espejo).

IV. LA TRAGEDIA CIVIL. 12. La agonía de la palabra (La agonía del Cristianismo y la desesperación de España). 13. Nadismo, tragicomedia y farsa. (Don Quijote versus don Juan). 14. <Su Majestad, España>. (Un demonio socrático en la República). 15. Pasión y tragedia de España. (Perdí mi ancla , mi costumbre -se refiere a su mujer Concha). 

Epílogo ¿Tragedia o esperanza?

En la introducción al pensamiento vital de Unamuno, escribe Cerezo Galán: <En suma, la voluntad de sentido, de dar finalidad al mundo, poética y éticamente, es para Unamuno solidaria de la voluntad del no-morir... La creación desesperada del sentido, como compromiso por la vida, por la eternidad de la conciencia, frente a la potencia aniquiladora de la muerte, es la obra ética y poética del amor compasión. El "mito" cristológico expresa así para Unamuno la última verdad de la existencia trágica y su única vía de transformación>.

<En el dilema todo o nada no hay punto de equilibrio. "O tiramos al todo o tiramos a la nada" (decía Unamuno). No hay término medio. Pero el tirón a lo uno o a lo otro acontece por reflexión de su antagonista. Utopismo y nadismo son las dos modulaciones o máscaras, simétricamente opuestas, de la tensión trágica. El principio utopía forma parte de lo trágico con el mismo derecho que el principio entropía, como anverso y reverso del mismo conflicto. La doble posibilidad del todo o nada está siempre abierta en cada fase o estadio del movimiento. Don Quijote, modelo de todo utopismo y héroe agónico por excelencia, según Unamuno, no es menos trágico que el protagonista de San Manuel Bueno, mártir, héroe nadista tocado por la misma pasión quijotesca. Tampoco al buen hidalgo se le oculta, aun en medio de su intrépida esperanza, la oquedad de su esfuerzo, al igual que su anti-héroe trágico no deja de sentir en su vacío la exigencia del todo>.

<Y junto al conflicto trágico -prosigue Cerezo Galán-, productivo siempre de conciencia, el otro conflicto del resentimiento trágico, que es tan sólo guerra incivil, y cuyas máscaras reflejan todos los visajes imaginables de la envidia y el odio. Unamuno ha sabido explorar esa larga galería de máscaras trágicas, cómicas, tragicómicas, cuyo conjunto define las posibilidades estructurales, siempre inminentes, de la condición humana. Y lo ha explorado en carne viva, esto es, literariamente como abortos innumerables, girones o fragmentos de su propia existencia, porque cada hombre lleva en sí la cifra de lo  humano. Por eso, su pensamiento es, etimológicamente, ejemplar, un exemplum <de vida y realidad> Y puesto que no hay ejemplo sin experiencia, un experimentum de la condición humana, al filo de una de las crisis más sustantivas de la cultura moderna, cuyos efectos aún nos alcanzan hoy. Ejemplo y experimento, que tenía por necesidad que encarnar en palabra literaria (ya indica Cerezo Galán la contradicción del comienzo de siglo: "No había término medio: o ciencia o literatura".) , la palabra del mito en la cultura de las Luces, la única que puede ser, a la vez, testimonio de vida y cifra de salud>.

Cerezo Galán hablando de la dialéctica persona y personaje en Unamuno, nos lleva al corazón de la obra: <He aquí la gran lección, a juicio de Unamuno, del humanismo cervantino: "A ese arte eterno pertenece nuestro Cervantes, que en el sublime final de su Don Quijote señala a nuestra España, a la de hoy, el camino de su regeneración en Alonso Quijano el Bueno, a ése pertenece porque de puro español llegó a una como renuncia de su españolismo, llegó al espíritu universal, al hombre que duerme dentro de nosotros>. (I, 791). <En torno al casticismo>, en la Biblioteca Virtual Cervantes, pincha aquí. 

 

Prosigue Cerezo Galán: <Si don Quijote el prototipo de personaje castizo, Alonso Quijano encarna el buen corazón del hidalgo manchego, amante de la paz y la justicia, que por debajo de sus sueños de loco, permaneces fiel a su ley interior. En tanto que don Quijote expresa la personalidad histórica, caballeresca y militante, Alonso Quijano realiza intrahistóricamente la buena voluntad (VII, 1094) como el valor incondicional de la persona. La muerte de don Quijote deviene así el símbolo de la superación dialéctica del personaje en la persona, condición de todo genuino renacimiento: "Alonso Quijano el Bueno se despojará, al cabo, de don Quijote y morirá abominando de las locuras de su campeonato, locuras grandes y heroicas, y morirá para renacer" (I, 806). En otros términos, prosigue Cerezo Galán, el individuo es un átomo duro y e impenetrable; la persona, un centro de comunicación. El individuo aisla y excluye, la persona, en cambio, es un principio de integración y universalización>.

Recomendamos esta gran obra de Pedro Cerezo Galán, una de las que mejor nos acercan a la filosofía poética o poética filosófica, en persona, de Miguel de Unamuno: al "hondón del alma". Y a su fuente cervantina de un auténtico personalismo comunitario. 

"Venceréis pero no convenceréis". José Luis Gómez. Teatro La Abadía. Madrid.

(Incluye un espléndido dossier sobre la obra y el contexto histórico de Miguel de Unamuno.

<El mal del siglo> de Pedro Cerezo Galán. Breve recensión de Jacobo Muñoz sobre ambas obras, Las máscaras de los trágico y El mal del siglo. El Cultural. (Diario El Mundo).19 de junio de 2003.

ANTONIO MACHADO. <POESÍAS COMPLETAS> y <JUAN DE MAIRENA (sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apócrifo 1936)>. Precedido de: Apuntes inéditos (1933-34). Dos obras indispensables para comprender la relación de la Literatura y la Filosofía unidas por la pedagogía. PINCHA EN LA IMAGEN Y LEE LAS POESÍAS COMPLETAS.

Las <Poesías Completas> y <Juan de Mairena> de Antonio Machado son dos obras que han marcado mi trayectoria vital e intelectual, sobre todo las Poesías, cuando en mi juventud escuché a la luz de la luna y junto a un fuego de campamento en la Laguna Negra (Picos de Urbión, Soria), narrar la leyenda:<La tierra de Alvargonzález> de Campos de Castilla. Conocí la tierra de pinares en el verano de 1967, y, a orillas del río Revinuesa cerca de la Laguna Negra leí el poema <A un olmo seco>, que resuena en mi mente como un bello recuerdo de la primavera de mi vida.

Los versos de Antonio Machado se los dedica a poetas y filósofos: Juan Ramón Jiménez, Azorín, Rubén Darío y don Miguel de Unamuno. Los <Proverbios y cantares> (Nuevas Canciones 1917-1930), daban juego creativo en el ámbito de la educación en valores en mis clases de Ética (los que dedica al filósofo José Ortega y Gasset). Así como <Elogios> escritos con el corazón de una buena persona como fue Antonio Machado, a Francisco Giner de los Ríos, y de nuevo, al joven meditador José Ortega y Gasset. Y el bello y vigente poema: <Una España joven>. La última poesía del libro, <Luz>, se la dedica "A don Miguel de Unamuno, en prueba de mi admiración y mi gratitud", termina así: 

"Pero en tu alma de verdad, poeta, // sean puro cristal risas y lágrimas;

// sea tu corazón arca de amores, // vaso florido, sombra perfumada".

Juan de Mairena es una obra indispensable para todo educador nato que debería leer, meditando, esta bella síntesis de poesía y filosofía que constituye la Escuela Popular de Sabiduría. La primera sentencia del libro marca tendencia: "La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero. Agamenón: conforme. El porquero: No me convence. (...) "El amor a la verdad es el más noble de todos los amores". Prosigue Juan de Mairena que habla a sus alumnos (XXII): "Los grandes poetas son metafísicos fracasados. Los grandes filósofos son poetas que creen en la realidad de sus poemas. El escepticismo de los poetas puede servir de estímulo a los filósofos. Los poetas, en cambio, pueden aprender de los filósofos el arte de las grandes metáforas, de esas imágenes útiles por su valor didáctico e inmortales por su valor poético. Ejemplos: El río de Heráclito, la esfera de Parménides, la lira de Pitágoras, la caverna de Platón, la paloma de Kant, etc., etc.

Las meditaciones de Machado acerca de la literatura española y la filosofía universal nos revelan no sólo una creativa visión ética y estética de la cultura, sino la sabiduría milenaria acuñada en la vida cotidiana del pueblo. Juan de Mairena dedica unas bellas y justas palabras a Cervantes y al Refranero del Quijote: "Cómo distribuye refranes en esas conciencias complementarias de Don Quijote y Sancho. Cuándo en ellos habla la tierra, cuándo la raza, cuándo el hombre, cuándo la lengua misma. Cuál es su valor sentencioso y su valor crítico y su valor dialéctico". Y a don Miguel de Cervantes: "Cuando vemos y escuchamos a un clown inglés, nos explicamos la existencia de Shakespeare, tan repleto de humanidad y bufonería. (...) Leyendo a Quevedo... Hablen los quevedistas, si los hay. Por mi parte -añadía Mairena- sólo me atreveré a decir que leyendo... A CERVANTES ME PARECE COMPRENDERLO TODO".

Índice general de la obra:

Libro I: <La primera Grecia>. Describe el concepto de areté en la educación de los grandes poetas Homero y Hesíodo, en Esparta y en el ideal político del ciudadano de Atenas. El pensamiento filosófico y el descubrimiento del cosmos. Crítica a la tiranía.

Libro II: <Culminación y crisis del espíritu Ático>. Estudia a todos los trágicos griegos: Esquilo, Sófocles y Eurípides. Los sofistas y la educación, el origen de la pedagogía y del ideal de la cultura. La comedia de Aristófanes y a Tucídides como pensador político.

Libro III: <En busca del centro divino>. El siglo IV y Sócrates educador. Platón y la posteridad y estudia el problema de la areté, los diálogos principales Protágoras, Gorgias. El educador como estadista. El Menón. El Simposio. La República y la reforma de la antigua Paideia. La educación en la mujer y el niño. El estado ideal y el hombre filósofo. República II. El modelo divino. La caverna y la imagen de la Paideia como conversión. República III. El valor educativo de la poesía. Paideia y escatología.

Libro IV: <El conflicto de los ideales de cultura en el siglo IV>. La medicina como Paideia. Isócrates y su ideal de cultura. La educación política. La educación del príncipe. Autoridad y libertad en la democracia. Isócrates defiende su Paideia. Jenofonte. El Fedro de Platón: filosofía y retórica. Platón y Dionisio: la tragedia de la Paideia. Las Leyes y la misión educativa del legislador. El espíritu de las leyes y la verdadera educación. La educación de los regentes y el conocimiento de Dios.

Recomiendo esta obra para todo educador que se precie de serlo. Yo calificaría de educador a Miguel de Cervantes que, tras su paso por la Grecia de Homero en la batalla de Lepanto (1571), vio de cerca la cultura griega puesto que su formación con el maestro López de Hoyos se centró más en autores latinos. Las múltiples referencias a poetas y filósofos griegos en sus obras, especialmente en El Quijote, nos hace pensar que los ideales de la cultura griega hicieron presa en el alma del escritor. Como dice Jaeger, en el capítulo, <Homero el educador>: "La poesía sólo puede ejercer esta acción si pone en vigor todas las fuerzas estéticas y éticas del hombre... El arte tiene un poder ilimitado de conversión espiritual". (...) Y, al hablar Jaeger de la función social y educadora del poeta, escribe: "Los mitos y las leyendas heroicas constituyen el tesoro inextinguible de ejemplos y modelos de la nación. De ellos saca su pensamiento, los ideales y normas para la vida. Prueba de la íntima conexión entre la épica y el mito es el hecho de que Homero use paradigmas míticos para todas las situaciones imaginables de la vida en que un hombre puede enfrentarse con otro para aconsejarle, advertirle, amonestarle, exhortarle, prohibirle u ordenarle algo". ¿No les suena nada a la vida de don Quijote y Sancho?

Otro de los grandes poetas que estudia Jaeger es Hesíodo, y hacemos hincapié en ello porque consideramos que el origen de la filosofía está en esta unidad originaria de la mitología, el arte, la educación y la poesía. La areté el concepto central de la Paideia, es equivalente al de virtud. Prosigue Jaeger: "Pero, entonces, ¿se puede enseñar la areté? Esta pregunta fundamental se halla al principio de toda ética y de toda educación. Hesíodo la suscita, apenas pronunciada la palabra areté: <Ciertamente, es el mejor de los hombres aquel que todo lo considera, y examina qué cosa será en último término lo justo. Bueno es también el que sabe seguir lo que otro rectamente le enseña. Sólo es inútil aquel que ni conoce por sí mismo ni toma en su corazón la doctrina de otro>. Un bello texto que recoge Aristóteles en su Ética a Nicómaco es un homenaje al valor del diálogo en la búsqueda de la verdad, la justicia y la solidaridad. Como dice Jaeger: "Estos versos han valido en la ética filosófica posterior como el primer fundamento de todo doctrina ética y pedagógica". ​

Según W. Jaeger al hablar de Sócrates educador: "El concepto decisivo para la historia de la paideia es el concepto socrático del fin de la vida. A través de él se ilumina de un modo nuevo la misión de toda educación; ésta no consiste en el desarrollo de ciertas capacidades ni en la transmisión de ciertos conocimientos; al menos, sólo puede considerarse ahora como medio y fase en el proceso educativo. La verdadera esencia de la educación consiste en poner al hombre en condiciones de alcanzar la verdadera meta de su vida. Se identifica con la aspiración socrática al conocimiento del bien, la frónesis". (...) “La suma y compendio de "todo lo que poseo" es para el hombre socrático la paideia: su forma interior de vida, su existencia espiritual, su cultura".

Por último, la idea platónica de filósofo, que analiza Jaeger sería el:"<Amante de la cultura>, designándose así la personalidad humana altamente cultivada. Platón se representa al filósofo como un hombre de gran memoria, de rápida percepción y afanoso saber... Es grande en todo, pero sin dejar de poseer por ello cierto encanto. Es un "amigo y pariente" de la verdad, de la justicia, de la valentía, del dominio de sí mismo... Su imagen de filósofo no corresponde al tipo de discípulo de los sofistas. El "intelectual", cuya característica es la tendencia que critica constantemente a otros, es implacablemente fustigado por Platón, que lo expulsa de su templo. Platón hace hincapié en la armonía de espíritu y carácter. Por eso, resumiendo todo lo anterior, llama a su filósofo, concisamente, el kaloskagathos, <el caballero>". ¿Tendrá que ver algo con el Ingenioso Caballero Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes en la segunda parte que nos habla de la virtud de justo medio, la areté de la ética aristotélica?    

 

FILOSOFÍA Y POESÍA. MARÍA ZAMBRANO. Ediciones de la Universidad de Alcalá de Henares/Fondo de Cultura Económica. Madrid. 1993. Biblioteca de los Premios Cervantes.

Índice de la obra Filosofía y Poesía: A modo de Prólogo. 7. Pensamiento y Poesía. 13. Poesía y Ética. 27. Mística y Poesía. 47. Poesía y Metafísica. 73. Poesía. 101. Notas. 117.

María Zambrano tras explorar y contraponer los caminos de la Filosofía y la Poesía escribe: “En Platón el pensamiento, la violencia por la verdad, ha reñido tan tremenda batalla como la poesía; se siente su fragor en innumerables pasajes de sus diálogos, diálogos dramáticos donde luchan las ideas, y bajo ellas otras luchas aún mayores se adivinan. La mayor quizá es la de haberse decidido por la filosofía quien parecía haber nacido para la poesía. Y tan es así, que en cada diálogo pasa siquiera rozándola, comprobando su razón, su justicia, su fortaleza. Más también es ostensible que, en los pasajes más decisivos, cuando aparece agotado ya el camino de la dialéctica y como un más allá de las razones, irrumpe el mito poético. Así en la República (Libro VII, Mito de la Caverna), en el Banquete, en el Fedón… de tal manera que, al acabar de este último, el más sobrecogedor y dramático de todos, nos queda la duda acerca de la íntima verdad de Sócrates".

Según Platón la poesía es la mentira y vive en las "apariencias". Prosigue Zambrano: “Las palabras platónicas son terminantes. Existe una contradicción en el hombre entre lo que en su alma sigue a la razón y a la ley, y lo que es pasión. Y lo más irrenunciable para la poesía es el dolor y el sentimiento; por eso la poesía mantiene la memoria de nuestras desgracias". (…) "Amenaza para el gobierno de nuestra vida individual y para la ciudad ideal que se quiere establecer: “Y en el momento en que recibáis en ella -escribe Platón- a las musas voluptuosas, sean épicas, sean líricas, el placer y el dolor reinarán en vuestro Estado en vez de la ley y de la razón. La condenación es taxativa, no admite escapatoria. Porque la poesía va contra la justicia; es el agente de la destrucción. Llegado el momento de establecer la sociedad perfecta, Platón habla de formular con toda rigidez lo que ya estaba implícito en toda la Filosofía griega. Y añade que no es de ahora, que viene de muy antiguo la enemistad de la poesía con la filosofía y enumera alguno de los insultos y burlas lanzados descaradamente por la poesía a los filósofos. Pero no dice que estos poetas se dejaron llevar extremadamente, es decir, poéticamente, por algo que quizá ellos percibieron antes que los mismos filósofos: la condenación de la poesía que la filosofía comportaba en sus ideas fundamentales: ser, verdad, razón. La poesía quedaba al margen de todo eso y si todo eso triunfaba, traería consigo el menosprecio forzado de la poesía". 

Para Zambrano: "Platón se encara nada menos que a Homero, el venerable, y le pide cuentas. Posee, dice, todos los saberes sin poseer en realidad ninguno. Y cuesta trabajo decir que Platón no supo hacer justicia al poeta. El poeta no sabe lo que dice y, sin embargo, tiene una conciencia, un género de conciencia… Y así, este género de conciencia propio del poeta, también ha engendrado una ética del poeta que ya no es la ética (racional), hasta cierto punto, sosegada, segura del filósofo. Pues, al fin, el filósofo persigue la seguridad. Esta ética poética no es otra que la del martirio”. La relación entre poesía y metafísica (sin olvidar la mística) sirve a María Zambrano para revelarnos su impacto en la filosofía moderna y contemporánea, en especial, en Kierkegaard quien suscita una cuestión esencial entre Poesía y Persona: “En la angustia, decíamos -prosigue Zambrano-, se abre la persona. El <espíritu>, dice Kierkegaard; la <existencia>, Heidegger. Más ¿de qué modo? Si el poeta no sigue el camino de la filosofía, ¿quiere decir que la persona, el espíritu se ha abstenido? ¿Quiere decir que la poesía vendría de una époje de la persona? Más, ¿puede el hombre renunciar a ser persona?".

PERSONA Y DEMOCRACIA. La historia sacrificial. MARÍA ZAMBRANO. Antropos. Editorial del hombre. Barcelona. 1988. Colección Pensamiento Crítico/Pensamiento Utópico, dirigida por José Mª Ortega. El presente libro aparecido en 1958 en Puerto Rico; hoy reaparece renombrado por su autora con el subtítulo La historia sacrificial, sintetizando con ello el contenido central de la obra: la cultura occidental entendida como historia sacrificial. "La crisis de Occidente" ya no ha lugar apenas: hay orfandad.

Índice del libro:

Parte I. Crisis en Occidente.

  1. Perplejidad ante la historia. La conciencia histórica el tiempo.

  2. El alba de Occidente.

  3. La historia como tragedia.

  4. La historia como juego.

Parte II. La tesis de la historia occidental: el hombre.

  1. El conflicto.

  2. La humanización de la historia.

  3. El absolutismo y la estructura sacrificial de la sociedad.

Parte III.

  1. La humanización de la sociedad.

  2. Individuo y sociedad.

  3. La persona humana.

  4. La democracia.

Esta obra fundamental del pensamiento de María Zambrano nos abre con lucidez a la conciencia histórica de ser en el tiempo. <No es el destino, sino simplemente la comunidad -la convivencia- lo que sentimos nos envuelve: sabemos que convivimos con todos los que aquí viven y aun con los que vivieron. El planeta entero es nuestra casa. Convivir quiere decir sentir y saber que nuestra vida, aun en su trayectoria personal está abierta a los demás, no importa que sean nuestros próximos o no… Que formamos parte de un sistema llamado género humano, por lo pronto. Es la condición esencial de la persona humana, que sentimos cerrada. Solemos tener la imagen inmediata de nuestra persona como una fortaleza en cuyo interior estamos encerrados, nos sentimos ser “un sí mismo” incomunicable, hermético, del que querríamos escapar o abrir a alguien: a un amigo, a la persona a quien se ama, o a la comunidad. La persona vive en soledad y, por lo mismo, a mayor intensidad de vida personal, mayor es el anhelo de abrirse y aun de vaciarse en algo; es lo que se llama amor, sea a una persona, sea a la patria, el arte, el pensamiento. Esencial es a la soledad personal el ansia de la comunicación y aun algo más a lo que no sabríamos dar nombre”. (…) El centro de la meditación de la obra es: <La persecución de una ética de la historia o de una historia en modo ético>.

En el alba de Occidente analiza los orígenes de la filosofía y la religión, los siete sabios de Grecia entre ellos a Tales de Mileto y Pitágoras, el Antiguo Testamento, Egipto, Cristo, Buda en la India, Lao-Tse en China, y esclarece su valor histórico, el sentido profundo, dice Zambrano, de la historia podría titularse: “Historia de una esperanza en busca de su argumento”. Y nos advierte con sabiduría: <El error más grave a que la condición humana está sujeta no es equivocarse acerca de las cosas que le rodean, sino equivocarse acerca de sí mismo: trastocar lo que espera o quiere, disfrazarlo o confundirlo>.

Prosigue Zambrano: <La historia ha sido representación trágica, pues sólo bajo máscara el crimen puede ser ejecutado. El hombre que no mata en su vida privada, es capaz de hacerlo por razón de Estado, por una guerra, por una revolución, sin sentirse ni creerse criminal… Una especie de “Ybris” posee a quienes intervienen en ella, sintiéndose elegidos, elevador por ello a un rango superior a lo humano, desde el cual no han de dar cuentas a nadie o en último término sólo a Dios, en una especial única intimidad, como han creído ciertos protagonistas del absolutismo europeo, olvidando la limitación de ser persona humana, olvidando lo humano de la persona, desdeñando la suprema grandeza que no estriba en función alguna, sino en ser enteramente persona y así se han jugado el ser persona a la carta del personaje que les ha tocado representar. Pues la diferencia está en que el personaje, por muy histórico que sea, lo representamos, mientras que la persona, lo somos>.

 

Por último, María Zambrano escribe la mejor definición ética-moral, para mí, de democracia: <Si se hubiera de definir la democracia podría hacerse diciendo que es LA SOCIEDAD EN LA CUAL NO SÓLO ES PERMITODO, SINO EXIGIDO, EL SER PERSONA>… <El orden democrático se logrará tan sólo con la participación de todos en cuanto persona, lo cual corresponde a la realidad humana. Y que la igualdad de todos los hombres, “dogma” fundamental de la fe democrática, es igualdad en tanto que personas humanas, no en cuanto a cualidades o caracteres, igualdad no es uniformidad>. Y, no olvida a su maestro, María Zambrano: <Siempre he entendido la afortunada fórmula de Ortega: “somos necesariamente libres” como equivalente a esta: “somos necesariamente persona”>.

Para Carlos García Gual: «Este estudio no se apoya en la erudición puntual, sino en una visión muy inteligente de los avances del pensamiento presocrático y una representación precisa de sus grandes figuras y la aportación esencial de cada uno de esos pensadores, en un estilo muy claro y personal».

Índice general de la obra:

Prólogo. 7. Hesíodo. 13. Tales de Mileto. 45. Anaximandro. 65. Anaxímenes. 110. Pitágoras. 133. Jenófanes. 171. Heráclito. 220. Parménides. 274. Apéndice (selección bibliográfica de autores). 325.

Esta obra es, para mí, una de las más importantes que he leído sobre los orígenes, no sólo de la filosofía griega, sino, lo que es decisivo, de la historia de la filosofía occidental. Por la sencilla razón de que fundamenta el inicio de la historia de la filosofía, stricto sensu, en el poeta-filósofo Hesíodo, y no en Tales de Mileto que, desde Hegel, se le considera el primer filósofo por su actitud racional, como matemático y astrónomo, ante el origen del cosmos.  En su Teogonía (sobre el origen de los dioses), escribe Gigon: "Narra Hesíodo como un buen día se encontraba en la cumbre del monte Helicón de Beocia, cerca de su lugar natal Ascra, apacentando su rebaño. Allí se le aparecieron las Musas, las hijas de Zeus y le dijeron: <¡Pastores del campo, vergonzosamente inútiles! Sabemos decir muchas mentiras que parecen talmente la realidad, pero también sabemos, cuando queremos, decir la verdad".  Para Gigon: <Hay dos cosas que saben decir las musas: lo falso, con apariencia de verdad, y lo verdadero. Hesíodo recibe el encargo de decir la verdad y no de inventarse falsedades que parecen verdades y no lo son... Hesíodo se aparta de Homero. El mundo de la verosimilitudes engañosas es el de Homero. Frente al mito homérico se coloca la verdad. Y por eso surge la Filosofía". (...) "Éste es, pues, el primer elemento filosófico con que nos topamos en Hesíodo: la pretensión de enseñar la verdad". Hesíodo en su obra, Los trabajos y los días, prosigue Gigon: "Apunta como tema el decir <verdades> a su hermano Perses, difícilmente podemos verle libre de toda relación con el encargo de la Teogonía y con su fe en Zeus, dios de la justicia y la verdad con quien se siente solidario".

Prosigue su argumentación Gigon, con la pregunta de Hesíodo a las Musas: <¿Qué fue lo primero que existió? A lo que contestan las Musas: "Al principio fue el Caos, luego la Tierra con su ancho pecho... y Eros... y luego todo lo demás". "La cuestión de los orígenes es, pues, el segundo elemento filosófico de la Teogonía"Y Olof Gigon, concluye: "La Teogonía habla de los dioses.​ Pero sólo los menos son figuras al estilo de las que son invocadas en el culto comunitario y en la oración personal. Hesíodo no trata de informar sobre los dioses de su fe, sino de exponer una visión total del mundo, en forma de una extensa genealogía de los dioses. El propósito de Hesíodo en la Teogonía no es sólo hablar de la verdad y de los orígenes, sino también del Todo. Y éste es el tercer pensamiento filosófico que se nos ofrece". 

El espléndido análisis filosófico de todos los presocráticos le convierte a Olof Gigon en uno de los mejores historiadores del nacimiento de la filosofía. Pronto vendría una de las grandes fuentes doxográficas de los presocráticos, más allá del gigantesco esfuerzo hermenéutico de los fragmentos de Diels, publicada en la misma colección de la Biblioteca Hispánica de Filosofía de la Editorial Gredos, que fue dirigida por Ángel González Álvarez, la gran obra: <LOS FILÓSOFOS PRESOCRÁTICOS>. Historia crítica con selección de textos, de G. S. Kirk y J. E. Raven. 1974.

EL NACIMIENTO DE LA FILOSOFÍA. GIORGIO COLLI. Traducción de Carlos Manzano. Tusquets Editores. Barcelona. 2009.

Giorgio Colli: Filósofo italiano, nació en 1917 y murió en 1979. Enseñó filosofía antigua en la Universidad de Pisa y dirigió, junto a Mazzino Montinari, la edición definitiva de las Obras Completas de Nietzsche, que se publicaron de manera simultánea en Italia, Francia y Alemania. Pensador original y heterodoxo, interesado por los filósofos presocráticos y por el desarrollo de la dialéctica, fue autor, entre otros estudios, de "Filosofía de la expresión" (1969) y "Después de Nietzsche" (1974).

Índice de la obra

La locura es fuente de la sabiduría. 11. La señora del laberinto. 23. El dios de la adivinación. 39. El desafío del enigma. 51. El <pathos> de lo oculto. 63. Misticismo y dialéctica. 75. La razón destructiva. 87. Agonismo y retórica. 99. FILOSOFÍA COMO LITERATURA. 111.

Giorgio Colli al titular esta gran obra, El nacimiento de la filosofía, aunque sólo fuera por eso, como editor junto a M. Montinari de las Obras completas de Nietzsche, adivinaríamos que brota con fuerza del manantial de la sabiduría de vida. El nacimiento de la filosofía nace de la literatura, de la poesía y, sin olvidar a Nietzsche, de la tragedia. Para Colli: "En realidad, la época de los orígenes de la filosofía griega está más próxima a nosotros. Platón llama <filosofía>, amor a la sabiduría, a su investigación, a su actividad educativa, ligada a una expresión escrita, a la forma literaria del diálogo. (...) Cuando Platón habla en el Fedro de la <manía> (locura) escribe: "Los bienes más grandes llegan a nosotros a través de la locura, concedida por un don divino... en efecto, la profetisa de Delfos y las sacerdotisas de Dodona, en cuanto poseídas por la locura, han proporcionado a Grecia muchas y bellas cosas, tanto a los individuos como a la comunidad". Para el profesor Colli, "Nietzsche considera que la locura corresponde a Dionisos, y además la limita a la embriaguez... La locura es la matriz de la sabiduría". ¿Les suena la locura de don Quijote?

Colli explica cómo Teseo consigue salir del Laberinto del Minotauro ( obra de Dédalo) gracias al hilo de Ariadna, símbolo del <logos>. Es el encuentro del hombre con el misterio, Colli alude a Homero, Hesíodo y Platón (Eutidemo) y dice que: "Apolo atrae al hombre a la red lisonjera del enigma, así también Dionisos lo seduce -en un juego embriagador- hasta los meandros del Laberinto, emblema del <logos>. En ambos casos el juego se transforma en un desafío trágico, en un peligro mortal del que sólo pueden salvarse, pero sin jactancia, el sabio y el héroe". El ámbito de lo real que desborda al hombre del logos es, para Colli, lo que dice Píndaro de los misterios de Eleusis: "Bendito aquel que, después de haber visto eso, entra bajo tierra: conoce el fin de la vida y conoce el principio dado por Zeus". Quien revela "eso" -el objeto inefable que en los misterios encuentra el hombre dentro de sí- es Dionisos, y Orfeo su cantor>. Por eso, Colli apela a Nietzsche respecto de Apolo que mediante la palabra fractura el mundo de los hombres y el de los dioses. Luego Platón distingue entre el <adivino>, como hombre exaltado y delirante, y el <profeta> que juzga, razona y resuelve los enigmas. 

Colli vuelve a Platón en el Carmides:"el enigma aparece cuando <el objeto del pensamiento no va expresado por el sonido de las palabras>. Por tanto: "presupone una condición mística, en que cierta experiencia resulta inexpresable: en tal caso el enigma es la manifestación en la palabra de lo divino, lo oculto, una interioridad inefable. La palabra es algo diferente de lo que se entiende, es necesariamente oscura>. Así vemos el enigma de la vida en los albores del pensamiento griego que exige una interpretación de la que nadie se libra, si quiere, dar un sentido último a su existencia. Colli hace referencia a un relato antiquísimo sobre sabiduría y enigma, del que se hace eco el mismo Aristóteles que afirma: <Homero, al no se capaz de resolver el enigma, murió de aflicción>. Y me viene a la mente don Quijote en su lecho de muerte, con la melancolía a cuestas, que abandona el personaje de ficción y encuentra a su persona: Alonso Quijano el Bueno. El profesor Colli trae un bello fragmento de Heráclito: "A la naturaleza primordial le gusta ocultarse", y "la armonía oculta es más fuerte que la manifiesta". Más adelante, Colli sentencia: "El alma, lo oculto, la unidad, la sabiduría, son lo que no vemos ni cogemos, pero llevamos dentro de nosotros. Sólo la interioridad oculta es permanente, más aún: al manifestarse <se acrecienta a sí misma>".

Por último, Colli plantea una grave cuestión al hablar del "carácter oral de la discusión (filosófica), es esencial en ella: una discusión escrita, traducida a obra literaria, es un pálido subrogado del fenómeno originario"... Una cuestión candente a propósito de los comentarios en las redes sociales que imposibilita, tantas veces, un auténtico diálogo por la grosería y la mentira que campan por sus respetos. La conclusión es que Platón:"está dominado por el demonio literario, vinculado a la tradición retórica, y por una disposición artística que se superpone al ideal del sabio. Crítica la escritura, critica el arte, pero su instinto fue el de literato, el de dramaturgo. La tradición dialéctica le ofrece simplemente el material a plasmar. Y tampoco hay que olvidar sus ambiciones políticas, algo que los sabios no habían conocido. De la mezcla de esos dones y de esos instintos surge la criatura nueva, la filosofía.  El instinto dramático de Platón le hace atravesar, como personajes con los que de vez en cuando se identifica, muchas intuiciones totales, exclusivas, a veces incluso antitéticas entre sí, de la vida, del mundo, del comportamiento del hombre".

En definitiva, en su concepción de la filosofía: "Platón se encuentra ante un competidor y adversario de notable talla, Isócrates. Ambos dan el mismo nombre a lo que ofrecen, es decir, precisamente <filosofía>, y ambos afirman tender a un fin idéntico, la <paideia>, o sea, la educación, la formación intelectual y moral de los jóvenes atenienses. Ambos desean liberar la <paideia> de los fines particulares y a veces toscos que habían mezclado a ella los sofistas anteriores: desean ofrecer el conocimiento y enseñar la excelencia". Todo un desafío para el futuro.

LA ESPERA Y LA ESPERANZA: Historia y teoría del esperar humano. PEDRO LAIN ENTRALGO. Edición de Alianza Editorial con un prólogo del autor en febrero de 1984. Madrid. 1984.

Dado que el índice de la obra que recomendamos se puede leer en la página web del Instituto Cervantes, resaltamos, de la edición de Alianza Editorial (que me recomendó el Catedrático de Estética de la Complutense, Alfonso López Quintás, con el que colaboré en los primeros años de mi docencia), algunas ideas fundamentales. En el prólogo de la obra de 1984, Pedro Laín Entralgo alude a dos importantes novedades desde 1956, en que publicó la primera edición de su obra, el libro El Principio Esperanza de Ernest Bloch y la aparición de la Teología de la Esperanza de Jürgen Moltmann, el problema de la esperanza, escribe Laín Entralgo: <sigue siendo uno de los más esenciales motivos que integran la incierta instalación del hombre actual en la vida>.

 

Y prosigue más adelante Laín: <Comentando la dedicatoria con que Paul Morand le envió su biografía de Maupassant -"Ahí va la vida de un hombre que no esperaba", pregunta Ortega y Gasset: "¿Es posible, literal y humanamente posible, un humano vivir que no sea un esperar? ¿No es la función primaria y más esencia de la vida la expectativa, y su más visceral órgano la esperanza?"  Para Laín este libro es antes una <construcción personal que no simple comprensión histórica>, idea que vertebra toda la obra, y cuya lectura exigen del lector, precisamente eso, una actitud personal, única e irrepetible de los que significa para cada persona la esperanza. Aunque el autor explica que ya trató en su Antropología de la esperanza (Editorial Labor, Barcelona, 1978), en esta obra pretende responder a la pregunta kantiana: ¿qué puedo esperar? y cada cual debe buscar su respuesta...

Concluye: <Algo, sin embargo, debe unirnos a todos, sea cualquiera el modo con que vamos esperando -o temiendo- lo que en la vida busquemos y la vida nos traiga. Algo que para los hombres de voluntad no corrompida podría ser atrevimiento a esta modificación del imperativo categórico kantiano: "VIVE Y ACTÚA COMO SI DE TU ESFUERZO DEPENDIESE QUE SE REALICE LO QUE ESPERAS O DESEARÍAS ESPERAR". Durante lo que me quede de vida, concluye Laín Entralgo, así querría vivir yo>. 

La primera obra, <Análisis estético de obras literarias>, está publicada en la Biblioteca del Estudiante. Dirigida por Dolores Gómez Molleda. Catedrática de la Universidad de Salamanca. Directora de la Casa-Museo de Unamuno. Única rectora de Universidad Pública en ocho siglos.

Índice de la obra: <Análisis estético de obras literarias>.

Introducción. PRIMERA PARTE.- Fundamentación estética del método lúdico-ambital: La obra literaria como campo de juego. -Método lúdico-ambital de análisis de obras literarias.  

SEGUNDA PARTE. Aplicación del método a obras dramáticas y narrativas: "El burlador de Sevilla" de Tirso. "La malquerida" de Benavente. "Yerma" de Lorca. "El principito" de Saint-Exupéry.  "Esperando a Godot" de Beckett, "La salvaje" y "Eurídice" de J. Anouilh.  Epílogo.

Destacamos estas palabras del profesor López Quintás que sintetizan bien su enfoque pedagógico: "En los últimos años se ha señalado aquí y allá la necesidad de enseñar la ética sobre la base de la riqueza experiencial que albergan las grandes obras literarias. El presente libro quiere mostrar el modo concreto que ello es viable porque toda obra literaria valiosa constituye, desde una determinada vertiente, una clave de interpretación de la vida humana y descubre las diversas formas de lógica que rigen soterradamente los procesos básicos de la existencia. Vistas con el método que aquí expongo, las obras literarias plantean multitud de temas éticos relevantes en forma tan vivaz y comprometida que el intérprete se siente apelado a dar una respuesta seriamente meditada. El análisis literario se convierte, así, en una auténtica escuela de formación". 

Visto con rigor, el hombre no es un objeto; constituye una trama de ámbitos encabalgados. campos de posibilidades de juego que se entreveran para potenciarse o anularse. <¡Tú mismo! -exclama un personaje del drama de Gabriel Marcel Quatuor en fa dièze-. ¡El mismo! ¿Dónde empieza la personalidad? Eras tú mismo. ¿No crees que cada uno de nosotros se prolonga en cada cosa que suscita? Prosigue sobre carácter dialógico-creador de la lectura: <La lectura de obras literarias y la contemplación de obras artísticas de todo orden ostentan, cuando son rigurosas, un carácter creador. El buen lector, el intérprete cabal re-crea la obra, la pone en acto al asumir de modo receptivo-activo los campos de posibilidades lúdicas que ella le ofrece a través de los signos expresivos del libro, en el cuadro, en la partitura, la obra se halla en estado de menesterosidad; necesita el polo del intérprete para existir en acto. De ahí la importancia cultural de esos acontecimientos creadores que son el concierto, la exposición, la lectura...


<Análisis literario y formación humanística>, esta obra, junto a la anteriormente esbozada, y la primera del profesor López Quintás, <Estética de la creatividad> (Cátedra, 1977), constituyen una espléndida trilogía que marca la primera época de su trayectoria intelectual. <Mis análisis quieren ayudar a los profesores a descubrir la riqueza de las obras literarias y su fecundidad para la tarea pedagógica de formar a los niños y jóvenes en la creatividad y en el cultivo de los grandes valores. A la vez el método que presento, cada gran obra literaria se convierte en una espléndida lección de ética>. (Para la enseñanza primaria analiza la obra, Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach). En la introducción, hace un análisis lúdico de obras literarias, describe las experiencias de vértigo y éxtasis y el modo peculiar de realismo de la obra literaria, escribe: <El análisis literario, si ha de hacer justicia a las obras en lo que tienen de reveladoras del alma humana y de la vida de los grupos sociales, debe partir de un conocimiento bien aquilatado de todos los fenómenos que implica la actividad creadora del hombre. Filosofía y Literatura están llamadas de por sí a operar conjuntadas y potenciar sus respectivos campos de acción>.

Índice. Introducción. SIDDHARTA. UN POEMA INDIO, de Hermann Hesse (1877-196 o García Lorca (1899-1936). NIEBLA y SAN MANUEL BUENO MARTIR, de Miguel de Unamuno (1864-1936). EN LA ARDIENTE OSCURIDAD y EL CONCIERTO DE SAN OVIDIO, de Antonio Buero Vallejo (1916-2000). EL TÚNEL, de Ernesto Sábato (1911-2011). JUAN SALVADOR GAVIOTA, de Richard Bach (enseñanza primaria).

El epílogo de la obra es muy importante desde el punto de vista pedagógico pues sugiere seis pautas didácticas, base del "Método para formar a través de la literatura>, que resumimos:

1) La primera tarea del maestro debe consistir en fomentar en el alumno la capacidad para distinguir claramente los diversos modos o niveles de realidad, calibrar su importancia y percibir su mutua relación... mostrar la relevancia de los modos de realidad "superobjetivos" es la meta del arte y la literatura. 

2) Al descubrir la existencia de lo ambital y su importancia en la vida del hombre, es fácil adivinar en qué consiste la quintaesencia de la actividad literaria en los diversos géneros: drama, novela, poesía... Hacerlo ver a los alumnos es la segunda gran tarea del profesor.

3)Bien precisado el carácter específico de la actividad literaria, resalta la condición eminentemente real del contenido de las obras literarias de calidad. La tercera tarea del profesor va a encaminada a conseguir que el alumno descubra por sí mismo que el tema profundo de cada obra da expresión luminosa a acontecimientos relevantes de la vida humana. Para ello es necesario que, antes de leer una obra o comentarla en clase, el profesor haga reflexionar a los alumnos sobre tales acontecimientos y sobre las imágenes que los encarnan en las obras.

4) Experiencias básicas de las obras y lógica de los procesos que las articulan. Una lectura atenta nos permite descubrir las experiencias que deciden la marcha de cada obra, su dinamismo dramático... Para descubrir y rehacer personalmente las experiencias fundamentales de una obra, el profesor debe conocer con la mayor finura posible los acontecimientos básicos de la vida humana: amor, odio, fidelidad, traición, agradecimiento, llanto, risa, alegría, tristeza, desolación, arrepentimiento, entusiasmo, encuentro, aburrimiento...>.

5) Estas experiencias básicas hallan expresión cumplida, ambigua pero intensa, en las imágenes literarias. Es decisivo para la interpretación literaria que el alumno afine su sensibilidad para percibir a un tiempo la doble vertiente de las imágenes -la sensible y la suprasensible, la objetiva y la ambital- y a prender a descubrir en ciertos "personajes" vertientes de una misma realidad.

6) El poder expresivo del lenguaje. Visto con rigor, el lenguaje es el vehículo viviente de los ámbitos de la realidad que el hombre va creando en su vida. Por eso da cuerpo expresivo a los símbolos y a las imágenes. El lenguaje no es un fenómeno huidizo, como sucede en el plano objetivo, en el cual se reduce a una vibración pasajera del aire; tiene un poder colosal de crear ámbitos o destruirlos... Es una labor paciente -para el profesor- que exige tiempo y dedicación, pero este esfuerzo se va colmado al fin por una sorprendente fecundidad porque cada lectura de una obra literaria de calidad se convierte así en una espléndida lección de ética y antropología, cuando no incluso de filosofía de la religión, como es el caso de San Manuel Bueno, Mártir>. 

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