CERVANTES Y LOS VALORES DEL DIÁLOGO.

 

                  El Quijote” de Miguel de Cervantes es un homenaje al diálogo. El método de conocimiento más excelente que tiene la humanidad para alcanzar la verdad es el diálogo. Cuando Cervantes se encuentra consigo mismo en el prólogo de su novela, la presenta en forma de diálogo dirigido al lector para desvelar sus intenciones. En su obra todos sus pensamientos y sentimientos giran en torno a la libertad. Cervantes rinde un homenaje a los Diálogos de Platón -que entendía la filosofía como el diálogo del alma consigo misma- haciendo discurrir el texto universal de la vida en su historia de Don Quijote de la Mancha y Sancho Panza, a través de un diálogo permanente con todas las cosas que existen, bien en el espacio y el tiempo, bien en la imaginación de las personas, veremos que sólo tenemos que “dejarnos vencer por la verdad” de la realidad. Lo que comenzó siendo una crítica a las novelas de caballerías como visión imaginaria de la realidad, acabó siendo una crítica de la verdadera realidad de la vida personal y colectiva de su tiempo. Sólo el diálogo entre la imaginación, la razón y el corazón sacian el hambre de verdad de la persona humana. El gran mérito de Cervantes, habida cuenta de la admiración universal de su novela, es haber escrito “un libro de mucho entretenimiento lícito, mezclado con mucha filosofía moral”.

 

               Para Cervantes “la pluma es la lengua del alma”. Escribir la vida humana en una novela es una aventura de la que sólo son capaces egregios hombres en la historia de la humanidad, entre ellos, “el Manco de Lepanto” que, sin acotaciones –citas bibliográficas-, plasmó genialmente con toda la belleza de la lengua castellana, en sus palabras sencillas y profundas, el sentido de la vida que descubren don Quijote y Sancho en sus conversaciones como amigos de verdad y “amigos de ley”. La madurez de esta obra inmemorial es fruto del diálogo múltiple de Cervantes con el pasado, el presente y el futuro. La calidad de su humilde persona le hace vislumbrar que la amistad es otra condición, junto a la verdad, del diálogo auténtico; en el mismo prólogo, cuando le asaltaban dudas y se le agolpaban sentimientos en su interior, inesperadamente llegó la inspiración a su pluma de la mano de un amigo –no sabemos si real o imaginario- y encontró las palabras adecuadas para que todos los amigos-lectores comprendieran su obra. Aristóteles consideraba la amistad como una de las virtudes más excelsas de la humanidad, Cervantes puso la amistad como centro de la vida de don Quijote y Sancho y, con ellos, a las personas de buena voluntad.

 

             Otro de los grandes valores del diálogo en “El Quijote, además de la verdad y de la amistad, es la convivencia. La convivencia es el traje de la paz y, para que un traje nos quede bien a medida nos lo tenemos que probar varias veces hasta que se ajuste perfectamente. Así es la vida, las aventuras que tejen la historia de don Quijote y Sancho ponen a prueba su convivencia, les ocurre como a “todo hijo de vecino”, tienen alegrías y penas, errores y aciertos, mentiras y verdades, miedos y esperanzas, egoísmo y generosidad. Don Quijote y Sancho Panza, representan las fuerzas que luchan en la persona, el alma y el cuerpo, el bien y el mal, lo ideal y lo material, la razón y el corazón, el valor y el precio, la inteligencia y el instinto, el individualismo y la solidaridad. La aventura de la existencia no se puede vivir sin contar con los demás, la libertad humana tiene sus límites en teoría, sin embargo, en la práctica los convertimos en fronteras que, al traspasarlas, pagamos sus consecuencias, unas veces con la honra y, otras con la vida. Es la encrucijada de los personajes en la novela, como en la vida misma, ésa es su tragedia y, a la vez, su esperanza, “cada uno es hijo de sus obras”, escribe Cervantes, expresión que podríamos relacionar con la de José Ortega y Gasset: “el hombre no tiene naturaleza, tiene historia”.

 

             Cervantes convierte a don Quijote y a Sancho en pedagogos de la vida humana, ambos conviven “metafóricamente” bajo la piel de cada persona, se han hecho universales sólo con su imagen, el ingenioso hidalgo don Quijote, alto y delgado como su lanza mira al cielo con su alma y, Sancho el escudero fiel, bajo y regordete como el escudo mira a la tierra con su panza, el primero no deja de imaginar nuevas hazañas y el segundo no para de comer; ellos a lo largo de la novela, como nosotros a lo largo de la vida, descubren la verdad de su papel, con sacrificios y transformaciones personales, en el teatro del mundo.

 

 Textos seleccionados de mi trabajo: <Persona y ética en el Quijote>.

 

Y como dice la persona que ha hecho posible esta página web del quijoteduca.org, mi hijo Borja, que ha disfrutado muchísimo leyendo la novela más universal de Cervantes: <LA VIDA MISMA ESTÁ EN EL QUIJOTE>.

 

 

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