ACASTOS. ¿Para qué sirve el teatro? Coloquio dramático de Iris Murdoch. Centro Dramático Nacional. Teatro María Guerrero. 4-15 de Abril de 2018.

Tengo que reconocer que, desde el primer momento, al ver anunciada esta obra de teatro me sentí más atraído por la pregunta, ¿para qué sirve el teatro?, que por el título, Acastos, tan desconocido para mí como la autora del coloquio dramático Iris Murdoch. Confieso mi ignorancia, pero me consuela saber que la ignorancia, el "sólo sé que no sé nada" de Sócrates, es el principio de la sabiduría. A continuación, advertí que, la obra del Centro Dramático Nacional (ver enlace: ACASTOS), me enganchó como a un joven adolescente al leer la presentación de la misma: <¿El arte es una imitación idealizada de la Naturaleza, capaz de suscitar emociones, o está conectado con la verdad? ¿Debe educar o, por el contrario, es pura invención y en eso radica su belleza? En Acastos ¿Para qué sirve el teatro?” de Iris Murdoch y dirigida por Ernesto Caballero, cinco amigos regresan del teatro e inician una conversación sobre su naturaleza artística. Enseguida, se incorpora Sócrates y la deliberación se orienta hacia la naturaleza del arte en general>. (Facebook, CDN, 2/4/2018). Veamos esa cuestión de fondo que plantea la obra: El arte como imitación de la Naturaleza y relación con la verdad, y la del teatro, ¿debe educar o es pura invención? y su relación con la belleza. Cuestiones literarias, estéticas y éticas nada ajenas al teatro de Cervantes, Calderón, Lorca o Buero Vallejo, por ejemplo.  

 

  El cuatro de abril asistí, con cierto hormiguillo en el estómago, a la representación de los jóvenes actores, y en las primeras escenas, ya me sentí embelesado por el diálogo dramático de Iris Murdoch y la magnífica interpretación de todos los personajes que, guiados sabiamente por Sócrates (encarnado genialmente por Carmen Gutiérrez) se movían por el escenario con la naturalidad, pasión y espontaneidad propias de la juventud. Un escenario sencillo: un patio de una casa griega con una fuente de agua en el medio donde se desarrolla toda la acción dramática. El sonido del agua crea, al ritmo de la actuación de los personajes, una agradable música de fondo para el espectador.

 

 Pronto percibimos los diferentes puntos de vista que cada personaje iba a representar, y rectificar, en algún caso, como los sabios, al tener en cuenta la opinión de otro, y juntos acercarse a la verdad. Unos personajes siguen sus impulsos instintivos, otros se guían por sentimientos y afectos, y alguno por la razón o las ideas perfectas. Aparecen los tres estadios de la antropología platónica: alma concupiscible, irascible y racional. El hombre justo y feliz es el que logra la armonía de las tres virtudes correspondientes: templanza, fortaleza y prudencia o sabiduría. Pero como los hombres no somos como los dioses la verdad anhelada choca con el misterio de la vida; como decía Lorca: "Sólo el misterio nos hace vivir, sólo el misterio>. En medio del apasionado debate Sócrates trata de poner orden racional y coherencia a los distintos argumentos que no "ven" la respuesta definitiva que de sentido último al arte y a la realidad.

 

  Interviene Platón que apenas habla al principio porque está escuchando: "La mayoría de la gente solo cree en sí misma, no piensa realmente que existen otras personas, no exploran el mundo real, es demasiado difícil y doloroso, así que su lenguaje es débil y limitado, un mero entramado de ilusiones". En efecto, Platón relata en el Mito de la Caverna del Libro VII de La República, bellamente representado en la obra, su Teoría de las Ideas. Después de un dramático diálogo con los otros personajes, resulta que el enfado de Platón con los poetas, a los que quiere expulsar de su República por mentir en sus farsas teatrales, le viene porque está enamorado. Entra en escena la fuerza del Eros, protagonista del diálogo de Platón, El Banquete o del Amor (Simposio), que está entre lo divino y lo humano. Amores platónicos y no platónicos se escenifican con gestos discretos, sea la pasión por la mujer o por los efebos. La obra representa la búsqueda de la verdad del filósofo como amante de la sabiduría, y como todos somos pequeños filósofos que diría Azorín, vivimos con la insatisfacción de todo ser humano al no poder responder, definitivamente, las preguntas existenciales. Todo ello queda patente con el fondo místico del texto que interpela a la conciencia de cada persona, y no deja indiferente al público. 

 

 

El nueve de abril asistí al Teatro María Guerrero para participar en el encuentro, "Los lunes con voz", en la que los responsables (incluidos los actores) de la puesta en escena explican al público la "tramoya intelectual de la obra". (Ver el enlace: Coloquio CDN en facebook)

 

En primer lugar, intervino Pilar Adon, escritora, traductora y editora de la Editorial Impedimenta de la obra de Iris Murdoch (1919-1999), que resumió la biografía literaria de la escritora irlandesa, la influencia del filósofo Ludwig Wittgenstein (del que veo algún reflejo de su Conferencia de Ética en Acastos, cuando escribe: "Voy a describir la experiencia de asombro ante la existencia del mundo diciendo: es la experiencia de ver el mundo como un milagro".). Y también de la influencia del existencialismo de J. P. Sartre, premio Nobel de Literatura, así como del escritor Raymond Queneau. De la biografía personal de Iris contó, Pilar Adon, entre otras cosas, el romance con el escritor Elías Canetti, y algo de su matrimonio con el escritor John Bayley. Aludió al personaje literario del "enchanter" que inventó Murdoch, una especie de encantador y hábil manipulador de afectos. La pasión por la filosofía brilla en Acastos, y por el teatro, con alguna influencia de Shakespeare, en otra novela cuyo protagonista es un director de teatro. Escritora prolífica no quería mezclar nada de su biografía personal en sus obras. Iris Murdoch era muy rigurosa con sus escritos, algo que le hacia ser contundente con sus editores si pretendían cambiarle algo de sus originales. Para saber más de su obra pincha aquí: Iris Murdoch Editorial Impedimenta

 

En segundo lugar, habló el filósofo y escritor Javier Gomá, asesor del montaje escénico que, entre otras muchas cosas, se refirió a la influencia de Wittgenstein y Sarte en Murdoch, y su contexto histórico-filosófico e hizo referencia a K. Popper y su obra "La sociedad abierta y sus enemigos", en la que, en aquella época de totalitarismos, criticó a Platón. Elogió el carácter filosófico de la obra de Murdoch y el valor educativo del arte, en contraposición a los temarios oficiales actuales de textos de filósofos en los que los alumnos "aprenden filosofía", pero no a "aprenden a filosofar", a pensar, que es de lo que se trata. Y respecto de la obra hizo una distinción importante entre la verdad de las ciencias empíricas que tratan de predecir las leyes de la  naturaleza y la verdad de las humanidades, la verdad de lo humano no cuantificable e irreductible al lenguaje científico. Habló del "entusiasmo" como estado de gracia de los poetas griegos respecto a la sabiduría, y de la fuerza del amor que impulsa un ideal de ejemplaridad a partir de la realidad del personaje que evoluciona en el diálogo con los demás, es la imitación que facilita el lenguaje artístico. Hizo hincapié en la teoría del segundo mejor, "the Second Best" en Acastos, la importancia de la imperfección de las acciones humanas como acicate para esforzarnos en ser mejores personas, como ha desarrollado en su obra, Tetralogía de la ejemplaridad, valor de referencia como hilo conductor del diálogo de Murdoch en la búsqueda de la verdad, unas veces escrita como hizo Platón en sus Diálogos, y otras en lo esotérico, lo no escrito, esto es, la enseñanza oral de Sócrates que es fundamental, pues la palabra queda en nuestra alma.

 

Por último, además de la presentación del acto, el Director del CDN y de la obra, Ernesto Caballero habló de la apuesta por el teatro filosófico que muestra su riqueza en las obras de esta temporada, algo por lo que le felicité especialmente, ya que la historia de la filosofía va pareja con la literatura dramática occidental y es fundamental para la educación y la cultura del pensamiento crítico de la ciudadanía. También insistió en la importancia de confiar en la juventud de una generación de actores que muestran una gran sensibilidad por el teatro, sea clásico o contemporáneo, como otra apuesta de futuro de la que tenemos que congratularnos los espectadores, porque Ernesto Caballero en su respuesta para qué sirve el teatro: "explicó que en su trabajo con los actores "había evitado los grandes enunciados, la tentación de hablar para la posteridad. Todo tiene que surgir de una necesidad concreta, sencilla, de los personajes. Cuando hablan del amor, hablan de su experiencia del amor, no del amor en abstracto". (Leer la interesante entrevista de la Revista Teatros a Ernesto Caballero sobre Acastos).

 

Y esa apuesta ética y estética concreta va dirigida al teatro interior de la persona, no sólo del actor sino del espectador, en el que se suscita la emoción última de mensaje de cada obra, única e irrepetible como la identidad personal en el teatro de nuestra vida.

 

Al final en el turno del público, me sentí interpelado por el espléndido coloquio, y felicité a los actores en persona por su magnífica interpretación y a todos los que han hecho posible el montaje de la obra. Después hice referencia a las experiencias didácticas de Historia de la Filosofía (y de Ética), en las que representé en dos institutos, en Leganés III, y el Joaquín Turina, el Mito de la Caverna y Antígona de Sófocles (contaré otras representaciones teatrales de la ´web en construcción), y la importancia de confiar en la creatividad de los alumnos y alumnas sobre las tablas, en su esfuerzo personal y en el trabajo en equipo, todo ello gracias al valor educativo del arte. Y como no iba yo al responder a la pregunta ¿para qué sirve el teatro?,(entrada del blog del 27 de diciembre de 2017), ya me aventuré a contarlo en mi libro: "El teatro educa".  

 

Por todas estas razones, paciente lector o lectora les recomiendo que: ¡no se pierdan Acastos y sabrán cuál es nuestro papel en el teatro de la vida!


 

 

 

 

 

 

 

 

 

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