<Novelas ejemplares> de Miguel de Cervantes (3). <El licenciado Vidriera>.

El licenciado Vidriera desde el mismo título conlleva, a la luz de nuestra imaginación, cierta ironía, pues en España empezaban a proliferar licenciados cuya formación académica dejaba mucho que desear. El término Vidriera simboliza fragilidad, como el cristal y la vida misma. Esta obra es la quinta de las #NovelasEjemplares de la lectura colectiva en Twitter a propuesta de Julia D'Onofrio, cervantista y profesora de la Universidad de Buenos Aires. #Cervantes2019  #ElLicenciadoVidriera.

 

Para Avalle-Arce: <El licenciado Vidriera es la novela de un intelectual como lo anuncia su título, pero de un intelectual que ha enloquecido como resultado de la ingestión de un filtro amoroso que lo lleva a las puertas de la muerte. En resumidas cuentas, es la novela de un loco intelectual. Y desde ese punto de mira guarda estrecha analogía con la historia de otro loco intelectual a la que se había abocado Cervantes, la historia de don Quijote de la Mancha".

 

Comienza con un diálogo ejemplar entre dos jóvenes estudiantes y un muchacho de once años que busca a quien servir para estudiar en Salamanca, que sabe leer y escribir, que no es poco en aquel tiempo, algo que honra a sus padres. Es muy oportuna la referencia de Avalle-Arce a la infancia de Teresa de Jesús que leía novelas de caballerías con su hermano Rodrigo. También sus padres le enseñaron a leer y escribir. Muchos padres lectores tomarían nota para darles una buena educación, Erasmo lo consideraba un "deber" ineludible de los padres. Una norma educativa que debería seguir vigente.

Lee la novela en este enlace:  <El licenciado Vidriera>. Biblioteca Virtual Cervantes.

 

El muchacho, Tomás Rodaja: <Finalmente, en ocho años que estuvo con ellos, se hizo tan famoso en la universidad, por su buen ingenio y notable habilidad, que de todo género de gentes era estimado y querido. Su principal estudio fue de leyes; pero en lo que más se mostraba era en letras humanas; y tenía tan felice memoria que era cosa de espanto, e ilustrábala tanto con su buen entendimiento, que no era menos famoso por él que por ella. Sucedió que se llegó el tiempo que sus amos acabaron sus estudios y se fueron a su lugar, que era una de las mejores ciudades de la Andalucía (Málaga). Lleváronse consigo a Tomás, y estuvo con ellos algunos días; pero, como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca (que enhechiza la voluntad de volver a ella a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado), pidió a sus amos licencia para volverse. Ellos, corteses y liberales, se la dieron, acomodándole de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años>. 

 

Cervantes distingue entre el estudio de leyes, y letras humanas, los estudiantes tenían tres cursos de letras clásicas (bachiller) en la Universidad, y da importancia a la memoria al ponerla al nivel del buen entendimiento que, junto a la voluntad, forman las tres facultades de la persona, según san Agustín. Cervantes hace de la imaginación otra facultad esencial de la identidad personal. En aquella época se fomentaba en Europa los <studia humanitatis>, sobre todo en Italia y España.

 

A Tomás Rodaja le cambia la vida el encuentro con el capitán Diego de Valdivia que alaba la vida libre de soldado y le propone, sin entrar en la milicia, viajar a Italia y Flandes. Tomás Rodaja le dice que va contra su conciencia (criterio moral recurrente de Cervantes) aunque viajan como camaradas. En Cartagena embarcan para Génova donde bifurcan sus caminos, Tomás se va a Roma (reina de las ciudades y señora del mundo) y Nápoles por Florencia y el capitán por el camino del Piamonte a Flandes. Tomás Rodaja dejó los hábitos de estudiante y se puso "a lo de Dios es Cristo", a la aventura. Viajó por tierra y mar a Sicilia, Nápoles, Palermo, Messina, Santuario de Nuestra Señora de Loreto y Venecia, todo un viaje "histórico-cultural" por la Italia del Renacimiento y el Humanismo.

 

<Volvióse a Nápoles y a Roma, y de allí fue a Nuestra Señora de Loreto, en cuyo santo templo no vio paredes ni murallas, porque todas estaban cubiertas de muletas, de mortajas, de cadenas, de grillos, de esposas, de cabelleras, de medios bultos de cera y de pinturas y retablos, que daban manifiesto indicio de las innumerables mercedes que muchos habían recebido de la mano de Dios, por intercesión de su divina Madre, que aquella sacrosanta imagen suya quiso engrandecer y autorizar con muchedumbre de milagros, en recompensa de la devoción que le tienen aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa>. <Desde allí, embarcándose en Ancona (Avalle-Arce explica que, según la tradición, cerca de esta ciudad en Loreto se hallaba la casa de la Virgen María cuando la Anunciación), fue a Venecia, ciudad que, a no haber nacido Colón en el mundo, no tuviera en él semejante: merced al cielo y al gran Hernando Cortés, que conquistó la gran Méjico, para que la gran Venecia tuviese en alguna manera quien se le opusiese. Estas dos famosas ciudades se parecen en las calles, que son todas de agua: la de Europa, admiración del mundo antiguo; la de América, espanto del mundo nuevo>.

<Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia, pues casi le hacían olvidar de su primer intento. Pero, habiendo estado un mes en ella, por Ferrara, Parma y Plasencia volvió a Milán, oficina de Vulcano, ojeriza del reino de Francia; ciudad, en fin, de quien se dice que puede decir y hacer, haciéndola magnífica la grandeza suya y de su templo y su maravillosa abundancia de todas las cosas a la vida humana necesarias>. Cervantes nos lleva con la imaginación a la cuna del Renacimiento.

 

El itinerario cervantino va, con aire autobiográfico, por el <Mare Nostrum>. Vemos como Tomás Rodaja aprendía mucho más viajando que estudiando, los artistas y pintores eran los grandes educadores. Tras pasar por Flandes, Gante, Bruselas y Francia, vuelve a Salamanca y se gradúa en leyes, y se encuentra con una dama muy popular entre los estudiantes que, por no darle gusto y no poder conquistar <la roca de la voluntad de Tomás>, le envenena: <En un membrillo toledano dio a Tomás unos destos que llaman hechizos, creyendo que le daba cosa que le forzase la voluntad a quererla: como si hubiese en el mundo yerbas, encantos ni palabras suficientes a forzar el libre albedrío>. Al comerlo comenzó <a herir de pie y mano como si tuviera alferecía (enfermedad de temblores que suele dar a los caballos), y sin volver en sí en horas al cabo de las cuales volvió como atontado>. La justicia intentó apresar a la malhechora, pero puso pies en polvorosa...

<Y, aunque le hicieron los remedios posibles, sólo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no de lo del entendimiento, porque quedó sano, y loco de la más extraña locura que entre las locuras hasta entonces se había visto. Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio de pies a cabeza>.

<Quisieron algunos experimentar si era verdad lo que decía; y así, le preguntaron muchas y difíciles cosas, a las cuales respondió espontáneamente con grandísima agudeza de ingenio: cosa que causó admiración a los más letrados de la Universidad y a los profesores de la medicina y filosofía, viendo que en un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento que respondiese a toda pregunta con propiedad y agudeza>. Esta referencia de Cervantes nos la aclara Aurora Egido, en su obra, <Por el gusto de leer a Cervantes>: "Francisco Díaz, doctor en Medicina y maestro en Filosofía por la Universidad de Alcalá de Henares, que llegó a ser cirujano de cámara de Felipe II, ocupa un lugar respetable en la Hª Universal de la Medicina. Aunque no le faltaron veleidades poéticas, como veremos, su relación con la literatura...una de sus obras recibió el elogio de Miguel de Cervantes y Lope de Vega>. Creo que Cervantes parte una lanza a favor de la medicina moderna frente a la hechicería antigua, en la Universidad de Alcalá de Henares ya se impartía el título de bachiller, el grado de licenciado y doctor en Medicina. (L. Granjel y J. Riera. Laín Entralgo. Hª Universal de la Medicina, IV). El grado de licenciado suponía cuatro cursos más que el de bachiller.  

 

 El pobre Tomás Rodaja, al tenerle los amigos encerrado en casa, pedía que le dejasen <andar libre>. En la calle mil peligros acechaban: <Los muchachos, que son la más traviesa generación del mundo, a despecho de sus ruegos y voces, le comenzaron a tirar trapos, y aun piedras, por ver si era de vidrio, como él decía. Pero él daba tantas voces y hacía tales extremos, que movía a los hombres a que riñesen y castigasen a los muchachos porque no le tirasen>. Tras el pasaje de la ropera de Salamanca y su marido, un muchacho se queja: <Señor licenciado Vidriera, yo me quiero desgarrar de mi padre porque me azota muchas veces. Y respondióle: -Advierte, niño, que los azotes que los padres dan a los hijos honran, y los del verdugo afrentan>. Cervantes va dejando al lector notas de la vida cotidiana de la gente del pueblo. <De los maestros de escuela decía que eran dichosos, pues trataban siempre con ángeles; y que fueran dichosísimos si los angelitos no fueran mocosos. Otro le preguntó que qué le parecía de las alcahuetas. Respondió que no lo eran las apartadas, sino las vecinas>.

 

Se va a Valladolid, y allí un estudiante le pregunta si era poeta: <Y respondió Vidriera: No he sido tan necio que diese en poeta malo, ni tan venturoso que haya merecido serlo bueno. Preguntóle otro estudiante que en qué estimación tenía a los poetas. Respondió que a la ciencia, en mucha; pero que a los poetas, en ninguna. Replicáronle que por qué decía aquello. Respondió que del infinito número de poetas que había, eran tan pocos los buenos, que casi no hacían número; y así, como si no hubiese poetas, no los estimaba; pero que admiraba y reverenciaba la ciencia de la poesía porque encerraba en sí todas las demás ciencias: porque de todas se sirve, de todas se adorna, y pule y saca a luz sus maravillosas obras, con que llena el mundo de provecho, de deleite y de maravilla>.

 

Y añadió Vidriera: <Yo bien sé en lo que se debe estimar un buen poeta, porque se me acuerda de aquellos versos de Ovidio (Ars amandi) que dicen:

Cum ducum fuerant olim Regnumque poeta:

premiaque antiqui magna tulere chori.                  

Sanctaque maiestas, et erat venerabile nomen

vatibus; et large sape dabantur opes.

(En otro tiempo eran los poetas delicia de los dioses y de los reyes, y los antiguos cantos premiados con galardones. Santo respeto y nombre venerable tenían entonces los vates, y muchas veces se les prodigaban riquezas). <Y menos se me olvida la alta calidad de los poetas, pues los llama Platón intérpretes de los dioses, (Diálogo Ión, sobre la Ilíada, 534c); y dellos dice Ovidio: Est Deus in nobis, agitante calescimus illo. (Hay un dios en nosotros e impulsados por él nos enardecemos). Y también dice: At sacri vates, et Divum cura vocamus>. (Y, sin embargo, se nos llama a los poetas adivinos y amados de los dioses, Amores, III, elegía IX). Traducción de Avalle-Arce.

 

El licenciado Vidriera, al ver pintadas en la calle de mala mano (ya había grafitis), dice que <los buenos pintores imitaban a naturaleza; pero que los malos la vomitaban>, habla de los libreros y de la burla al autor con las cuentas que hacen de sus "ventas de libros". Al mozo de mulas que le llama señor Redoma (vasija de boticario) le responde su opinión de ellos: <La honra del amo descubre la del criado. Según esto, mira a quién sirves y verás cuán honrado eres: mozos sois vosotros de la más ruin canalla que sustenta la tierra. Una vez, cuando no era de vidrio, caminé una jornada en una mula de alquiler tal, que le conté ciento y veinte y una tachas, todas capitales y enemigas del género humano. Todos los mozos de mulas tienen su punta de rufianes, su punta de cacos, y su es no es de truhanes. Si sus amos (que así llaman ellos a los que llevan en sus mulas) son boquimuelles, hacen más suertes en ellos que las que echaron en esta ciudad los años pasados: si son extranjeros, los roban; si estudiantes, los maldicen; y si religiosos, los reniegan; y si soldados, los tiemblan>. Estas disputas me recuerdan a la película <Criadas y Señoras>, y la importancia moral del punto de vista del otro y buscar el "justo medio" aristotélico en la convivencia.

 

Vuelve el marino Cervantes y los boticarios, de nuevo defiende a los médicos: <Honora medicum propter necessitatem, etenim creavit eum Altissimus. A Deo enim est omnis medela, et a rege accipiet donationem. Disciplina medici exaltavit caput illius, et in conspectu magnatum collaudabitur. Altissimus de terra creavit medicinam, et vir prudens non ab[h]orrebit illam. Esto dice -dijo- el Eclesiástico de la medicina y de los buenos médicos, y de los malos se podría decir todo al revés, porque no hay gente más dañosa a la república que ellos>.

<Honra al médico por cuanto tienes de él necesidad, pues a él también le ha creado Dios. Dios procede la habilidad del médico, y del rey recibe obsequios. La ciencia del médico hácele llevar erguida la cabeza y se mantiene delante de los grandes. Dios saca de la tierra los remedios y un hombre inteligente no los despreciará. El juez nos puede torcer o dilatar la justicia; el letrado, sustentar por su interés nuestra injusta demanda; el mercader, chuparnos la hacienda; finalmente, todas las personas con quien de necesidad tratamos nos pueden hacer algún daño; pero quitarnos la vida, sin quedar sujetos al temor del castigo, ninguno. Sólo los médicos nos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de un récipe (receta)>.Cervantes describe su concepción de la vida en sociedad y de la justicia y la responsabilidad moral de cada persona en el bien común, habla de jueces que llevan "víboras en el seno" y hacen sentencias "exorbitantes".

 

Cervantes se hace dramaturgo cuando Vidriera, ante un comediante vestido de príncipe: 

<Yo me acuerdo haber visto a éste salir al teatro enharinado el rostro y vestido un zamarro del revés; y, con todo esto, a cada paso fuera del tablado, jura a fe de hijodalgo. -Débelo de ser -respondió uno-, porque hay muchos comediantes que son muy bien nacidos y hijosdalgo. -Así será verdad -replicó Vidriera-, pero lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas; galanes sí, gentileshombres y de expeditas lenguas. También sé decir dellos que en el sudor de su cara ganan su pan con inllevable trabajo, tomando contino de memoria, hechos perpetuos gitanos, de lugar en lugar y de mesón en venta, desvelándose en contentar a otros, porque en el gusto ajeno consiste su bien propio. Tienen más, que con su oficio no engañan a nadie, pues por momentos sacan su mercadería a pública plaza, al juicio y a la vista de todos. El trabajo de los autores es increíble, y su cuidado, extraordinario, y han de ganar mucho para que al cabo del año no salgan tan empeñados, que les sea forzoso hacer pleito de acreedores. Y, con todo esto, son necesarios en la república, como lo son las florestas, las alamedas y las vistas de recreación, y como lo son las cosas que honestamente recrean>. Este breve discurso me recuerda a Shakespeare en Hamlet, cuando habla del oficio de actor, en al acto III, escena 2. Los autores eran directores de compañía de teatro, no el dramaturgo que creaba el texto.

 

<En la rueda de la mucha gente que, como se ha dicho, siempre le estaba oyendo, estaba un conocido licenciado suyo en hábito de letrado, al cual otro le llamó Señor Licenciado; y, sabiendo Vidriera que el tal a quien llamaron licenciado no tenía ni aún el título de bachiller, le dijo: Guardaos, compadre, no encuentren con vuestro título los frailes de la redención de cautivos, que os le llevarán por mostrenco> (ignorante o tardo en aprender, RAE). 

Ironía de Cervantes ante falsos <hombres de letras> licenciados ignorantes (en cuanto se toca su frágil sabiduría, como el vidrio, se hace añicos. Cervantes no obtuvo el grado de licenciado, y muestra, sin embargo, con su título de bachiller una gran sabiduría de las formas de vida de su tiempo; entonces había en Castilla una "pérdida de la calidad de las enseñanzas. Falta de calidad y sentido crítico. En las universidades se repetían monótonamente las mismas cosas. La falta de calidad, tan denunciada por Cervantes, por ejemplo, y que vamos a ver en este libro, produjo una falta de profesores jóvenes y una proliferación de enseñanzas <utilitaristas> de inmediata aplicación, otro de los cánceres de la universidad. Se formaron, sobre todo, letrados, esto es, gentes del derecho civil (para servir al rey) y del canónico (a la Iglesia y a la Inquisición). Se careció de otras miras porque no eran rentables... Empecemos de nuevo la revolución humanística: no todo es economía, no todo es homo economicus. ¡Existen la desdicha y la dignidad humana!". Un maestro en tiempos de Felipe II. Juan López de Hoyos y la enseñanza humanística en el siglo XVI. Alfredo Alvar Ezquerra. Esfera de los Libros. Madrid. 2014. (Libro recomendado en nuestra web). López de Hoyos, maestro de Cervantes en el Estudio de la Villa (Madrid), decía de él: <Mi caro y amado discípulo>.

 

En este pasaje del licenciado mostrenco precede a otro, en el que puede aludir a su maestro López de Hoyos, catedrático de Gramática de la villa de Madrid, otorgado por la Universidad de Alcalá de Henares.(Enlace entrada Real Academia de la Historia).

<Uno le dijo: ¿Qué es esto, señor licenciado, que os he oído decir mal de muchos oficios y jamás lo habéis dicho de los escribanos, habiendo tanto que decir? A lo que respondió: <Aunque de vidrio, no soy tan frágil que me deje ir con la corriente del vulgo, las más veces engañado. Paréceme a mí que la gramática de los murmuradores y el la, la, la de los que cantan son los escribanos; porque, así como no se puede pasar a otras ciencias, si no es por la puerta de la gramática, y como el músico primero murmura que canta, así, los maldicientes, por donde comienzan a mostrar la malignidad de sus lenguas es por decir mal de los escribanos y alguaciles y de los otros ministros de la justicia, siendo un oficio el del escribano sin el cual andaría la verdad por el mundo a sombra de tejados, corrida y maltratada; y así, dice el Eclesiástico: In manu Dei potestas hominis est, et super faciem scribe imponet honorem. (En las manos de Dios está la autoridad de todo hombre, y a la persona del soberano confiere su dignidad). Es el escribano persona pública, y el oficio del juez no se puede ejercitar cómodamente sin el suyo. Los escribanos han de ser libres, y no esclavos, ni hijos de esclavos: legítimos, no bastardos ni de ninguna mala raza nacidos. Juran de secreto fidelidad y que no harán escritura usuraria; que ni amistad ni enemistad, provecho o daño les moverá a no hacer su oficio con buena y cristiana conciencia. Pues si este oficio tantas buenas partes requiere, ¿por qué se ha de pensar que de más de veinte mil escribanos que hay en España se lleve el diablo la cosecha, como si fuesen cepas de su majuelo? No lo quiero creer, ni es bien que ninguno lo crea; porque, finalmente, digo que es la gente más necesaria que había en las repúblicas bien ordenadas, y que si llevaban demasiados derechos, también hacían demasiados tuertos, y que de estos dos extremos podía resultar un medio que les hiciese mirar por el virote>. (Atender cada uno con vigilancia a lo que ha de hacer, Covarrubias). De nuevo, la virtud es un término medio entre dos extremos viciosos, por exceso y por defecto, Cervantes es aquí aristotélico.

 

<Dos años o poco más duró en esta enfermedad, porque un religioso de la Orden de San Jerónimo, que tenía gracia y ciencia particular en hacer que los mudos entendiesen y en cierta manera hablasen, y en curar locos, tomó a su cargo de curar a Vidriera, movido de caridad; y le curó  y sanó, y volvió a su primer juicio, entendimiento y discurso. Y, así como le vio sano, le vistió como letrado y le hizo volver a la Corte, adonde, con dar tantas muestras de cuerdo como las había dado de loco, podía usar su oficio y hacerse famoso por él>.

 

El elenco de valores o virtudes que rezuma la vida del licenciado Vidriera es una muestra de la España de su tiempo. La sabiduría muchas veces no está en leer muchos libros o tener muchos títulos, sino en saber leer la realidad desde uno mismo, en persona, inseparable de la realidad social que condiciona nuestro modo de ver el mundo que nos rodea. Los personajes reflejan la vida misma desde la ficción: la locura se vuelve cordura. La libertad es el reto permanente de cada persona en sus circunstancias y cada lectura es nuestra perspectiva en un mundo de interpretaciones. Espero que mi reflexión pueda ser ejemplar y aporte alguna luz para los lectores, claro que, todo ello, gracias a Miguel de Cervantes.