<Novelas ejemplares> de Miguel de Cervantes.(6). <La ilustre fregona>.

<La ilustre fregona>, conlleva en el título, como muchas obras de Miguel de Cervantes, un apelativo que suscita en la imaginación del lector el significado de su contenido. Ilustre (ilustres personas son llamadas en latín las personas honradas de gran guisa, y que son puestos en dignidades, así como los reyes y los que descienden dellos...); fregona (moza de servicio que anda en la cocina entre ollas y platos), ambas acepciones figuran del Tesoro de la Lengua Castellana de Covarrubias. #Cervantes2019 #NovelasEjemplares  #LaIlustreFregona 

Lee la novela en este enlace: La ilustre fregona. Biblioteca Virtual Cervantes.

 

Para Avalle-Arce: <La ilustre fregona> no puede ser considerada una novela picaresca en absoluto, pero sí debe ser considerada como una excelente formulación de la concepción cervantina de la picaresca>. A pesar de referirse a uno de los protagonistas, Diego de Carriazo, como que podría "leer cátedra en la facultad al famoso de Alfarache", novela típica de la picaresca, Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán.

Sin embargo, escribe Cervantes: "En Carriazo vio el mundo un pícaro virtuoso, limpio, discreto". Por esa razón prosigue Avalle-Arce:<El foco narrativo se tiene que desplazar y es natural que recaiga sobre su "alter ego", Carriazo. Esto es, efectivamente, lo que ocurre en la segunda mitad de La ilustre fregona, porque el enamorado Avendaño genera poco interés novelístico>.

 

Al comienzo de la novela, tras describir el currículum pícaro leemos: <En fin, en Carriazo vio el mundo un pícaro virtuoso, limpio, bien criado y más que medianamente discreto. Pasó por todos los grados de pícaro hasta que se graduó de maestro en las almadrabas de Zahara, donde es el finibusterrae de la picaresca>. (Almadraba paraje de la costa donde se encierra a los atunes para pescarlos).

 <Los padres dieron documentos y dinero a sus hijos (Carriazo y Avendaño se hicieron amigos) para estudiar en Salamanca: <para salir aprovechados en la virtud y en las ciencias, que es el fruto que todo estudiante debe pretender sacar de sus trabajos y vigilias>. Pasan por la ilustre ciudad de Burgos, Madrid y Valladolid. Carriazo y Avendaño escriben una pícara carta a don Pedro Alonso para que le diga a sus padres: <cuán más propias son de caballeros las armas que las letras>, y deciden <trocar a Salamanca por Bruselas, y a España por Flandes>.

 

En Illescas (Toledo) se cruzan con dos mozos de mulas, el uno que iba a Sevilla que lamenta muchas injusticias sufridas por la gente sencilla: <¡Cuántos pobretes están mascando barro -muertos- no más de por la cólera de un juez absoluto, de un corregidor, o mal informado, o bien apasionado!>, y el otro que venía de Sevilla, les dice que verán en la posada del Sevillano la <más hermosa fregona que se sabe>. Y luego hace un retrato psicológico más amplio de ella. Carriazo y Avendaño se van andando a Toledo:<siendo la guía Carriazo, que ya otra vez había estado en aquella ciudad, bajando por la Sangre de Cristo, dieron con la posada del Sevillano, pero no se atrevieron a pedirla allí, porque su traja no lo pedía>. 

 

El encuentro con la ilustre fregona en la Posada: <No puso Avendaño los ojos en el vestido y traje de la moza, sino en su rostro, que le parecía ver en él los que suelen pintar de los ángeles. Quedó suspenso y atónito de su hermosura, y no acertó a preguntarle nada: tal era su suspensión y embelesamiento. La moza, viendo aquel hombre delante de sí, le dijo: ¿Qué busca, hermano? ¿Es por ventura criado de alguno de los huéspedes de casa? No soy criado de ninguno, sino vuestro -respondió Avendaño-, todo lleno de turbación y sobresalto. La moza, que de aquel modo se vio responder, dijo: Vaya, hermano, norabuena, que las que servimos no hemos menester criados>. Avendaño pasea por Toledo y se nombran algunos lugares, como el famoso Sagrario (Capilla de Santísimo de la Catedral de Toledo donde se encuentra la imagen de la Virgen del Sagrario), y la Vega de Toledo regada por el río Tajo.

 

<¡Gallardo encarecimiento -dijo Carriazo- y determinación digna de un tan generoso pecho como el vuestro! ¡Bien cuadra un don Tomás de Avendaño, hijo de don Juan de Avendaño (caballero, lo que es bueno; rico, lo que basta; mozo, lo que alegra; discreto, lo que admira), con enamorado y perdido por una fregona que sirve en el mesón del Sevillano!>. Al oír un maravilloso canto: <No fue menester que nadie les dijese a los dos que aquella música se daba por Costanza, pues bien claro lo había descubierto el soneto, que sonó de tal manera en los oídos de Avendaño, que diera por bien empleado, por no haberle oído, haber nacido sordo y estarlo todos los días de la vida que le quedaba>. El narrador cambia los nombres: <He aquí: tenemos ya -en buena hora se cuente- a Avendaño hecho mozo del mesón, con nombre de Tomás Pedro, que así dijo que se llamaba, y a Carriazo, con el de Lope Asturiano, hecho aguador: transformaciones dignas de anteponerse a las del narigudo poeta>.

 

Al mediar Lope Asturiano en una pelea entre aguadores, y agarrarle con sus manos la garganta al más violento, tuvo tan mala suerte que cayó al suelo y se rompió la cabeza: <Otros muchos aguadores que allí venían, como vieron a su compañero tan malparado, arremetieron a Lope, y tuviéronle asido fuertemente, gritando: ¡Justicia, justicia; que este aguador ha muerto a un hombre!>. El alguacil le metió en la cárcel. <Pero no puede ser así -añadió Tomás-, pues no será razón que yo deje a mi amigo y camarada en la cárcel y en tanto peligro. Mi amo me podrá perdonar por ahora; cuanto más, que él es tan bueno y honrado, que dará por bien cualquier falta que le hiciere, a trueco que no la haga a mi camarada>. <En resolución, dentro de quince días estuvo fuera de peligro el herido...y ya en este tiempo había dado traza Tomás cómo le viniesen 50 escudos de Sevilla, y se los entregó al huésped con cartas y cédula fingida de su amo; y, como al huésped le iba poco en averiguar la verdad de aquella correspondencia, cogía el dinero, que por ser en escudos de oro le alegraba mucho>. 

 

Encuentro con la ilustre fregona. (Las mujeres de Toledo tenían fama de ser <las más discretas de España>). <¿Fregona has llamado a Costanza, hermano Lope? -respondió Tomás-. Dios te lo perdone y te traiga a verdadero conocimiento de tu yerro. Pues ¿no es fregona? -replicó el Asturiano. Hasta ahora le tengo por ver fregar el primer plato. No importa -dijo Lope- no haberle visto fregar el primer plato, si le has visto fregar el segundo y aun el centésimo. Yo te digo, hermano -replicó Tomás-, que ella no friega ni entiende en otra cosa que en su labor, y en ser guarda de la plata labrada que hay en casa, que es mucha. Pues ¿cómo la llaman por toda la ciudad -dijo Lope- la fregona ilustre, si es que no friega? Más sin duda debe de ser que, como friega plata, y no loza, la dan nombre de ilustre. Pero, dejando esto aparte, dime, Tomás: ¿en qué estado están tus esperanzas?>.

Lope:<Pues ¿qué piensas hacer con el imposible que se te ofrece en la conquista desta Porcia, desta Minerva y desta nueva Penélope, que en figura de doncella y de fregona te enamora, te acobarda y te desvanece? -Haz la burla que de mí quisieres, amigo Lope, que yo sé que estoy enamorado del más hermoso rostro que pudo formar naturaleza, y de la más incomparable honestidad que ahora se puede usar en el mundo. Costanza se llama, y no Porcia, Minerva o Penélope; en un mesón sirve, que no lo puedo negar, pero, ¿qué puedo yo hacer, si me parece que el destino con oculta fuerza me inclina, y la elección con claro discurso me mueve a que la adore? Mira, amigo: no sé cómo te diga -prosiguió Tomás- de la manera con que amor el bajo sujeto desta fregona, que tú llamas, me le encumbra y levanta tan alto, que viéndole no le vea, y conociéndole le desconozca>. El Asturiano: <¡Oh amor platónico! ¡Oh fregona ilustre! ¡Oh felicísimos tiempos los nuestros, donde vemos que la belleza enamora sin malicia, la honestidad enciende sin que abrase, el donaire da gusto sin que incite, la bajeza del estado humilde obliga y fuerza a que le suban sobre la rueda de la que llaman Fortuna!>. Desde punto de vista axiológico hay que resaltar que la persona vale por sí misma, no por el trabajo que haga, tiene dignidad, no precio, que diría Kant. Decía Antonio Machado: <Todo necio confunde valor y precio>.

 

En la lectura colectiva en Twitter el 19 de mayo decía Julia D'Onofrio: "Aparece muchas veces mencionada la Chacona en los textos del Siglo de Oro pero yo solo conozco esta de Arañés y no encuentro otra". <SARAO DE LA CHACONA>. Juan Arañés. 

Encontré otra chacona de Juan Arañés con una soberbia interpretación de flauta (subida por Clasicazos; ver podcasts en RTVE a la carta). Para Avalle-Arce la chacona es de origen americano: <Esta indiana amulatada, //de quien la fama pregona //que ha hecho más sacrilegios //e insultos que hizo Aroba>.  @Chacona «A la vida bona» de Juan Arañés, descrita en su novela ejemplar #LaIlustreFregona #400Cervantes.

El punto culminante de la novela es el romance que canta el músico a Costanza. Hicimos una crítica literaria sobre la interpretación de Avalle-Arce en su edición de Castalia (que es la que yo manejo) porque cuenta once cielos, y la profesora Julia D'Onofrio cuenta doce cielos (se corresponden en las doce novelas ejemplares de Cervantes), aunque Avalle-Arce reconoce que:<Este romance no deja de expresar un feliz concepto poético: todo el universo gira alrededor de Costanza>, el romance cuadra con el argumento de la profesora Julia D'Onofrio: "Entiendo que Avalle-Arce ahí mezcla las dos concepciones cosmológicas. Señala a Costanza como el primer moble (concepción geocéntrica), pero después dice que el universo gira "en torno" a ella (concepción heliocéntrica). Tal vez me equivoque". Me recomendó su espléndido artículo: "El romance de las esferas en La ilustre fregona". 

https://www.academia.edu/39153227/El_romance_de_las_esferas_en_La_ilustre_fregona

La cuestión no es banal porque supone, implícitamente, un aval a la teoría heliocéntrica de Copérnico apoyada por Kepler y Galileo, y la base de la revolución científica moderna frente a la teoría clásica geocéntrica de Aristóteles y Ptolomeo. No en vano escribe el Licenciado Vidriera:<Admiraba y recomendaba la ciencia de la poesía porque encerraba en sí todas las ciencias>. (Física, matemáticas, astronomía).

 

<¿Dónde estás, que no pareces, //esfera de la hermosura, //belleza a la vida humana //de divina compostura? //Cielo empíreo, donde amor //tiene su estancia segura; //primer moble, que arrebata/tras sí todas las venturas...

 

...del segundo cielo tienes //no más que la hermosura, //y del primero, no más //que el resplandor de la luna; //esta esfera sois, Costanza, //puesta, por corta fortuna, //en lugar que, por indigno, //vuestras venturas deslumbra>.

 

Escuchemos unos versos del romance en la bellísima voz de AuraMúsica  CervAntes y Después. <La ilustre fregona>. Miguel de Cervantes. 

Tras el romance se distrae al lector, y ¿al censor?:<A todos los que escuchado habían la voz del apedreado, les pareció bien; pero a quien mejor, fue a Tomás Pedro, que admiró la voz y el romance; más quisiera él que de otra que Costanza naciera la ocasión de tantas músicas, puesto que a sus oídos jamás llegó ninguna. Contrario deste parecer fue Barrabás, el mozo de mulas, que también estuvo atento a la música; porque, así como vio huir al músico, dijo:¡Allá irás, mentecato, trovador de Judas, que pulgas te coman los ojos! Y ¿quién diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cielos, llamándola lunes y martes, y de ruedas de Fortuna?(...) Verdaderamente que hay poetas en el mundo que escriben trovas que no hay diablo que las entienda>. Después descubren los amos unas coplas de Tomás en las que se nombra a Costancica, y la consiguiente sospecha de que se había enamorado de ella. Después aparece Costanza con un fuerte dolor de muelas, Tomás le dice que le dará <una oración por escrito> para que se le quite. <Enhorabuena -respondió Costanza-; que yo la rezaré, porque sé leer>. De nuevo, un buen ejemplo: saber leer en boca de mujer. La historia se complica al decirle Costanza: <Hermano Tomás, ésta tu oración más parece hechicería y embuste que oración santa; y así, yo no la quiero creer ni usar della, y por eso la he rasgado, porque no la vea nadie que sea más crédula que yo.(...) Tomás, no me duele nada; y así, ni tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones: conténtate que no te acuso a la Inquisición, y no te canses>. 

Después de contemplar el Corregidor en persona a Constanza, dijo que no se la debía <llamar ilustre, sino ilustrísima>, título que debería recaer en fregona, sino en duquesa. Al preguntarle al huésped si era pariente suya: <Ni es mi parienta ni es mi criada; y si vuesa merced gustare de saber quién es, como ella no esté delante, oirá vuesa merced cosas que, juntamente con darle gusto, le admiren>. Lo que importa es la persona de Constanza, la ilustre fregona. Hace quince años, contó el  huésped, que había estado allí una señora con hábito de peregrina en una litera con cuatro criados a caballo, dos dueñas y una doncella. <Venía enferma y descolorida, y tan fatigada que mandó que luego le hiciesen la cama, y en esta misma sala se la hicieron sus criados. Preguntáronme cuál era el médico de más fama desta ciudad. Díjeles que el doctor de la Fuente>. De nuevo, creo que Cervantes hace un reconocimiento a la medicina moderna frente a hechiceros, alquimistas y curanderos. 

 

<La peregrina era una señora principal y rica de Castilla la Vieja y que era viuda y que no tenía hijos que la heredasen; y que porque había algunos meses que estaba enferma de hidropesía, había ofrecido de ir a Nuestra Señora de Guadalupe en romería, por la cual promesa iba en aquel hábito>. 

 

La señora en agradecimiento regaló un <bolso de aguja, oro y verde> a su mujer. El marido le dijo: <Yo me acuerdo que le dije que no era menester nada de aquello: que no éramos personas que por interés, más que por caridad, nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía>. Parece que Cervantes vislumbra la distinción kantiana del imperativo hipotético (actuar por interés) y el categórico (actuar en conciencia), y usa el término <descargo de conciencia>. Cervantes, tras la liberación de Argel, visitó el Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe en 1580.

 

Aurora Egido, en su obra, Por el gusto de leer a Cervantes, alude a la protagonista: "Constanza, por su parte, es símbolo de la discreción que sabe que no responder palabra cuando la ocasión lo requiere (II,186), hija, como es, quien supo darla a luz secretamente, en la quietud de la noche y mientras todos dormían, para así no dar pie a su deshonra: <Ni la madre se quejó en el parto ni la hija nació llorando, en todos había sosiego y silencio maravilloso, y tal cual convenía para el secreto de aquel extraño caso (II, 188)>.(...) Después relata el momento de silencio en el que la engendraron, prosigue A. Egido: <Ribetes éticos que, como hemos visto, Cervantes, aprovecha en los caso de honra para acrecentar el misterio y causas admiración a los lectores>. 

 

Al final hay un acertijo con las letras claves en dos pergaminos de una expresión que revela el desenlace, como en otras ocasiones dado que nuestra página web fomenta la lectura, les invitamos a leerla porque sabemos que no quedaron defraudados por Cervantes. Lo que sí les recomiendo es una actividad didáctica (otra de nuestras metas educativas), sobre <La ilustre fregona> de Irene Soriano que les encantará por su ejemplaridad para la enseñanza.

 Cervantes mediante sus novelas ejemplares traza, por un lado, un mapa geográfico de las costumbres populares de la España real de su tiempo, y por otro, situaciones inverosímiles de las que se deducen lecciones morales. Aquí creo que hay una fundamental, Constanza, la ilustre fregona, es ejemplar en la literatura y en la vida: el personaje de ilustre fregona esconde la historia real de cualquier persona. La dignidad de una persona está por encima de su función social: haga el trabajo que haga. En ese espejo nos miramos los lectores y recreamos, en tiempo y lugar de nuestra imaginación, esa realidad para tomar conciencia de nuestra libertad como personas.

 

 

 

 

 

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