<Novelas ejemplares> de Miguel de Cervantes. (7). <Las dos doncellas>. <La señora Cornelia>.

En esta entrada haremos una síntesis de <Las dos doncellas>, y <La señora Cornelia>, de la lectura colectiva #Cervantes2019 #NovelasEjemplares. 

Lee en este enlace la novela: <Las dos doncellas>. Biblioteca Virtual Cervantes.

 

Para Avalle-Arce: <Las dos doncellas> es, en su esencia argumental, una serie limitada de cuestiones de amor, para lo cual Cervantes enfrenta a las dos protagonistas del título, Teodosia y Leocadia...Ambas engañadas por Marco Antonio Adorno, lo cual provoca la primera cuestión de amor: ¿cuál de las dos sufre más?>. Otras dos cuestiones nos planteamos: el engaño de mujeres ingenuas, y la necesidad de reparar su honra y desposarse con él, a costa de su libertad.

 

La doncella Teodosia, engañada por Marco Antonio con una promesa de matrimonio, cae en sus brazos y él la abandona. Teodosia toma una decisión: <vestirme en hábito de hombre y ausentarme de la casa de mis padres, y irme a buscar a este segundo engañador Eneas>. Y se lamenta que este hombre cruel defraude sus buenos pensamientos y bien fundadas esperanzas: <Haré que me cumpla la palabra y fe prometida, o le quitaré la vida, mostrándome tan presta a la venganza como fui fácil al dejar agraviarme; porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado va despertando en mí bríos que me prometen.. remedio, o venganza de mi agravio>. Ahora Teodosia, disfrazada de hombre, se hace pasar por Teodoro, se encuentra, sin saberlo, en una posada a su hermano al que le cuenta la historia de sus desgracias. Teodoro: <mujer soy, y la más desdichada que echaron al mundo las mujeres, y, pues las obras que me habéis hecho y los ofrecimientos que me hacéis me obligan a obedeceros en cuanto me mandáredes, escuchad, que yo os diré quién soy, si ya no os cansa oír ajenas desventuras>. Estos agravios a la mujer eran habituales en la España de Cervantes. Teodosia reconoce a su hermano (don Rafael) humildemente la verdad: <Yo confieso mi pecado, y no quiero que me sirva de disculpa mi arrepentimiento: sólo te suplico que la pena sea de suerte que se extienda a quitarme la vida y no la honra>.

 

 Ver: Mesón del Agua en Sevilla donde se desarrolla <Las dos doncellas>. La Vanguardia.

 

Teodoro y su hermano (don Rafael) buscan a Marco Antonio en Barcelona donde llegan las galeras de Italia, pasan por Igualada y se topan en un bosque con unos bandoleros habituales en Cataluña. Entra en escena la segunda doncella Leocadia. Un mancebo llama la atención de Teodoro y pronto se "descubre la tostada", es otra mujer disfrazada de hombre: <Mi nombre es Leocadia; la ocasión de la mudanza de mi traje oiréis ahora>. Habla del hijo de un caballero: <él vino a caer en que yo le miraba, y no quiso ni le fue menester al traidor otra entrada para entrarse en el secreto de mi pecho y robarme las mejores prendas de mi alma>...<Habiéndome dado su fe y palabra...y, a mi parecer, firmes y cristianos juramentos de ser mi esposo, me ofrecí a que hiciese de mí todo lo que quisiese... aún no bien satisfecha de sus juramentos y palabras...hice que las escribiese en una cédula, que él me dio firmada>. Teodosia, apacigua sus celos, al decir Leocadia: <porque no le gocé, ni me gozó, ni vino al concierto señalado>. Al saber que Marco Antonio se fue con Teodosia: <me abrasó el alma en fuego tal, que en él se hizo ceniza mi honra y se consumió mi crédito, se secó mi paciencia y se acabó mi cordura>. Unidas por el mismo engañador y atenazadas por los celos. Hay una genial sentencia moral de Teodosia a Leocadia: <Dejad el cuidado al tiempo, que es gran maestro de dar y hallar remedio a los casos más desesperados>. Teodosia trata de ayudar a Leocadia, a la vez que le pone pegas, para no desmayar sus esperanzas en Marco Antonio. Leocadia queda como sujeto de amor de:<Don Rafael hallándole perfecciones, que de punto en punto le obligaban a más amarla. Con esto, no se descuidaron de darse priesa, de modo que llegaron a Barcelona poco antes que el sol se pusiese>. Barcelona es una de la ciudades señeras de Miguel de Cervantes.

 

A Barcelona, no sólo la ensalza Cervantes en el Quijote, sino aquí: <Admiróles el hermoso sitio de la ciudad y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad>.

 

Entra en escena Marco Antonio, el engañador. Don Rafael (vio una riña en la calle y observó: <La destreza con que el mozo se combatía y la bizarría del vestido (verde) hacía que volviesen a mirarle todos cuantos la pendencia miraban; y de tal manera le miraron los ojos de Teodosia y de Leocadia, que ambas a un mismo punto y tiempo dijeron: ¡Válame Dios: o yo no tengo ojos, o aquel de lo verde es Marco Antonio! 

Cervantes compara, a las dos valientes, Leocadia y Teodosia con Hipólita y Pantasilea.

 Leocadia a Marco Antonio: <os ruego primeramente por Dios, a quien mis deseos y intentos van encaminados, luego por vos, que debéis mucho a ser quien sois, últimamente por mí, a quien debéis más que a otra persona del mundo, que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa>. 

 

Y ahora, el engañador, hace un descargo de conciencia: <Confieso, hermosa Leocadia, que os quise bien y me quisistes, y juntamente con esto confieso que la cédula que os hice fue más por cumplir con vuestro deseo que con el mío; porque, antes que la firmase, con muchos días, tenía entregada mi voluntad y mi alma a otra doncella de mi mismo lugar, que vos bien conocéis, llamada Teodosia, hija de tan nobles padres como los vuestros; y si a vos os di cédula firmada de mi mano, a ella le di la mano firmada y acreditada con tales obras y testigos, que quedé imposibilitado de dar mi libertad a otra persona en el mundo. Los amores que con vos tuve fueron de pasatiempo, sin que dellos alcanzase otra cosa sino las flores que vos sabéis, las cuales no os ofendieron ni pueden ofender en cosa alguna>. M. Antonio a Leocadia: <Más, doliéndose de mí el cielo, sin duda creo que ha permitido ponerme de la manera que me veis, para que, confesando estas verdades, nacidas de mis muchas culpas, pague en esta vida lo que debo, y vos quedéis desengañada y libre para hacer lo que mejor os pareciere>.

 

<Es de saber que en el tiempo que Marco Antonio estuvo en el lecho (herido en la riña) hizo voto, si Dios le sanase, de ir en romería a pie a Santiago de Galicia, en cuya promesa le acompañaron don Rafael, Leocadia y Teodosia>. Costumbre muy popular en la España creyente de su tiempo. <Llegóse, pues, el día de la partida, y, acomodados de sus esclavinas y de todo lo necesario, se despidieron del liberal caballero que tanto les había favorecido y agasajado, cuyo nombre era don Sancho de Cardona, ilustrísimo por sangre y famoso por su persona. Reiterándose dos veces los abrazos, y con alegría mezclada con algún sentimiento triste se despidieron; y, caminando con la comodidad que permitía la delicadeza de las dos nuevas peregrinas, en tres días llegaron a Montserrat; y, estando allí otros tantos, haciendo lo que a buenos y católicos cristianos debían, con el mismo espacio volvieron a su camino, y sin sucederles revés ni desmán alguno llegaron a Santiago.

 

Tras la azarosa búsqueda de la honra encuentran el amor, Leocadia con don Rafael, y Teodosia con Marco Antonio. Al final descubren que la causa de la pendencia callejera había sido la afrenta de sus padres con el padre de Marco Antonio. La historia rinde homenaje a estas jóvenes que, sin comerlo ni beberlo, se vieron involucradas como dice Cervantes, <como sujeto principal de este extraño suceso>. Sutil ironía, quizá no fuera tan extraño suceso entre las mil y una historias que oiría Cervantes en las ventas de Andalucía. Y lo más importante, ser <sujeto principal> es como ser persona principal: las doncellas honradas por su dignidad son iguales que las señoras principales. Los personajes, con sus virtudes y defectos, se convierten en espejo para los lectores.

 

Lee la novela en este enlace: <La señora Cornelia>. Biblioteca Virtual Cervantes.

 

Avalle-Arce en su introducción: <La señora Cornelia es la única de las novelas ejemplares que cuya acción transcurre íntegramente fuera de España. Su acción tiene lugar en Italia, en Bolonia... Desde la famosa pragmática de Felipe II de 1559 la Universidad de Bolonia era la única universidad no española donde podían estudiar los súbditos españoles>. El Real Colegio de España -también llamado el Colegio de los Españoles- fue fundado por el cardenal Gil de Albornoz 1364 en Bolonia. No es probable que Cervantes conociera Bolonia. La inverosimilitud de la historia se basa, a su juicio, en la mentira de un noble hidalgo español al responder falsamente, ante una dama, respecto a su identidad.

Los caballeros vizcaínos Antonio de Isunza y Juan de Gamboa dejan de estudiar en Salamanca para ir a Flandes; luego vuelven a España y pasan por Italia. Paran en Bolonia y deciden seguir sus estudios en su famosa Universidad, algo que alegró a sus padres. La buena convivencia de los españoles en Bolonia estaba lejos de la arrogancia de la que tenían fama, don Juan y don Antonio liberales (lo repite Cervantes en todas sus novelas) y comedidos, encuentran a la señora Cornelia, la más hermosa de Bolonia, hermana de Lorenzo Bentiblolli. Juan, el activo, en la primera noche sale a dar una vuelta, sin embargo, Antonio, el contemplativo, se queda rezando. A Juan le sorprende la vida tras una puerta entreabierta, alguien que le pregunta si es Fabio, él sorprendido y confuso, dice que sí (!) y ¡le ponen un bebé en los brazos! El hidalgo se busca la vida para atender a la criatura. Encuentra un ama que le cuide, y después, se ve involucrado en un duelo de espadas. Para colmo pierde su sombrero y se pone otro que no es suyo. 

 

Curiosamente se habla del modo de ser de los españoles fuera de España. Juan dice:<soy caballero español y estudiante>; alude a la <bondad de los españoles>. Cornelia apunta la <cortesía que suele reinar en vuestra nación>. La desdichada Cornelia confunde a Juan con el duque de Ferrara por el sombrero. Juan, como caballero español y principal, trata a Cornelia con ternura ante su desgracia y le promete ayuda para recobrar su dignidad mancillada.

 

Cornelia relata su parto y su dolor: <me veo sin hijo y sin esposo>. <En resolución, a cabo de pocos días, me sentí preñada; y, antes que mis vestidos manifestasen mis libertades, por no darles otro nombre, me fingí enferma y melancólica, y hice con mi hermano me trujese en casa de aquella mi prima de quien había sido padrino el duque>.

 

Don Juan: <Acostaos, señora, y curad de vuestra persona, que lo habéis menester; que aquí entrará una criada nuestra que os sirva, de quien podéis hacer la misma confianza que de nuestras personastan bien sabrá tener en silencio vuestras desgracias como acudir a vuestras necesidades>.

Y luego don Juan le cuenta que él quien puso el niño a salvo y le dice que las mantillas y el niño <son cosa vuestra señora Cornelia: <Allí fueron infinitas las lágrimas de alegría de Cornelia, infinitos los besos que dio a su hijo, infinitas las gracias que rindió a sus favorecedores, llamándolos ángeles humanos de su guarda y otros títulos que de su agradecimiento daban notoria muestra>.

 

Lorenzo, hermano de Cornelia va en busca del duque de Ferrara para restaurar la honra de ella, y pide ayuda a don Juan: no sólo por ser español, sino por ser caballero. De nuevo, una mujer en busca de la honra perdida y mancillado por un noble. 

Lorenzo:<Por no cansaros, éste que pudiera ser cuento largo, digo que el duque de Ferrara, Alfonso de Este, con ojos de lince venció a los de Argos, derribó y triunfo de mi industria venciendo a mi hermana, y anoche me la llevó y sacó de casa de una parienta nuestra, y aun dicen que recién parida... Hame dicho mi parienta, que es la que todo esto me ha dicho, que el duque engañó a mi hermana, debajo de palabra de recebirla por mujer>.Tengo de ir a Ferrara y pedir al mismo duque la satisfación de mi ofensa, y si la negare, desafiarle sobre el caso; y esto no ha de ser con escuadrones de gente, pues no los puedo ni formar ni sustentar, sino de persona a persona, para lo cual querría él ayuda vuestra>. Observen como Cervantes trata a los personajes como si fueran personas, entrando y saliendo de la ficción a la realidad. 

A todo esto don Antonio reclama ser un personaje de esta trágica comedia, pero parece ser que el autor pasa de él. Después de varias aventuras llega el emocionante encuentro del duque de Ferrara y su amada Cornelia.

 

El duque venía triste y el cura le pregunta por su melancolía: <Padre -respondió el duque-, claro está que las tristezas del corazón salen al rostro; en los ojos se lee la relación de lo que está en el alma, y lo que peor es, que por ahora no puedo comunicar mi tristeza con nadie>.

El cura cogió el niño de los brazos de Cornelia y lo puso en los del duque: <Cuando miró y reconoció las joyas y vio que eran las mismas que él había dado a Cornelia, quedó atónito; y, mirando ahincadamente al niño, le pareció que miraba su mismo retrato, y lleno de admiración preguntó al cura cúya era aquella criatura, que en su adorno y aderezo parecía hijo de algún príncipe>. La imagen de San José con el Niño nos ha parecido "similar" a la escena del duque. Cervantes escenifica con ternura el encuentro del duque de Ferrara con su hijo: ¿Intuye la importancia del afecto del padre,no sólo de la madre, en la educación sentimental de los hijos? Creo que sí, además de mi propia experiencia, la medicina antropológica confirma el papel decisivo del padre en la vida afectiva de sus hijos. La obra, <Violencia y ternura>, de Juan Rof Carballo analiza la influencia en la educación de la persona.

 

<Bien sabéis, señor Lorenzo Bentibolli, que yo jamás engañé a vuestra hermana Cornelia, de lo que es buen testigo el cielo y mi conciencia. Sabéis asimismo la diligencia con que la he buscado y el deseo que he tenido de hallarla para casarme con ella, como se lo tengo prometido>. Don Juan: <Por Santiago de Galicia, señor Lorenzo, y por la fe de cristiano y de caballero que tengo, que así deje yo salir con su intención al duque como volverme moro. ¡Aquí, aquí y en mis manos ha de dejar la vida, o ha de cumplir la palabra que a la señora Cornelia, tiene dada>.

 

Cervantes pone a prueba la imaginación de los lectores con estas historias inverosímiles que nos interpelan sobre la realidad de lo que les sucede a los personajes. La virtud siempre gana.

 

 

  

 

 

 

 

 

 

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