<Don Quijote, europeo>. Salvador de Madariaga. Revista de Occidente. Nº 48. 1967.

Gracias a una persona cercana cayó en mis manos, afortunadamente, a principios de otoño un artículo de Salvador de Madariaga, <Don Quijote, europeo>, publicado en la Revista de Occidente (fundada por el filósofo español José Ortega y Gasset en 1923), en marzo de 1967, nº 48. El enfoque del eminente escritor liberal Salvador de Madariaga es original y, lo que es más importante, vigente en la Europa de hoy tan necesitada de referentes éticos, educativos y culturales que le haga resurgir con sus valores propios en un mundo global. Hoy, aniversario de su muerte -hace 41 años que falleció, el 14 de diciembre de 1978 en Suiza-, merece unas palabras de homenaje. No olvidemos que Salvador de Madariaga es autor de una de las obras de referencia del cervantismo: <Guía del lector del "Quijote">. Ensayo psicológico sobre el "Quijote". Mi edición está prologada por el académico de la Lengua, Luis Mª Ansón. Salvador de Madariaga escribe esta bella dedicatoria: <A MANUEL DE FALLA con cuyo "Retablo de Maese Pedro> cobra el inmortal Don Quijote segunda inmortalidad, dedica con afectuosa admiración este ensayo>. Esta excelente meditación psicológica sobre <El Quijote> la recomendamos en la sección de libros en nuestra página web.   

 

 Nuestro insigne autor, tras hacer un breve repaso de la etimología del nombre Quijote, nos dice: <Lo que hay es que a Cervantes no le importaba nada el principio del nombre de su héroe. Le importaba el fin. No Quix sino ote. Porque estas tres letras forman el final de Lanzarote, traducción española de Lancelot... Viene pues muy a nuestro cuento que así resulte nuestro héroe español descendiente directo de Lanzarote; puesto que así adquiere genealogía franco-británica, y arraiga en esa leyenda caballeresca europea que vino a entrenzar los tres temas famosos. De Francia, de Bretaña y de Roma la grande.(...) De Bretaña, pues, o sea de Inglaterra, vino el nombre de nuestro don Quijote. Pero, como sucedió con Lanzarote mismo, vino por vía de Francia; porque ese quixote que Cervantes tomó del vocabulario de la armadura para bautizar a su héroe lo había tomado a su vez nuestra lengua de la francesa; donde la misma pieza, por defender el anca, o sea la cuisse, se llama cuissot... Es evidente que -prosigue Salvador de Madariaga- don Cuissot de la Mancha es lo que el nombre significaba para Cervantes>. De este modo, pese a <la intención satírica>, Cervantes lo inserta en la corriente de mito y la caballería que en la <Edad Media baña a la Europa central>. Así se hace don Quijote: <modelo de virtudes caballerescas>, cuyas raíces se hunden en Homero y en la tradición grecolatina y cristiana. 

 

Madariaga hace alusión a Hamlet y a Erasmo de Rotterdam, a Tolstoy y Bacunin (aventura de los Galeotes), a Jean Jacques Rousseau con el personaje de Marcela, y algo más importante de don Quijote que: <Tan digno precursor de Jean Jacques se revelará sobre temas de educación y vocación>. Describe el impacto de la batalla de Lepanto, bajo el reinado de Felipe II, y su repercusión en toda la cultura europea de su tiempo: Portugal, Italia, Nápoles, Flandes, y la influencia en Las Indias. Aparece la figura de Sancho Panza como contrapunto de valores frente a don Quijote, entreverados después en la Segunda Parte de la obra. No me resisto a citar idea clave del autor: <Los dos polos de la verdad que, bajo los nombres de Platón y Aristóteles, han ejercido su influencia sobre el alma de Europa, se enfrentan a través de la novela que viene a ser así como uno de los caminos que Europa ha tomado hacia el conocimiento de sí misma>.  

 

Salvador de Madariaga, como buen liberal de talante cervantino, hace referencia también a la Escuela jurídica de Salamanca y la defensa de la libertad que, como la mítica Marcela, sintetiza el homenaje de Cervantes al valor supremo de toda persona humana en aquellas inolvidables palabras de don Quijote: <La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida>. Y así concluye Salvador de Madariaga: <Don Quijote, <famoso español>, gran europeo>. 

 

También recomendamos la obra de Salvador de Madariaga, vigente en la encrucijada histórica tanto de España como de Europa: <De la angustia a la libertad. Memorias de un federalista>. Contiene, además, de un enfoque liberal de nuestra historia moderna y contemporánea en el contexto histórico de Europa tras la Segunda Guerra Mundial, unas inéditas ilustraciones literarias. En el aniversario de su muerte, como pequeño homenaje a Salvador de Madariaga, queremos invitarles a su lectura de cualquiera de estas tres referencias.

 

 Por último, le invito a reflexionar sobre el punto de partida de esta obra, publicada en París en de 1954, y juzguen ustedes si tiene actualidad: <Todos sabemos desde la escuela que la abundancia de una cosa rebaja su valor. Es posible que en los países libres abunde a tal punto la libertad que las gentes terminen por no darle importancia. ¿Hay algo más importante que el aire y el agua? Y sin embargo, abundan tanto que nadie les hace caso. Pero en lo que hace a la libertad habría que pensar también en otra causa, que sería la evolución hacia un hedonismo puramente materialista que orienta a la humanidad hacia los placeres del cuerpo más que a los goces del espíritu, el primero de los cuales es la libertad>.  

 

Recomendamos el memorable artículo de Ricardo García Cárcel. Catedrático de la UAB en la Tercera de ABC: <Memoria de Salvador de Madariaga>. (14 de diciembre de 2003). 

 

<Un cuarto de siglo después de su muerte, Madariaga, queda en nuestra memoria histórica más que como el Quijote de la política, que le llamó Preston, como un español avanzado de su tiempo y desubicado, moderado en años de visceralismo radical>.

 

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