<Novelas ejemplares> de Miguel de Cervantes (5). "El celoso extremeño>.

Destacamos las claves de la introducción de Avalle-Arce: <El celoso extremeño es la novela del solipsismo. Un solipsismo de dimensiones tan fenomenales que para su libérrimo desempeño necesita crearse un foco de la no-vida, porque eso, precisamente, es lo que se crea Felipo de Carrizales en su casa sevillana. En su egoísmo metafísico Carrizales opera una disección total de la vida, apartando de sí, con meticulosidad, aquellos elementos capaces de infundir sospechas a su naturaleza celosa>. Me parece genial su expresión <egoísmo metafísico>. La anécdota central del vejestorio celoso <se ha creído ver en un cuento marroquí, que narra la historia de un hombre que cría a una niña en soledad e ignorancia absolutas para casarse con ella con todas las garantías de pureza, pero así y todo es engañado>. Y había otra teoría en la España del siglo XVI: en los monasterios griegos de Monte Atos <eran famosos por haber eliminado a todas las mujeres y animales hembras, así como Carrizales aparta en su islote todo lo que pueda tener relación con lo masculino>.

"El furor de los celos, feneze con esta desdicha". José Zapata. (Valencia 1763-1837) Museo del Prado.

El tema de los celos es una constante narrativa en la novelística de Cervantes, prosigue Avalle-Arce: <Ahora sabemos que ésta está imantada por el doble polo magnético de la libertad y el amor. En consecuencia, los celos, que obstaculizan ambas posibilidades (si es que nos las niegan abiertamente), reciben esmerado tratamiento en las novelas de cervantes. Y hasta en su propio teatro, en La casa de los celos, cuando estos aparecen en escena se nos dice:


Mas veslos salen, advierte //que cuanto con ellos miras, //amenazan triste suerte, //ciertos y luengos pesares, //y al fin desdichada muerte>.




Sobre los celos recomiendo dos artículos, el primero es la ponencia que escuché a la profesora Mª del Pilar Couceiro de la Universidad Complutense de Madrid: <Los dos celosos de Cervantes. Burlas, veras y género>. Anuario de Estudios Cervantinos. XIII. Cervantes en escena. Nuevas interpretaciones del teatro cervantino. Academia de Hispanismo. Madrid. 2017. Incluye "El celoso extremeño".

El segundo es de la profesora y cervantista, Julia D'Onofrio, de la Universidad de Buenos Aires: Recomendamos su artículo: "En cárcel hecha por su mano". Rastros de la emblemática en El celoso extremeño de Cervantes. (Bulletin of the Cervantes Society of America, 2008; en el enlace: https://t.co/qkyz35QKsB). <El celoso extremeño>: "reelabora el motivo del viejo marido engañado por la esposa joven; y lo hace de manera tan exquisita que el cuento picante tradicional se convierte en una de las novelas más complejas y con más profundidad psicológica de la colección".


La novela describe la vida de Felipo de Carrizales y su viaje a las Indias que:<...fue tan próspero que, sin recibir algún revés o contraste llegaron al puerto de Cartagena. Y, por concluir con todo lo que no hace a nuestro propósito, digo que la edad que tenía Filipo cuando pasó a las Indias sería de cuarenta y ocho...y alcanzó a tener más de ciento y cincuenta mil pesos ensayados>. Un dineral para la época. Cervantes añora su sueño americano y pone a un extremeño (de Extremadura salieron muchos conquistadores) en viaje a las Indias: <refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de jugadores a quien llaman ciertos (tramposos jugando a las cartas) los peritos en el arte, añagaza general de mujeres libres, engaño común de muchos y remedio particular de pocos>. Indianos se les llama en España a los que buscan fortuna o trabajo como inmigrantes en América. El mismo Cervantes lo intentó al solicitar un nuevo destino en Cartagena de Indias.

Lee en este enlace la novela: <El celoso extremeño>. Biblioteca Cervantes Virtual.


De texto en texto vamos a hilvanar esta inverosímil historia: <De su natural condición era el más celoso hombre del mundo, aun sin estar casado, pues con sólo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos, a fatigar las sospechas y a sobresaltar las imaginaciones, y esto con tanta vehemencia, que de todo en todo propuso de no casarse>. Felipo ve a Leonora que es niña y urde su plan: <sus pocos años pueden asegurar mis sospechas; casarme he con ella; encerraréla y haréla a mis mañas, y con esto no tendrá otra condición que aquella que yo le enseñare. Y no soy tan viejo que pueda perder la esperanza de tener hijos que me hereden>. <Y así hecho este soliloquio (Felipo), no una vez, sino ciento, al cabo de algunos días habló con los padres de Leonora, y supo como, aunque pobres, eran nobles; y, dándoles cuenta de su intención y de la calidad de su persona y hacienda, les rogó le diesen por mujer a su hija>. Y comienza el cuadro surrealista de la paranoia mental de Carrizales: ¡ningún sastre puede hacerle un vestido a su mujer! Después <compró un rico menaje para adornar la casa...y compró, asimismo, cuatro esclavas blancas, y herrólas en el rostro, y otras dos negras bozales (no hablan otra lengua que no sea la suya)>. ¿Existían formas de esclavitud de la mujer en el siglo XVII? Quizá no sea tan inverosímil la novela.


La casa de Felipo cerrada, a cal y canto, para que no entraran moscas era regentada por la dueña (la Rottenmeier de la época), y a sus órdenes doncellas, esclavas y Leonora, resignadas en la "caverna de Platón", sin animal varón. El anciano sólo salía a misa con su esposa y a sus negocios. Dado que las novelas ejemplares van dedicadas a la Grandeza de España, la ironía cervantina hay que leerla entre líneas. <De día pensaba, de noche no dormía; él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería. Jamás entró hombre de la puerta adentro del patio. Con sus amigos negociaba en la calle... Toda su casa olía a honestidad, recogimiento y recato>. De Argos se habla en el Libro segundo de los Emblemas morales de Sebastián de Covarrubias, como el pastor de los cien ojos "que solía repartir los ojos como centinelas cuando dormía... y al más despierto engaña fácilmente con la blandura>. BNE. <La plata de las canas del viejo, a los ojos de Leonora, parecían cabellos de oro puro, porque el amor primero que las doncellas tienen se les imprime en el alma como el sello en la cera>. Hasta aquí la primera parte de la encerrona enfermiza.


Hablando de las novelas ejemplares de Miguel de Cervantes escribe Ortega en sus Meditaciones del Quijote: <Lo de "ejemplares" no es tan extraño: esa sospecha de moralidad que el más profano de nuestros escritores (Américo Castro) vierte sobre sus cuentos, pertenece a la heroica hipocresía ejercida por los hombres superiores del S. XVII>. Para Ortega hay dos tipos de novelas ejemplares, El amante liberal, La española inglesa, La fuerza de la sangre, Las dos doncellas, de un lado, y Rinconete y El celoso extremeño, de otro. Todas van unidas por lo inverosímil.


Tal vez el celoso Carrizales nunca imaginaría lo que un día escribió Ortega y Gasset en sus Meditaciones: <Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salva a ella no me salvo>. Para Ortega su circunstancia era España, para Carrizales su <monasterio cerrado>.

Sin embargo, cambia la historia la gente del barrio sevillano. Entra en escena un mozo soltero "Loaysa" con su guitarra que observa la misteriosa casa cerrada y le pica la curiosidad de saber quién vive en ella. Se hace amigo de Luis, el negro, sirviente de la casa encerrado entre las dos puertas (inclinado a la música), ambos nos revelan otra cara de la vida de amor y libertad. Ambos urden la trama, Loaysa a Luis: <Sabed que mi cojera... no nace de enfermedad, sino de industria, con la cual gano de comer pidiendo por amor de Dios, y ayudándome della y de mi música paso la mejor vida del mundo en el cual todos aquellos que no fueren industriosos y tracistas morirán de hambre>. Apenas salió el amo de casa, cuando el negro arrebató la guitarra y comenzó a tocar de tal manera que todas las criadas le oyeron, y por el torno le preguntaron:¿Qué es esto, Luis? ¿De cuándo acá tienes tu guitarra o quién te la ha dado? Luis: El mejor músico que hay en el mundo. Cantaron romances de moros y moras. <Bebed, hijo Luis, bebed, y buen provecho os haga, que el vino que se bebe con medida jamás fue causa de daño alguno, con medida lo bebo -replicó el negro-: aquí tengo un jarro que me llenan las esclavas, sin que mi amo lo sepa>.


<¡Y cómo que callaremos, hermano Luis! -dijo una de las esclavas-. Callaremos más que si fuésemos mudas; porque te prometo, amigo, que me muero por oír una buena voz, que después que aquí nos emparedaron, ni aun el canto de los pájaros habemos oído>. Preparan la artimaña de los polvos para librarse del viejo muñidor Carrizales. <Yo, señoras mías -dijo a esto Loaysa- no vine aquí sino con intención de servir a todas vuesas mercedes con el alma y con la vida, condolido de su no vista clausura y de los ratos que en este estrecho género de vida se pierden>. La vida supera a la ficción del celoso Carrizales. Entre la dueña y Leonora dan el ungüento al marido que queda dormido. Después sacaron la llave entre los colchones y quedaron todas contentas. Loaysa cantó unas coplillas <que entonces andaban muy válidas en Sevilla:

Madre, la mi madre; // guardas me ponéis, //que si yo no me guardo // no me guardaréis.

Dicen que está escrito, // y con gran razón, //ser la privación //causa de apetito; //crece en infinito //encerrado amor; //por eso es mejor // que no me encerréis; //que si yo, etc.


Por fin, el celoso extremeño descubre el plan de los que le rodean contra él y se lamenta: <¡Desdichado de mí, a qué tristes términos me ha traído la fortuna!>. (Cada cual es hijo de sus obras que decía Cervantes en el Quijote). <Lloraba Leonora por verle de aquella suerte, y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí, considerando la falsedad de sus lágrimas>. El testamento de Carrizales dobla la dote a Leonora y la deja <que disponga su voluntad, pues lo podrá hacer sin fuerza, a casarse con el mozo>. Hace una una distinción entre de la voluntad forzada (heteronomía moral, decidir por interés o coacción externa a la conciencia) de la voluntad libre (autonomía moral de una persona a decidir según su conciencia) el imperativo hipotético en el primer caso y en el segundo, el categórico de la filosofía moral kantiana. Quedan todas libres. Anagnórisis final de ambos: el amor ha de ser libre, no esclavo. Igual que la honra.



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