<Novelas ejemplares> de Miguel de Cervantes.(8). <El casamiento engañoso>, y <El colo

Exponemos la síntesis de las dos últimas novelas ejemplares de la lectura colectiva en Twitter #Cervantes2019 propuesta por Julia D'Onofrio, profesora de la Universidad de Buenos Aires: <El casamiento engañoso> y <El coloquio de los perros>, ambas forman una unidad narrativa.


Lee la novela en el enlace: <El casamiento engañoso>. Biblioteca Virtual Cervantes.

Esta novela se sitúa en Valladolid, ciudad donde vivió Cervantes dos años (1604-05). Para Avalle-Arce (cuya edición manejamos): <Una mínima familiaridad con el ideario cervantino de inmediato nos debería hacer apuntar la imaginación hacia el recurrente tema de su obra de "las armas y las letras"(...) "El casamiento engañoso es la novela de ejemplaridad más explícita de esta extraordinaria docena. El burlador burlado (o engañador engañado, tanto monta) es la nítida moralidad final, sin la menor posibilidad de error o duda>.

El alférez Campuzano sale del Hospital de la Resurrección y se encuentra con su amigo el licenciado Peralta que exclama: <¡Como quien soy que le hacía en Flandes, antes terciando allá la pica que arrastrando aquí la espada! ¿Qué color, qué flaqueza es ésa? -A lo cual respondió Campuzano: A lo si estoy en esta tierra o no, señor licenciado Peralta, el verme en ella le responde; a las demás preguntas no tengo qué decir, sino que salgo de aquel hospital de sudar catorce cargas de bubas (sífilis) que me echó a cuestas una mujer que escogí por mía, que non debiera. ¿Luego casóse vuesa merced? -replicó Peralta. -Sí, señor -respondió Campuzano. -Sería por amores -dijo Peralta-, y tales casamientos traen consigo aparejada la ejecución del arrepentimiento. -No sabré decir si fue por amores -respondió el alférez-, aunque sabré afirmar que fue por dolores, pues de mi casamiento, o cansamiento, saqué tantos en el cuerpo y en el alma, que los del cuerpo, para entretenerlos, me cuestan cuarenta sudores, y los del alma no hallo remedio para aliviarlos siquiera>. En esta lectura comenté la autenticidad del matrimonio como tema clave cervantino, y Julia D'Onofrio me respondió: "Claro es que EL COLOQUIO está adentro de #ElCasamientoEngañoso. La que nos toca esta semana es, pues, una novela preñada! Un matrimonio que no solo no dio hijos sino que además dio dolores permite, sin embargo, dar a luz otra novela que habla de partos monstruosos".


El alférez Campuzano cuenta a su amigo las galas que ofreció a una mujer para conquistarla: <No era hermosa en extremo, pero era lo de suerte que podía enamorar comunicada, porque tenía un tono de habla tan suave que se entraba por los oídos en el alma. Pasé con ella luengos y amorosos coloquios, blasoné, hendí, rajé, ofrecí, prometí y hice todas las demostraciones que me pareció ser necesarias para hacerme bienquisto con ella>. Entra en escena Estefanía que se retrata ante Campuzano: <Finalmente, quiero decir que yo busco marido que me ampare, me mande y me honre, y no galán que me sirva y me vitupere. Si vuesa merced gustare de aceptar la prenda que se le ofrece, aquí estoy moliente y corriente>. El alférez Campuzano impactado pone el juicio, no en la cabeza, sino los pies: <Pasáronse estos días volando, como se pasan los años, que están debajo de la jurisdicción del tiempo; en los cuales días, por verme tan regalado y tan bien servido, iba mudando en buena la mala intención con que aquel negocio había comenzado>. Entra en escena doña Clementa (Estefanía advierte a Campuzano que todo lo que allí vea y oiga es fingido) y se dirige al Señor Alférez:<No sé si voy contra mi conciencia en descubriros lo que me parece que también la cargaría si lo callase; pero a Dios y a ventura, sea lo que fuere, ¡viva la verdad y muera la mentira! La verdad es que doña Clementa Bueso es la verdadera señora de la casa y de la hacienda de que os hicieron la dote; la mentira es todo cuanto os ha dicho doña Estefanía: que ni ella tiene casa, ni hacienda, ni otro vestido del que trae puesto>.


Doña Clementa visitó a unos parientes en Plasencia (Cáceres) y le rezó unas novenas a la Virgen de Guadalupe. El alférez fue a la iglesia de San Llorente: <Encomendéme a Nuestra Señora, sentéme sobre un escaño, y con la pesadumbre me tomó un sueño tan pesado, que no despertara tan presto si no me despertaran>. No sé qué responderos -dijo Peralta-, si no es traeros a la memoria dos versos de Petrarca, que dicen: Ché, qui prende dicleto di far fiode; Non si de lamentar si altri l’ingana. Que responden en nuestro castellano: «Que el que tiene costumbre y gusto de engañar a otro no se debe quejar cuando es engañado». Podríamos decir que es formulación negativa de la regla de oro de la moralidad universal o principio de reciprocidad: <Trata a los demás como a ti mismo>. <Yo no me quejo -respondió el alférez-, sino lastímome: que el culpado no por conocer su culpa deja de sentir la pena del castigo. Bien veo que quise engañar y fui engañado, porque me hirieron por mis propios filos; pero no puedo tener tan a raya el sentimiento que no me queje de mí mismo>. Cervantes deja clara la incoherencia ética: el hacer una farsa del matrimonio. Ahora un cambio de tercio con otro asunto que sale en la conversación entre amigos.

Como la imaginación no tiene límites: <Ya vuesa merced habrá visto -dijo el alférez- dos perros que con dos linternas andan de noche con los hermanos (S. Juan de Dios) de la Capacha, alumbrándoles cuando piden limosna. Licenciado Peralta: <Pues lo que ahora diré dellos es razón que la cause, y que, sin hacerse cruces, ni alegar imposibles ni dificultades, vuesa merced se acomode a creerlo; y es que yo oí y casi vi con mis ojos a estos dos perros, que el uno se llama Cipión y el otro Berganza, estar una noche, que fue la penúltima que acabé de sudar, echados detrás de mi cama en unas esteras viejas; y, a la mitad de aquella noche, estando a oscuras y desvelado, pensando en mis pasados sucesos y presentes desgracias, oí hablar allí junto, y estuve con atento oído escuchando, por ver si podía venir en conocimiento de los que hablaban y de lo que hablaban; y a poco rato vine a conocer, por lo que hablaban, los que hablaban, y eran los dos perros, Cipión y Berganza. (...) Peralta: <Me cuenta que oyó hablar los perros me ha hecho declarar por la parte de no creerle ninguna cosa. Por amor de Dios señor alférez, que no cuente estos disparates a persona alguna>.


Lee la novela en el enlace: <El coloquio de los perros>. Biblioteca Virtual Cervantes.


Para Avalle-Arce El casamiento engañoso es la novela prefacio del Coloquio que concibe: <Un mundo literario perfecto y autosuficiente. Todo el milagro de la creación literaria está contenido aquí: el autor, el texto, el lector y el crítico. Todos los elementos imprescindibles de la realidad literaria están contenidos aquí, sin faltar uno.(...) La agudeza y profundidad de los comentarios intercambiados por los dos perros los define como dos cínicos filósofos, en todo la extensión de la palabra cínicos.(...) El diálogo tradicional, desde Platón a Erasmo, tiene mucho cuidado en crear un telón de fondo realista contra el cual rebotan todas las fantasías de los dialogantes. Pero aquí se parte de la inverosimilitud de una conversación perruna, con lo cual la estructura racional y crítica del diálogo tradicional se viene estrepitosamente abajo>. Prosigue Avalle-Arce: <La palabra es el órgano de la creación literaria y en ésta (El coloquio de los perros) alberga la verdad poética, y la definición y contenidos de ésta es la obsesión de la vida artística de Cervantes>.


Novela y coloquio que pasó entre Cipión Berganza, perros del Hospital de Resurrección de Valladolid...A quien comúnmente llaman <los perros de Maudes>.

Berganza consciente de que le habla a Cipión, no se lo puede creer: sobrepasa su naturaleza perruna. Cipión le responde que no sólo es un milagro hablar, sino hablar con discurso, capaces de razón, y se permite el lujo de aludir a la doctrina aristotélica del hombre como animal racional y político, frente al bruto, irracional. Aristóteles le diría que:<el hombre es el único entre los animales que posee el don del lenguaje>. (Política, 1253a). Berganza se admira de lo que dice Cipión, ese admirarse o maravillarse ante las cosas es el origen de la sabiduría (Metafísica, 982b-983a), de ahí que tenga: <un no sé qué de entendimiento capaz de discurso>. (Para Platón, el pensamiento (el discurso del filósofo) es el diálogo interior del alma consigo misma; Teeteto, 189d, El sofista, 263c). Después hablan de los dos mil médicos que estudiaban en la Universidad de Alcalá de Henares (ver en Historia Universal de la Medicina, dirigida por Pedro Laín Entralgo, T.IV, el currículum de medicina en las Universidades). Parece que Cervantes avala la medicina ante la hechicería y la "medicina alternativa" de la época. ¿Imaginaría Cervantes alguna vez, la vigencia que podría tener su novela? El aire filosófico de los perros al cuestionarse su capacidad de hablar y razonar es, realmente, genial.


Cervantes recoge una de las tradiciones más populares de la relación filial del hombre con el perro en palabras de Cipión: <Lo que yo he oído alabar y encarecer es nuestra mucha memoria, el agradecimiento y gran fidelidad nuestra; tanto, que nos suelen pintar por símbolo de la amistad. El perro el mejor amigo del hombre>.


El relato de Berganza de su primer amo, Nicolás el Romo, carnicero del Matadero de Sevilla, es alucinante. En el mercado de abastos, cada uno hurta y pilla lo que puede: la supervivencia está por encima de la decencia. El punto de vista del perro de la vida de su amo y de su entorno social, puede ser ficción o realidad, en cualquier caso es una paradoja de lo inverosímil que, como técnica narrativa, revela la gran imaginación creadora de Cervantes. Berganza concluye: <Pero ninguna cosa me admiraba más ni me parecía peor que el ver que estos jiferos -carniceros- con la misma facilidad matan a un hombre que a una vaca; por quítame allá esa paja, a dos por tres meten un cuchillo de cachas amarillas por la barriga de una persona, como si acocotasen un toro>. Allí cada cual se tomaba la justicia por su mano en caso de conflicto. El perro larga por es boca lo que le da la gana, con lo cual la ficción es el disfraz perfecto para contar y criticar la realidad tal cual, no deja títere con cabeza de la picaresca social.


Ortega y Gasset en, Meditaciones del Quijote, subtitula la Meditación primera: "Breve tratado de la novela". Tras hablar de los géneros literarios reflexiona sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, a todas les une lo inverosímil, sin embargo, establece dos series, en la segunda incluye el Coloquio de los Perros y Rinconete y Cortadillo: <El contraste con la intención artística que manifiesta la serie anterior no puede ser más grande. Allí eran los personajes mismos y sus andanzas mismas motivo de la fruición poética: el escritor podía reducir al mínimo su intervención. Aquí, por el contrario, sólo nos interesa el modo como el autor deja reflejarse en su retina las vulgares fisonomías de que nos habla. No faltó a Cervantes poca conciencia de esta diversidad cuando escribe en el Coloquio de los Perros: <Y quiérote advertir de una cosa, de la cual verás la experiencia cuando te cuente los sucesos de mi vida; y es que los cuentos unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos, otros en el modo de contarlos (quiero decir que algunos hay que, aunque se cuenten sin preámbulos y ornamentos de palabras, dan contento); otros hay que es menester vestirlos de palabras, y con demostraciones del rostro y de las manos, y con mudar la voz, se hacen algo de nonada, y de flojos y desmayados se vuelven agudos y gustosos>. A continuación se pregunta Ortega: <¿Qué es, pues, novela?>. En este párrafo se plantea la cuestión, a la que Julián Marías dedicó mucha atención: <Quizá la mayor originalidad de la cultura española del siglo XX, sea la asociación entre pensamiento -especialmente filosófico- y literatura>.


Cipión pone el dedo en la llaga: <Vete a la lengua, que en ella consisten los mayores daños de la humana vida>. Una norma ética que debería regir en las redes sociales: emplear el lenguaje positivo y evitar las malas lenguas. A Berganza, al menor descuido, su amo le tiró una puñalada y huyó por esos campos de Dios: <Aquella noche dormí al cielo abierto, y otro día me deparó la suerte un hato o rebaño de ovejas y carneros. Así como le vi, creí que había hallado en él el centro de mi reposo, pareciéndome ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado, que es obra donde se encierra una virtud grande, como es amparar y defender de los poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden>. (Formulación del principio de solidaridad). El pastor le exploró, le pareció bueno y le puso de nombre Barcino. Así empezó con su segundo amo. Cipión le dice que ha oído decir a un gran poeta (Juvenal) que es difícil no escribir sátiras y que: <no es buena la murmuración, aunque haga reír a muchos, si mata a uno; y si puedes agradar sin ella, te tendré por muy discreto>. Responde Berganza que tomará su consejo: <Pero, anudando el roto hilo de mi cuento, digo que en aquel silencio y soledad de mis siestas, entre otras cosas, consideraba que no debía de ser verdad lo que había oído contar de la vida de los pastores; a lo menos, de aquellos que la dama de mi amo leía en unos libros cuando yo iba a su casa, que todos trataban de pastores y pastoras>. Luego repasa los personajes mitológicos de la Arcadia. Berganza: <En estas materias nunca tropieza la lengua si no cae primero la intención; pero si acaso por descuido o por malicia murmurare, responderé a quien me reprehendiere lo que respondió Mauleón, poeta tonto y académico de burla de la Academia de los Imitadores, a uno que le preguntó que qué quería decir Deum de Deo; y respondió que «dé donde diere». Cipión: <Esa fue respuesta de un simple; pero tú, si eres discreto o lo quieres ser, nunca has de decir cosa de que debas dar disculpa. Di adelante>. Otro sabio consejo para la vida: pensar bien lo que decimos o escribimos.

Berganza: <Yo me hallaba bien con el oficio de guardar ganado, por parecerme que comía el pan de mi sudor y trabajo, y que la ociosidad, raíz y madre de todos los vicios, no tenía que ver conmigo... apenas me habían dicho los pastores ¡al lobo, Barcino!, cuando acudía, primero que los otros perros, a la parte que me señalaban que estaba el lobo: corría los valles, escudriñaba los montes, desentrañaba las selvas, saltaba barrancos, cruzaba caminos, y a la mañana volvía al hato, sin haber hallado lobo ni rastro dél, anhelando, cansado, hecho pedazos y los pies abiertos de los garranchos; y hallaba en el hato, o ya una oveja muerta, o un carnero degollado y medio comido del lobo. Desesperábame de ver de cuán poco servía mi mucho cuidado y diligencia>. ¿Esta frase sugiere rasgos biográficos de Cervantes y su paciencia ante las adversidades? Berganza se vuelve a Sevilla y entra a servir a un mercader muy rico. Para Cipión: <Muy diferentes son los señores de la tierra del Señor del cielo: aquéllos, para recibir un criado, primero le espulgan el linaje, examinan la habilidad, le marcan la apostura, y aun quieren saber los vestidos que tiene; pero, para entrar a servir a Dios, el más pobre es más rico; el más humilde, de mejor linaje; y, con sólo que se disponga con limpieza de corazón a querer servirle>.


Berganza responde con un elogio de la virtud de la humildad: <A lo que me preguntaste del orden que tenía para entrar con amo, digo que ya tú sabes que la humildad es la basa y fundamento de todas virtudes, y que sin ella no hay alguna que lo sea. Ella allana inconvenientes, vence dificultades, y es un medio que siempre a gloriosos fines nos conduce; de los enemigos hace amigos, templa la cólera de los airados y menoscaba la arrogancia de los soberbios; es madre de la modestia y hermana de la templanza; en fin, con ella no pueden atravesar triunfo que les sea de provecho los vicios, porque en su blandura y mansedumbre se embotan y despuntan las flechas de los pecados>.


Berganza saca a la palestra la educación de los jesuitas: <Este mercader tenía dos hijos... los cuales estudiaban gramática en el estudio de la Compañía de Jesús(...) Y así, digo que los hijos de mi amo se dejaron un día un cartapacio en el patio, donde yo a la sazón estaba; y, como estaba enseñado a llevar la esportilla del jifero mi amo, así del vademécum y fuime tras ellos, con intención de no soltalle hasta el estudio. Sucedióme todo como lo deseaba: que mis amos, que me vieron venir con el vademécum en la boca, asido sutilmente de las cintas, mandaron a un paje me le quitase; mas yo no lo consentí ni le solté hasta que entré en el aula con él, cosa que causó risa a todos los estudiantes. Lleguéme al mayor de mis amos, y, a mi parecer, con mucha crianza se le puse en las manos, y quedéme sentado en cuclillas a la puerta del aula, mirando de hito en hito al maestro que en la cátedra leía. No sé qué tiene la virtud, que, con alcanzárseme a mí tan poco o nada della, luego recibí gusto de ver el amor, el término, la solicitud y la industria con que aquellos benditos padres y maestros enseñaban a aquellos niños, enderezando las tiernas varas de su juventud, porque no torciesen ni tomasen mal siniestro en el camino de la virtud, que juntamente con las letras les mostraban. Consideraba cómo los reñían con suavidad, los castigaban con misericordia, los animaban con ejemplos, los incitaban con premios y los sobrellevaban con cordura; y, finalmente, cómo les pintaban la fealdad y horror de los vicios y les dibujaban la hermosura de las virtudes, para que, aborrecidos ellos y amadas ellas, consiguiesen el fin para que fueron criados>.

A lo que responde Cipión: <Muy bien dices, Berganza; porque yo he oído decir desa bendita gente que para repúblicos del mundo no los hay tan prudentes en todo él, y para guiadores y adalides del camino del cielo, pocos les llegan. Son espejos donde se mira la honestidad, la católica doctrina, la singular prudencia, y, finalmente, la humildad profunda, basa sobre quien se levanta todo el edificio de la bienaventuranza>. Este elogio de Cervantes los jesuitas -irónico según algunos cervantistas-, está muy bien documentado por el catedrático de la Complutense, José Manuel Lucía Megías, en su primer libro de su trilogía biográfica, La juventud de Cervantes: <Tras fundar en 1553 una escuela de gramática en Córdoba, los primeros jesuitas entraron en Sevilla en 1554, aunque habrá que esperar hasta 1561 para que comenzaran a impartir clases de Gramática, encomendadas al padre Pedro de Acevedo, profesor en el colegio de Santa Catalina. Bajo el nombre de Colegio de San Hermenegildo, en 1563 los jesuitas daban ya clases de Retórica, y en 1564, de Filosofía>.

<Cipión hermano, así el cielo te conceda el bien que deseas, que, sin que te enfades, me dejes ahora filosofar un poco... Cipión: Advierte, Berganza, no sea tentación del demonio esa gana de filosofar que dices te ha venido, porque no tiene la murmuración mejor velo para paliar y encubrir su maldad disoluta que darse a entender el murmurador que todo cuanto dice son sentencias de filósofos, y que el decir mal es reprehensión y el descubrir los defectos ajenos buen celo. Y no hay vida de ningún murmurante que, si la consideras y escudriñas, no la halles llena de vicios y de insolencias. Y debajo de saber esto, filosofea ahora cuanto quisieres>. Cipión: ¿Al murmurar llamas filosofar? ¡Así va ello! Canoniza, canoniza, Berganza, a la maldita plaga de la murmuración, y dale el nombre que quisieres, que ella dará a nosotros el de cínicos, que quiere decir perros murmuradores; y por tu vida que calles ya y sigas tu historia>. El diccionario de Covarrubias dice del término <CÍNICO>: "El que sigue la senda de la secta de los filósofos cínicos... Diógenes fue desta secta. Eran sucios, porque de ninguna cosa se recataban, teniendo por lícito todo lo que era natural y que se podía ejecutar públicamente, como era el proveerse y el ayuntarse con las mujeres y cosas a este tono, ultra de que de todos decían mal, echando sus faltas en la calle. ¡Plega a Dios que no haya ahora otros Menipos y Diógenes!".


Cipión y Berganza discuten sobre los que se las dan de saber latines y se lo sueltan a un zapatero o un sastre, y algunos pueden <ser latinos y ser asnos> (ignorantes), y que hay que hablar con propiedad y honestidad: <Las honestas palabras dan indicio de la honestidad del que las pronuncia o las escribe>. Esta expresión sugiere la tesis del último libro del profesor Rojas Marcos: <Somos lo que hablamos>. Berganza habla de perros honrados y agradecidos, y pregunta a Cipión: <Primero te quiero rogar me digas, si es que lo sabes, qué quiere decir filosofía; que, aunque yo la nombro, no sé lo que es; sólo me doy a entender que es cosa buena. Cipión: Con brevedad te la diré. Este nombre se compone de dos nombres griegos, que son filos y sofía; filos quiere decir amor, y sofía, la ciencia; así que filosofía significa «amor de la ciencia», y filósofo, «amador de la ciencia». Aristóteles dice en su Metafísica que <el amante del mito es amante de la sabiduría>. Y ahora la pregunta del millón que plantea Cipión:<Según eso, Berganza, si tú fueras persona, fueras hipócrita, y todas las obras que hicieras fueran aparentes, fingidas y falsas, cubiertas con la capa de la virtud, sólo porque te alabaran, como todos los hipócritas hacen>. Un mensaje moral sobre la dignidad de la persona que Cervantes envía a su mundo social.


Otra cuestión clave es el episodio brujeril de la Camacha de Montilla que ha sido estudiado, magistralmente, por la profesora de Literatura Española de la Universidad de Buenos Aires, Clea Gerber: "Deleites imaginados": ficción y sugestión demoníaca en El coloquio de los perros de Miguel de Cervantes. Ver en Google el enlace: (https://www.academia.edu/26958299/_Deleites_imaginados_ficci%C3%B3n_y_sugesti%C3%B3n_demon%C3%ADaca_en_El_Coloquio_de_los_perros_de_Miguel_de_Cervantes). Es otro tema recurrente de Cervantes como el de Monipodio, los moriscos o las costumbres de los gitanos en Granada que intercala en esta última novela.

De la Camacha dice Berganza: <Tuvo fama que convertía los hombres en animales, y que se había servido de un sacristán seis años, en forma de asno, real y verdaderamente, lo que yo nunca he podido alcanzar cómo se haga, porque lo que se dice de aquellas antiguas magas, que convertían los hombres en bestias, dicen los que más saben que no era otra cosa sino que ellas, con su mucha hermosura y con sus halagos, atraían los hombres de manera a que las quisiesen bien, y los sujetaban de suerte, sirviéndose dellos en todo cuanto querían, que parecían bestias. Pero en ti, hijo mío, la experiencia me muestra lo contrario: que sé que eres persona racional y te veo en semejanza de perro, si ya no es que esto se hace con aquella ciencia que llaman tropelía, que hace parecer una cosa por otra>. El asno en el cuadro de Goya simboliza la ignorancia. No olvidemos que los hombres dice Aristóteles en su Metafísica: <Si filosofaron fue por huir de la ignorancia>.


La bruja Cañizares, discípula de la Camacha, le dice a Berganza que le llaman <el perro sabio>. Y tan pronto la bruja habla de Dios como de su cabrón (el diablo) y del lugar a donde van las ánimas tras la muerte: <Otros dicen que no, sino que verdaderamente vamos en cuerpo y en ánima; y entrambas opiniones tengo para mí que son verdaderas, puesto que nosotras no sabemos cuándo vamos de una o de otra manera, porque todo lo que nos pasa en la fantasía es tan intensamente que no hay diferenciarlo de cuando vamos real y verdaderamente. Algunas experiencias desto han hecho los señores inquisidores con algunas de nosotras que han tenido presas, y pienso que han hallado ser verdad lo que digo>. Alude a Leonor Rodríguez, La Camacha de Montilla penitenciada por la Inquisición en Córdoba.


Y prosigue la bruja Cañizares: <En fin, todos los males que llaman de daño, vienen de la mano del Altísimo y de su voluntad permitente; y los daños y males que llaman de culpa vienen y se causan por nosotros mismos. Dios es impecable, de do se infiere que nosotros somos autores del pecado, formándole en la intención, en la palabra y en la obra; todo permitiéndolo Dios, por nuestros pecados, como ya he dicho. ''Dirás tú ahora, hijo, si es que acaso me entiendes, que quién me hizo a mí teóloga, y aun quizá dirás entre ti: '¡Cuerpo de tal con la puta vieja! ¿Por qué no deja de ser bruja, pues sabe tanto, y se vuelve a Dios, pues sabe que está más pronto a perdonar pecados que a permitirlos?>.


Toda una meditación filosófico-literaria le sigue al sentido de las palabras del discurso de la bruja. Cipión concluye (con una espléndida metáfora que, según mi imaginación, me sugiere el juego de bolos montañés): <Digo, pues, que el verdadero sentido es un juego de bolos, donde con presta diligencia derriban los que están en pie y vuelven a alzar los caídos, y esto por la mano de quien lo puede hacer. Mira, pues, si en el discurso de nuestra vida habremos visto jugar a los bolos, y si hemos visto por esto haber vuelto a ser hombres, si es que lo somos>. Nuestra vida es una gran partida que a cada uno le toca jugar.


Cipión: <Aquí acabé de entender que el uno era poeta y el otro comediante. El comediante aconsejó al poeta que cercenase algo de los cardenales, si no quería imposibilitar al autor el hacer la comedia. A lo que dijo el poeta que le agradeciesen que no había puesto todo el cónclave que se halló junto al acto memorable que pretendía traer a la memoria de las gentes en su felicísima comedia. Rióse el recitante y dejóle en su ocupación por irse a la suya, que era estudiar un papel de una comedia nueva. El poeta, después de haber escrito algunas coplas de su magnífica comedia, con mucho sosiego y espacio sacó de la faldriquera algunos mendrugos de pan y obra de veinte pasas, que, a mi parecer, entiendo que se las conté, y aun estoy en duda si eran tantas, porque juntamente con ellas hacían bulto ciertas migajas de pan que las acompañaban>. ¿Lamento de Cervantes dramaturgo que no consiguió el éxito de Lope de Vega? Lo cual no es óbice para pensar que Cervantes no fuera, a su modo, dramaturgo ejemplar. Ver mi artículo en pdf descargable, <Miguel de Cervantes Saavedra y Antonio Buero Vallejo: dramaturgos ejemplares>, en el enlace. https://eprints.ucm.es/40074/


Berganza:<Paramos en la casa de un autor de comedias que, a lo que me acuerdo, se llamaba Angulo el Malo, [...] de otro Angulo, no autor, sino representante, el más gracioso que entonces tuvieron y ahora tienen las comedias. Juntóse toda la compañía a oír la comedia de mi amo, que ya por tal le tenía; y, a la mitad de la jornada primera, uno a uno y dos a dos, se fueron saliendo todos, excepto el autor y yo, que servíamos de oyentes. La comedia era tal, que, con ser yo un asno en esto de la poesía, me pareció que la había compuesto el mismo Satanás, para total ruina y perdición del mismo poeta, que ya iba tragando saliva, viendo la soledad en que el auditorio le había dejado>. No podía faltar la comedia como espejo de la vida humana. Al final, el arbitrista, el alquimista (tras la piedra filosofal), el poeta y el matemático establecen un diálogo representativo del siglo XVII. Cervantes, mediante la ficción, traza un paisaje de la realidad de la España de su tiempo, con sus vicios y virtudes.


Por último, Cipión toma la palabra: <La virtud y el buen entendimiento siempre es una y siempre es uno: desnudo o vestido, solo o acompañado. Bien es verdad que puede padecer acerca de la estimación de las gentes, mas no en la realidad verdadera de lo que merece y vale>. Parece que la conclusión de Miguel de Cervantes de las Novelas ejemplares, encarnada en la última <El coloquio de los perros>, un compendio de las anteriores en la nos relata, literariamente, una filosofía de la vida en la que la virtud prevalece. Del tal modo que cada lector se encuentre a sí mismo e ilumine con su experiencia personal el sentido de sus circunstancias.


Miguel de Unamuno en su obra, Tres novelas ejemplares y un prólogo, dice que <Cervantes más buscó la ejemplaridad que hoy llamaríamos estética que no la moral en sus novelas, buscando dar con ellas horas de recreación donde el afligido espíritu descanse>. Pues no estoy de acuerdo con mi admirado don Miguel de Unamuno, creo que <El coloquio de los perros> es una obra que encierra más la ejemplaridad moral que la estética.

Y se lo dice el perro que es el mejor amigo del hombre...




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