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<Ortega, Cervantes y la realidad>, de Javier San Martín. Una obra de referencia de la filosofía española.

  • José María Callejas Berdonés
  • hace 13 horas
  • 14 Min. de lectura

El 28 de febrero de 2024 se celebró en Madrid la primera sesión del Seminario de Investigación de Estudios Orteguianos de la Cátedra Internacional José Ortega y Gasset, cuyo presidente es el catedrático emérito de Filosofía de la UNED, Javier San Martín, al que tuve el gusto de saludarle y recordarle la espléndida conferencia que impartió sobre "El retablo de maese Pedro", en el Aula de Pensamiento "Antonio Rodríguez Huéscar" (dirigida por el profesor Ciriaco Morón Arroyo y la profesora Juana Sánchez-Gey), de la Casa de Castilla-La Mancha en Madrid, en la primavera de 2017. Conferencia publicada, ampliada y enriquecida en la tercera parte de esta obra: <Ortega, Cervantes y la realidad> de la que hago esta recensión. Agradezco la invitación del profesor Javier San Martín a la presentación de su libro en el Ateneo de Madrid, el 4 de mayo de 2026, junto a Josu Rodríguez, director de la Editorial Urdimbre, y a Concha D'Olhaberriague, catedrática de Griego de bachillerato y doctora en Lengua Española, crítica literaria y especialista en Ortega y Unamuno. El subtítulo del libro, "A modo de descargo", indica la tardanza de la generación del profesor San Martín (de comienzos de los años 70) en suscitar un verdadero interés por la difusión de la filosofía de José Ortega y Gasset, algo que en su caso, ya había iniciado en sus investigaciones de la fenomenología de Husserl y su influencia en Ortega. En esa época, en el ámbito universitario el interés se centraba en la filosofía analítica, el estructuralismo, el marxismo o la Escuela de Frankfurt, por ejemplo. Yo me licencié en Filosofía (1970-75) en la Complutense y tuve a José Luis Abellán como profesor de Historia de la Filosofía Española con lo cual adquirí una formación básica sobre la Filosofía Española, sobre todo, en el exilio. Creo que Javier San Martín en esta obra salda -con creces- esa deuda moral con Ortega, el cual nos interpela a los filósofos a profundizar en la filosofía española en Meditaciones del Quijote y toda la obra literaria de Cervantes. Afortunadamente, en el ámbito de la enseñanza secundaria estudiamos siempre a José Ortega y Gasset desde 1980, y varios años a Miguel de Unamuno como representantes de la Filosofía Española. Yo mismo he corregido espléndidos ejercicios sobre el tema del Raciovitalismo de Ortega en pruebas de acceso a la Universidad, como miembro de Tribunales de Selectividad. En la Casa de Castilla--La Mancha dábamos conferencias-coloquio profesores de Instituto y Universidad. En aquel foro habló sobre "El pensamiento de Antonio Rodríguez Huéscar" (2013), José Lasaga, catedrático de Filosofía del Instituto Lope de Vega, profesor de la UNED y director de la Colección la Escuela de Madrid de la Cátedra Ortega. Allí también conocí al profesor de Filosofía Juan Manuel Monfort Prades que me habló de Javier San Martín, su director de tesis doctoral.

La última vez que estuve en el Ateneo fue en la presentación -como público- de la Asociación de Cervantistas de la obra, "Cervantes y la ternura humorística", del periodista Eduardo Aguirre, columnista del Diario de León, en la que nos partimos de risa. El libro de Javier San Martín está perfectamente estructurado en tres partes: el capítulo primero es el texto sobre el Quijote como un tratado sobre la realidad a partir de la visión orteguiana de la novela (2004). El segundo explora la relación de Ortega con Cervantes y el Quijote en la que "El retablo de maese Pedro" desempeña un papel nuclear (2014). Para el autor este capítulo sirve como encuadre del siguiente, que se basa en la citada conferencia de la Casa de Castilla-La Mancha, "tanto en relación con "El retablo de maese Pedro" como en el de las maravillas"(2017). Inicié mi exposición en el Ateneo con un recuerdo a Manuel Padilla Novoa, catedrático de Filosofía y presidente de la Sección de Filosofía del Ateneo al que acompañé en actividades de la Institución (su abuelo era amigo de Unamuno); a comienzos de los años 80, en el Instituto de Bachillerato Leganés III (Madrid), gracias a él me aventuré yo a realizar experiencias didácticas en el ámbito de la filosofía y la literatura, primero con el teatro y, años más tarde en otros institutos, con El Quijote en mis clases de Ética (Aventura de Andrés, Historia de Marcela y Consejos de don Quijote a Sancho gobernador). A partir de esas experiencias desarrollé mi tesis doctoral, Aproximación al teatro filosófico de Antonio Buero Vallejo, y el trabajo previo (DEA, 2003) Persona y Ética en el Quijote (bajo la batuta de Ana María Leyra, profesora de Estética de la Complutense, 2007). Al final hablaré de El Quijote en la escuela (Ortega, 1920) y el problema pedagógico de su lectura como plantea Javier San Martín.



Javier San Martín, en la introducción, lamenta que el Congreso sobre Cervantes en 1978 se ignorara a Ortega, en las Actas publicadas por Manuel Criado del Val y en la conferencia de Francisco Ynduráin sobre "El retablo de maese Pedro", no dan referencia alguna a este episodio clave de Ortega en Meditaciones del Quijote. José Gaos y Julián Marías, eminentes discípulos de Ortega, continuaron el impulso de la filosofía de Ortega, tanto en lo que se refiere al papel de Cervantes como al de Don Quijote ("El Quijote y el tema de su tiempo" de Gaos, 1947; y "Cervantes clave española" de Marías, 1990). El profesor Javier San Martín realza con justicia el papel fundamental de Pedro Cerezo Galán, catedrático emérito de Filosofía de la Universidad de Granada, en la difusión de la filosofía española y del barroco español en sus múltiples obras sobre Ortega, Unamuno, Cervantes y el Quijote (incluye una bella cita sobre la dialéctica persona de Alonso Quijano y personaje de don Quijote). Por mi parte, añadí su espléndida obra sobre, <María Zambrano. Razón poética y esperanza>; pues a la escritora malagueña la considero, junto a Ortega y Unamuno, los grandes puntales de la filosofía española.

En la primera parte, Apuntes para una lectura de la Meditación primera, el profesor San Martín se refiere, acertadamente, al "estilo de Cervantes", como ve el mundo, descubierto por Ortega en Meditaciones, justo en el centenario de la publicación de la obra en 2104. Y cita a Ortega que justifica su obra: "Tales fueron los pensamientos suscitados por una tarde de primavera en el boscaje que ciñe el monasterio de El Escorial, nuestra gran piedra lírica. Ellos me llevaron a la resolución de escribir estos ensayos sobre el Quijote" (Ot I, 793ss). En 1994, un seminario sobre Meditaciones del Quijote en la Complutense fue, para el profesor San Martín, un éxito, pero matiza: "Aún no podemos decir que Meditaciones del Quijote sea un vademécum de todo estudiante de filosofía en lengua española, como creo que debería ser". No puedo estar más de acuerdo con él. El profesor San Martín cita a E. Inman Fox: <la intertextualidad de la "Meditación primera", el referente no es Cervantes y el Quijote, sino Baroja. Así, el "Breve tratado de la novela" se escribe bajo el título de "La agonía de la novela" para explicar la lucha de Baroja por hacer novelas, que el filósofo considera que termina en fracaso artístico... Porque el cambio de Baroja a Cervantes se debe a la publicación, en 1912, por Unamuno, de El sentimiento trágico de la vida, en el que, a los europeístas... termina llamando "bachilleres carrascos", o sea, personas sin ideales. Porque la misión del bachiller Sansón Carrasco en la vida fue devolver a don Quijote a la cordura para hacerlo volver a casa, lo que, por desgracia, llevó a Alonso Quijano a la muerte>. De acuerdo, pero creo hay un antecedente en esta controversia, Unamuno, antes de publicar Vida de Don Quijote y Sancho -que no era obra de centenario de 1905-, en una carta a Pedro de Múgica (1904) le dice que está escribiendo: "unas libres meditaciones sobre la base del Quijote". Por eso, aludí en el Ateneo a esta carta de Ortega a Unamuno (31-enero-1907) hablando del Quijote: "vamos a ver lo que da de sí un español filósofo". Y la más decisiva de Ortega a Unamuno (17-febrero-1907): <Respecto a Cervantes comete V. una terrible injusticia histórica considerando sin más ni más como literato al único filósofo español... Esta metafísica cervantina del mundo como imaginación no ha de buscarse sólo en el Quijote. Quién quiera tomarse el trabajo haga un estudio sobre la constante preocupación de Cervantes. ¿Qué otra cosa es El licenciado Vidriera, y el Retablo de las Maravillas y el Curioso impertinente?. Nunca he comprendido cómo en su comentario suprime esta novela dándola de literatura cuando es el germen del Quijote: la realidad como deformación de la realidad, la vida como amaneramiento>. Creo que esta intuición de Ortega es también una clave en la génesis de Meditaciones del Quijote.

San Martín en la Meditación primera se refiere a la época del mito como "realidad fundante": <Y aquí aparece uno de los temas clave del texto y de la interpretación del Quijote: el tema de la realidad. Empieza Ortega señalando la ambigüedad de la palabra "realismo"; la época del mito es la más realista porque concede al ideal detentar la máxima realidad... el mito como fermento de la realidad>. Por tanto, hay una época de la épica y una de la novela, el Quijote es una novela de la modernidad; en esa línea Ortega analiza los dos tipos de Novelas ejemplares de Cervantes, y cita la filosófica novela el Coloquio de los perros. La escritora Blanca de los Ríos escribió un artículo <¿Estudió Cervantes en Salamanca?>, y llegó a la conclusión que estudió dos años como bachiller de filosofía en la Universidad de Salamanca y lo documenta (La España Moderna, 1899). El escritor Marcelino Menéndez Pelayo hizo un discurso en la Universidad Central (8-5-1905) sobre La cultura literaria de Cervantes y elaboración del "Quijote", quizá, deberíamos hacerlo sobre su cultura filosófica, que fue reconocida por el Doctor Gutierre de Cetina en la aprobación de la Segunda parte del Quijote: "libro de mucho entretenimiento lícito, mezclado de mucha filosofía moral>.


Acierta de nuevo, Javier San Martín al citar a José Gaos, que pone el teatro en el centro de la Modernidad, y recuerda su gran pregunta: <¿no resulta el tema más profundo del Quijote el tema de la razón y la realidad? (1947)>. Por esta razón, me referí a un episodio de la biografía de Cervantes de Francisco Navarro Ledesma citada por Javier San Martín, yo sólo había leído el cap. XLIV, Cervantes lee el Quijote, la conversación de don Quijote y el canónigo (sin olvidara "La razón de la sinrazón que a mi razón se hace..."), escribe Francisco Navarro Ledesma: <El episodio misteriosamente, esotéricamente simbólico del cabrero que va en pos de la hermosa cabra fugitiva, nos causa hoy una vaga inquietud. Esta cabra que, cuando su amo cuenta la historia de Leandra la antojadiza, mirándole al rostro daba a entender que esta atenta, ¿qué significa? He aquí un incidente del más alto valor filosófico y estético en el que nadie se ha fijado. ¿Cuántas veces el combatido, el desgraciado Cervantes, sentiría perdérsele la razón, desmayarle la voluntad y exclamaría como el cuitado pastor filósofo: "-Ah cerrera, cerrera, manchada, manchada, ¿y cómo andáis vos estos días de pie cojo? ¡Qué lobos os espantan!... Y los lobos, que son los hombres unos para otros, aullaban en torno de él (Q,I,L)>. Me parece extraordinaria la narrativa de Javier San Martín de la biografía de Cervantes de Francisco Navarro Ledesma y su influencia en Ortega (le impresionó mucho la muerte de su amigo en 1905). La profesora Concha D'Olhaberriague nos enseñó en el Ateneo una bellísima primera edición de El ingenioso hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra de Francisco Navarro Ledesma (tengo la edición de Verbum para leerla, pues ha sido un descubrimiento para mí), la profesora Concha habló, entre otras cosas, del Manifiesto de Marcela de Ortega, de la "alta aventura y rica ganancia del yelmo de Mambrino" y la bacía del barbero (I,XXI) que trata Javier del perspectivismo de Ortega, que no es relativismo, como algunos creen, sino su incipiente teoría del conocimiento.



La segunda parte, Ortega, Cervantes y Don Quijote, trata del Ortega anterior a las Meditaciones, yo desconocía la lúcida carta de Ortega a su padre (21-7-1907) en la que le habla del poético episodio del Caballero del Verde Gabán. Me ha llegado al alma la cita de Javier San Martín de Navarro Ledesma sobre Granada, como Cervantes percibiría "las blancas cimas del Veleta y del Mulhacén" (tengo sangre de Graná por parte de padre y madre), referencia a la que debemos en gran parte: "la magna síntesis de don Quijote y Sancho". No se olvida J. San Martin de citar a Sancho y los requesones, sin embargo, yo apunté que Ortega se olvida un poco de Sancho, y recomendé la maravillosa <Biografía de Sancho Panza. Filósofo de la sensatez>, (1951), de H. Rafael Ramiro Flores, con un excelente prólogo de su amigo Julián Marías (tengo una entrada de blog sobre ella; el autor considera que Cervantes llega a identificarse más con el Sancho de la Segunda parte que con don Quijote). Meditaciones del Quijote es la obra de la mítica sentencia orteguiana, "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo", y mi circunstancia es España. Aquí Ortega descubre el estilo Cervantes, su forma de mirar el mundo, el quijotismo de Cervantes, el del libro; no el quijotismo del personaje de Don Quijote, el de Miguel de Unamuno en Vida de Don Quijote y Sancho y Del sentimiento trágico de la vida. Javier San Martín, en el siguiente epígrafe, bien describe "El quijotismo de Cervantes experiencia esencial de España", primero la pregunta que se hace Ortega: <Razón de más para concentrarnos en el Quijote la magna pregunta: <Dios mío, ¿qué es España?...>. Más adelante, responde a la pregunta con el luminoso texto de la soñada "plenitud española": <¡Ah! si supiéramos con evidencia en qué consiste el estilo cervantes, la manera cervantina de acercarse a las cosas, lo tendríamos todo logrado. Porque en estas cimas espirituales reina inquebrantable solidaridad y un estrilo poético lleva consigo una filosofía y una moral, una ciencia y una política. Si algún día viniera alguien y nos descubriera el perfil del estilo Cervantes, bastaría con que prolongáramos sus líneas sobre los demás problemas colectivos para que despertáramos a una nueva vida. Entonces, sí hay en nosotros coraje y genio, cabría hacer con toda pureza el nuevo ensayo español (Ot I, 793)>. Texto que comentaba con mis alumnos de bachillerato todos los años. Siempre lo he dicho, no soy el primero, Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes es un homenaje al diálogo. Y el diálogo es la esencia del teatro y de la vida. Julián Marías en, Cervantes clave española, da mucha importancia al diálogo en la amistad de Don Quijote y Sancho. Diálogo que, hoy más que nunca, es necesario en España para la convivencia.



Al final de la segunda parte, Javier San Martín hace una primera aproximación a "El retablo de maese Pedro" (Q, II, XXV), y nos sitúa en las Meditaciones del Quijote, en la citada Meditación primera en la que Ortega hace un breve tratado de la novela, habla de los géneros literarios, las Novelas ejemplares y los Libros de caballerías para llegar al retablo donde Don Quijote, quien confunde ficción y realidad. San Martín hilvana muy bien el cuento de El conde Lucanor, del infante Juan Manuel, del rey que, engañado por los pícaros, se cree lo del paño invisible y acaba yendo desnudo, El retablo de las maravillas y El retablo de maese Pedro, pues coinciden los tres en representar una "realidad fingida". En 2017 disfruté mucho con El retablo de las maravillas en el Teatro de La Abadía, y en este año 2026, no tanto, en una versión de El retablo de maese Pedro con música de Manuel de Falla en el Teatro de la Zarzuela. El retablo de Cervantes es más divertido para los lectores porque pone en juego nuestra imaginación, sobre todo, en la escena en la que don Quijote se lía a palos con los títeres para defender a Melisendra, como bien señala Javier "le falla el sentido de la realidad", como advierte Cervantes al principio: "Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros". Y resalta San Martín que, junto al plano épico y el plano de la realidad convencional, según Ortega: <Cervantes pone en primer plano una tercera dimensión, la realidad convencional como campo de la poesía... "La realidad entre en la poesía para elevar a una potencia estética más alta la aventura">. Para San Martín: "el Quijote es fruto de la nueva noción de realidad del Renacimiento... Una primera: esa realidad ya está controlada por una especie de policía, que señala qué está y qué no está permitido. Galileo (la ciencia) es el que establece esa policía>. Una segunda: <"Otro carácter del Renacimiento es la primacía que adquiere lo psicológico" (Ot I, 811); ahí aparece ese mundo interno, las moradas del alma, que dirá Teresa de Ávila, o el lugar de la "Meditación", que desarrollará Íñigo de Loyola>. En eso no estoy de acuerdo, porque el ámbito de la mística no se puede reducir sólo al plano psicológico. Volvemos a Cervantes, autor dramático, como destaca muy bien Javier a propósito del teatro dentro de al novela. He tenido el privilegio de asistir en el Teatro Español a la representación de la Numancia de Cervantes, bien orgulloso estaba como dramaturgo -entre 1582-87-, en el prólogo al lector de “Ocho comedias y entremeses, nuevos, nunca representados”: "que se vieron en los teatros de Madrid representar, Los tratos de Argel que yo compuse; La destruición de Numancia y La batalla naval... fui el primero que representase las imaginaciones y los pensamientos escondidos del alma, sacando las figuras morales al teatro (hambre, Guerra, Muerte, España) con general y gustoso aplauso de los oyentes" (Florencio Sevilla, Castalia, 2001). Y La conquista de Jerusalén de Cervantes, según el manuscrito descubierto por el profesor Stéfano Arata.



Por último, la tercera parte: El retablo de las maravillas. Una genialidad cervantina. Javier San Martín realiza un comparación magistral de los dos retablos que pasará a la historia de los anales cervantinos. Empieza con El retablo de las maravillas (ilustrado en el libro con una elocuente imagen), y después lo compara con El retablo de maese Pedro, éste fue el eje de la conferencia que yo escuché en la Casa de Castilla-La Mancha, y que pasamos "un buen rato" como apostilla él. Tuve que releer ambos retablos cuando recibí el libro de Javier, pues el brillante análisis fenomenológica que realiza con múltiples referencias de cervantistas (Morón Arroyo o George Haley) desborda esta recensión. La minuciosa descripción del proceso creativo cervantino de ambos retablos se visualiza al lector mediante una colección de diapositivas (muestro dos imágenes como ejemplo), y queda al descubierto el "pacto de ficción" y el "pacto de realidad" que realiza el autor con el público, así como el "marco de realidad" en el que se representan ambos retablos, uno dentro de la novela y otro en el teatro. Sólo con los nombres irónicos de los personajes, las exclamaciones y la dinámica teatral en cada escena el público se divierte de lo lindo, aunque también, al meditar la representación se da cuenta que el teatro da que pensar. En El retablo de las maravillas, para Cervantes el don de la palabra cambia la percepción de la realidad, el miedo a ser acusado de falta de limpieza de sangre, por ejemplo, hace que los personajes (excepto el gobernador que en algún momento duda, aparece la sombra del escepticismo), se creen que la palabra es la realidad. Es lo que hoy en día pasa con los que pretenden que el relato sea la única realidad. El dominio del lenguaje popular de Cervantes se manifiesta a través de sus obras literarias en la ambigüedad de lo verosímil y lo inverisímil, una constate narrativa que abre un horizonte hermenéutico del lector para que interprete sus obras con toda libertad.


He dejado para el final el problema de la lectura del Quijote, brevemente, diré que Ortega no era partidario de que se leyera el Quijote en la escuela porque no era obra para niños por su complejidad. Discute con Antonio Zozaya, impulsor del Decreto del 24-05-1905, porque daba prioridad a la preparación técnica y científica y Ortega defendía que la misión de la escuela debe preparar para la vida. La profesora Concha D'Olhaberriague también planteó que la lectura del Quijote no sea obligatoria, pues cada profesor debe integrar en la didáctica de su asignatura, sobre todo, en Lengua y literatura, la selección de lecturas del Quijote que libremente decida. Por mi parte, soy partidario de la lectura selectiva del Quijote en la didácticas de las diferentes signaturas, ya comenté que ha habido congresos sobre esta cuestión, y es, sorprendente, que te encuentres con profesores de matemáticas o de ciencias naturales que relacionan los contenidos de sus materias con la diversidad de episodios de la novela de la España de Cervantes, sin olvidar, las múltiples actividades teatrales, plásticas, dibujos, etcétera que se hacen con el Quijote tanto en la enseñanza primaria como secundaria. Mi experiencia en el aula coincide con el experto que cita Javier San Martín, Alejandro Tiana, la importancia de la lectura en la "formación de los hábitos de leer y en la formación de la persona" como "un instrumento educativo de primer orden". En el Ateneo enseñé la primera edición (2014) popular-escolar de la Real Academia Española adaptada por Arturo Pérez-Reverte, proyecto pendiente de la RAE desde 1912, faltan algunos episodios importantes como es la Historia de Marcela y algunos otros fragmentos del Quijote. La conclusión es clara: hay que leer o releer El Quijote, y las demás obras de Miguel de Cervantes, como recomienda Ortega para entender las Meditaciones del Quijote.



El poeta de la Real Academia de la Lengua, Luis Rosales, al recibir el Premio Cervantes, decía: “Cervantes nunca ha perdido el contacto interior con los lectores. Nos habla desde dentro de nosotros, y por esta razón ha sido, al mismo tiempo, compañero y contemporáneo. Su lectura es imprescindible porque aún tiene una actualidad misteriosa y profética. Y algo más todavía; sigue teniendo una actualidad liberadora. Nos interesa destacar este aspecto. Hoy vivimos la crisis más profunda que hemos vivido nunca. Pues bien, siempre que la vida española se encuentra en crisis, vuelve la vista hacia Cervantes para encontrar en su novela el código de salvación”.


Y, amigo lector, no dejes de leer esta obra de Javier San Martín porque es una maravilla... Gracias.


José María Callejas Berdonés, profesor emérito de Filosofía de Instituto. Madrid.

 
 
 

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