Meditaciones pedagógicas sobre <La vida es sueño>. Pedro Calderón de la Barca.

Estas "Meditaciones pedagógicas sobre <La vida es sueño>"; de Don Pedro Calderón de la Barca se fraguaron en dos institutos de la Comunidad de Madrid. El artículo (revisado hoy por razones pedagógicas) fue publicado en la sección de Didáctica de la Revista Diálogo Filosófico, nº 47, Mayo/Agosto de 2000. La primera representación de la obra la hicimos en el  I.B. García Morato (Madrid, curso 1987-88. Jornada I), en Filosofía de 3º BUP de la que incluyo algunas diapositivas. La segunda representación fue casi completa (acortamos versos y desdoblamos personajes), colaboró en el decorado la profesora de Dibujo, Dolores García Morillas, en el vestuario la Escuela Municipal de Teatro de Alcorcón, y el vídeo VHS (pongo alguna imagen captada) por mi compañero de Filosofía, Emilio Almazán, en el curso 1989-90 en el I.B. Alcorcón VI (Madrid), después denominado Ignacio Ellacuría, siendo yo director, del que guardo un entrañable recuerdo. (Aquí puede leer La vida es sueño enlace: Cervantes Virtual) 

 

“Meditaciones pedagógicas sobre “La vida es sueño”.

 

     “La vida es sueño lo dice más claramente, más plásticamente al menos con su imagen central de la vida como sueño (todo es sueño, menos el “obrar bien que ni en sueños se pierde”). Pero en el poeta la vida es el sueño y en el filósofo, el sueño es la inocencia, y la caída es el despertar a la libertad. En los dos la libertad es lo único real”.  

María Zambrano, “Filosofía y poesía.

 

Con motivo del cuarto centenario Calderón de la Barca, en estas meditaciones intentaré mostrar la dimensión educativa de la “La vida es sueño”; obra dramática que mejor encarna el espíritu del Barroco[1], época de luces y sombras, dudas y certezas, miedos y esperanzas, en la que se valora el alcance real de los sueños del humanismo renacentista y las contradicciones de la vida. Para Unamuno la poesía y la filosofía son gemelas, nuestro teatro poético es un retrato perfecto de nuestro modo de ser, vivir y soñar la realidad. La historia de la filosofía ha evolucionado en paralelo a la del teatro. El teatro es la forma suprema de la palabra en acción, creada por los poetas para educar a los pueblos. Ejemplo sin par, es “Antígona” de Sófocles, uno de los más bellos dramas en el se defiende la libertad de la persona frente a poderes tiránicos o leyes del destino, la cual creemos que influye en “La vida es sueño”. Recordemos a Gabriel Marcel: “Sigo persuadido de que es en el drama y a través del drama donde el pensamiento metafísico se capta a sí mismo y se define en concreto”[2]; será el guía de mi exploración.

 

Estas meditaciones han surgido de dos experiencias pedagógicas realizadas en la Comunidad Autónoma de Madrid; la primera, en el I.B. “García Morato”, curso 1987-88, donde se representó la “Primera Jornada”, en Filosofía de 3º BUP -tema de la libertad- seguida de un teatro-fórum con profesores de Historia y Literatura; y la segunda, en el I.B. “Ignacio Ellacuría”, Alcorcón, curso 1989-90 (29/5/90), se “adaptó” entera. Los alumnos intuyeron a través del lenguaje poético su interpretación de la realidad, descubriendo “entreveradas” la conciencia lingüística y filosófica; se estudiaron los temas de la libertad, la verdad, el lenguaje, el método científico, el derecho, la justicia y la política. Con el auge de las nuevas tecnologías, no debemos olvidar a los clásicos, dado su alto valor antropológico y educativo. El teatro poético es, sin duda, una excelente escuela de humanidad.

 1.- Acotaciones biográficas sobre Don Pedro Calderón de la Barca.

Don Pedro Calderón de la Barca, Madrid (1600-1681), estudió en el Colegio Imperial de los jesuitas junto a la antigua Catedral de Madrid, hoy IES “San Isidro”; amplió sus estudios en la Universidad de Alcalá de Henares y Salamanca, donde obtuvo el Bachiller en Cánones, su formación en humanidades potenció su prodigiosa capacidad creativa. Redactaba con cuidado –por temor a los censores-[3]- tras consultar obras filosóficas, teológicas y literarias para su creación dramática, más de 200 obras;las cuales se representaron, tanto en corrales y palacios como en plazas y catedrales, en España, Holanda, Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Polonia, Rusia y Lima (Perú).

 

Escribió comedias de capa y espada, de honor, históricas, filosóficas, mitológicas, zarzuelas, entremeses y mojigangas –piezas cortas para representar antes y después de los auto sacramentales- éstos concebidos como una excelente pedagogía de la teología, a veces polémicos, ya que irritaban a las mentes intransigentes de círculos eclesiásticos que miraban con recelo al dramaturgo. Su pasión en la vida fue el teatro, transformó la escenografía en todas sus dimensiones: musical, pictórica, vestuario, efectos especiales; - “Dios está en la tramoya”, decía W. Benjamin del teatro alemán en contraposición al de Calderón-; creó el montaje ideal para escenificar la vida real. Un teatro para el pueblo, dos veces al año en la Plaza Mayor (de Madrid), la gente disfrutaba de sus obras. Tuvo una vida agitada con pendencias juveniles que le hicieron descubrir la aventura de la misma; fue padre de un hijo en 1647. En 1651 se ordenó sacerdote, su obra refleja el lado universal de su biografía. Como Lope de Vega, destacó en las justas poéticas; se inició en el teatro escolar, lo cual era habitual en los colegios de jesuitas en Europa, desde el colegio de Granada hasta el de “La Fléche”, donde estudió Descartes.

 

Su primera comedia fue “Amor, honor y poder” (1623). Participó como soldado en Flandes, escribió “El sitio de Breda”, después de concedérsele el hábito de Santiago en 1637; participó en la campaña de Cataluña, en la rebelión de 1642 al servicio de la Casa de Alba. Coetáneo de Velázquez, tenía inclinación a la pintura; hay dramas que visualizan su pensamiento como “El pintor de su deshonra”. Fue capellán de los Reyes Nuevos de Toledo y en Madrid con Felipe IV. Citemos obras ejemplares: “Saber del bien y del mal” (1628), “El príncipe constante” (1629), “La dama duende”, “El mayor encanto el amor”, Palacio del Buen Retiro, “El médico de su honra” y ”La vida es sueño” (1635), “El Alcalde de Zalamea” (1636), ”El mágico prodigioso” (1637), éste influyó en el “Fausto” de Goethe. “En esta vida todo es verdad y todo es mentira”, “Celos aun del aire matan”, “El gran teatro del mundo” y “La vida es sueño” (auto sacramental), éste figuraba en el repertorio de “La Barraca” de Lorca-, “La hija del aire, “Faetón”, “El hijo del Sol”, “El laurel de Apolo” ”La estatua de Prometeo”, El divino Orfeo”.

 2.- Fuentes filosóficas de “La vida es sueño”.

La vida es sueño” [4] fue publicada en 1635 como una comedia, sin embargo, creo que es la tragedia del sueño de la libertad. Leyendo “Don Quijote” de Cervantes, desde la perspectiva filosófica, vemos una fuente que nos lleva al manantial de Platón, del cual bebe, probablemente, Calderón; por un lado, en el Mito de la Caverna, L.VII de “La República” y, por otro, del Mito del Carro Alado, en el “Fedro” donde el alma caída a la tierra sueña con volver al Mundo de las Ideas: la verdadera realidad. El cuerpo es la cárcel del alma, ésta por medio del aprendizaje, recuerda en esta vida el saber olvidado: la reminiscencia. En “Don Quijote”, I, cap. XVI, dice una doncella a Sancho, después de que éste le contara la caída del caballo de su amo: “Bien podrá ser eso; que a mí me ha acontecido muchas veces soñar que caía de una torre abajo, y que nunca acababa de llegar al suelo, y cuando llegaba despertaba del sueño, hallarme tan molida y quebrantada como si verdaderamente hubiera caído”[5]. Aparece la confusión entre sueño y vigilia como “estados psíquicos” del alma, sueño y realidad como identidad.

 

En El Quijote (II, cap. XXss), tras las bodas de Camacho y la historia de Basilio el pobre, viene la aventura de la Cueva de Montesinos –de cierta similitud con el Mito de la Caverna- en la que Sancho da voces a su amo, cuyo cuerpo pende de una ligadura en el vacío: - “Pero no respondía palabra don Quijote y sacándole del todo, vieron que traía los ojos cerrados, con muestras de estar dormido. Tendiéronle en el suelo y desliáronle, y, con todo esto, no despertaba; pero tanto le volvieron y revolvieron, sacudieron y menearon, que al cabo de un buen espacio volvió en sí, desperezándose, bien como si de algún grave y profundo sueño despertara; y mirando a una y otra parte, como espantado, dijo: Dios os lo perdone, amigos; que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos de esta vida pasan como una sombra o como un sueño”. En II, cap. LXII, vuelve D. Quijote: “Dime tú, el que respondes: ¿fue verdad, o fue sueño lo que yo cuento que me pasó en la cueva de Montesinos? ¿Serán ciertos los azotes de Sancho mi escudero? ¿Tendrá efecto el desencanto de Dulcinea?”. Nos interesa retener la pregunta formalmente, pues revela la categoría ontológica-antropológica de verdad o sueño. En II, cap. LXVIII, en otro debate entre escudero y amo sobre el sueño en la vida física y espiritual, D. Quijote dice: “Duerme tú, Sancho que naciste para dormir, que yo, que nací para velar, en el tiempo que falta de aquí al día daré rienda suelta a mis pensamientos.... D. Quijote desvelado piensa y sueña [6].

 

3.- Análisis de los contenidos filosóficos de “La vida es sueño”.

Dramatis personae: Basilio, Rey de Polonia y su hijo el Príncipe Segismundo; Astolfo, Duque de Moscovia; Clotaldo, ayo del príncipe y ayudante del rey; Clarín, gracioso, Estrella, infanta, Rosaura, dama; soldados, músicos, criados, guardas. Espacios escénicos: la acción se desarrolla en Polonia. Monte entre peñascos, torre-prisión, salones de palacio y campo abierto. Ahora vamos a reflexionar al hilo de los textos.

      3.1. JORNADA I. Perdidos en el monte aparecen Rosaura y Clarín al atardecer, al otro lado del escenario, en penumbra y entreabierta, está la torre-prisión de Segismundo.

Escena I. Rosaura –vestido de hombre- desorientada se queja de no tener “otro camino que el que me dan las leyes del destino”; ya en “Antígona”, Corifeo dice que los hombres no pueden eludir las leyes del destino, alude a la predestinación. En clase de filosofía se cuestiona si somos libres porque nos lo impide la sociedad con sus formas de predeterminar la libertad. Rosaura y Clarín “salen de su patria a probar aventuras”.

 

Escena II. Segismundo se lamenta en sus primeras palabras: ¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! Rosaura “se admira” de la torre-prisión, después de escuchar al encadenado [7]. Segismundo clama al cielo la razón de su esclavitud: "aunque  si nací, ya entiendo/qué delito he cometido. / Bastante causa ha tenido/vuestra justicia y rigor, /pues el delito mayor /del hombre es haber nacido. Esta es la primera cuestión filosófica que se plantea, la situación trágica de la vida humana que nos provoca esta “paradoja ontológica”. Segismundo muestra la condición trágica del hombre cuando se compara con los demás hombres, unos nacen con  y otros no, unos libres y otros esclavos. Era la polémica de Bartolomé Las Casas con Ginés de Sepúlveda ante la “duda indiana” de Carlos V. Las Casas defendía que los indios eran libres por naturaleza; como Cervantes y Calderón, ¿por qué encadenarles a priori?, ¿es particular o universal que el hecho de nacer sea delito o culpa?, pero ¿no será la desigualdad de las condiciones sociales en las que se nace? Veamos la interpretación “expiatoria” de Arthur Schopenhauer: “El verdadero sentido de la tragedia es la comprensión de que lo que el héroe expía no son pecados individuales, sino el pecado original, la culpa de vivir. Calderón lo dice exactamente: Pues el delito mayor del hombre es haber nacido”[8]. Segismundo tiene doble culpa: nace él y muere su madre. ¿Serán pecados sociales los que condenan a los hombres a la soledad? o ¿será la condición ontológica, la libertad o la predestinación “calvinista”? 

 

En su famoso soliloquio, Segismundo se mira en el espejo del cielo y de la tierra:

Nace el ave que vuela con sus “alas”, es el símbolo de la libertad de movimientos. En el Mito del Carro Alado de Platón, en el “Fedro o de la belleza” (245c-248e), el alma vuela libre en el Cielo de la Ideas antes de caer a tierra, por eso, dice Segismundo: ¿y teniendo yo más alma / tengo menos libertad? El alma nos distingue de la naturaleza, hay relación con la oración de Pico della Mirandolla, “De hominis dignitate”, en la que el hombre es superior a las otras creaturas de Dios.

Nace el bruto, hombre primitivo, salvaje, bestia, cruel, un animal, bárbaro: ¿y yo con mejor instinto/ tengo menos libertad? Distinto significa mejor condición. Monstruo de su laberinto, el Minotauro, engendro de un toro y Pasífae, esposa del rey Minos, al cual el oráculo le dijo: “Oculta tu vergüenza con astucia”. “La humana necesidad/ le enseña a tener crueldad”, la experiencia de la vida enseña.

Nace el pez, que no respira...”¿y yo con más albedrío/ tengo menos libertad? Albedrío es capacidad de acción –conatus-. Los peces en el agua están mejor que Segismundo al que no dejan actuar. El agua es origen de la vida tanto en Homero como en Tales de Mileto, el aire en Anaxímenes y el “centro frío” es la tierra, mezclada con agua y fuego, según Anaximandro.  Aparecen los cuatro elementos.

Nace el arroyo...” suena” a la elegía de Jorge Manrique, “A la muerte del maestre de Santiago, don Rodrigo Manrique, su padre”: “Nuestras vidas son los ríos/Que van a dar al mar, /Que es el morir...” Ante el canto a la vida de la naturaleza por doquier, todo crece y él mengua.[9].. ” ¿y yo teniendo más vida/ tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión...Segismundo indignado estalla como un volcán, “quemado” como “hijo de la ira”. La antropología tripartita platónica: alma racional, irascible-pasión y concupiscible-instinto, queda explícita. La pasión puede ser noble o baja, según mire al bien de la voluntad o a la necesidad del instinto. Segismundo sufre la injusticia y ahora deberá “armonizar la razón con los sentimientos”, como decía Platón. Aparece aquí el determinismo físico, “psicosocial” y teológico.

 

El fuego origina el Cosmos en Heráclito, es la metáfora de la lucha de contrarios, signo calderoniano plasmado en el encadenado, que clama al Rey de la Creación y pregunta desaforado: “¿Qué ley, justicia o razón/negar a los hombres sabe/privilegio tan suave”. Es la pregunta filosófica-teológica del Barroco: ¿predestinación o libertad? Decía Luis Rosales que toda pregunta es inextinguible por lo que contiene de esperanza; cuando ésta se pierde viene la violencia, Segismundo reacciona brutalmente contra Rosaura porque escuchó sus lamentos y le dice que sólo habló a un hombre –Clotaldo- quien le enseñó política, noticias del cielo y la tierra; lo demás, de la naturaleza lo aprendió. Es la situación del hombre respecto a la educación, como los prisioneros de la caverna platónica, sólo ven sombras y oyen voces, están encadenados a la ignorancia. La mayor injusticia es dejar a un hombre sin educación porque es dejarle sin libertad. La educación ha sido eliminada por su padre Basilio que le castiga sin amor. El ser humano necesita afecto y si no lo tiene se hace violento, como Segismundo, sin embargo, éste percibe un gesto de cariño de Rosaura, la cual se da cuenta de que hay alguien más desdichada que ella; este gesto es una “cura de humildad”. En el diálogo se descubre la verdad, gracias a la “paideia” implícita en el drama, el yo se ve reflejado en el tú, la revelación de su alteridad ontológica, es decir, cómo los afectos del otro nos humanizan, toda una lección de psicología y de ética, la persona es un fin en sí mismo.

 

Escena III. Aparece Clotaldo recriminando a los guardas que han dejado pasar a dos personas al coto cerrado de la cárcel, violando el decreto del Rey Basilio. Como en “Antígona”, Ismene y Antígona violan el decreto injusto del rey-tirano Creonte que prohibe enterrar al hermano de aquellas, Polinices. Aquí Segismundo: “cuna y sepulcro fue esta torre para mí”,” esqueleto vivo”, le acusa a Clotaldo de ser tirano-dueño.

 

Escena IV. Dice Clarín, en un gesto de modestia dado a Segismundo, al que no le obligan Humildad y Soberbia, personajes de mil auto sacramentales: ”yo, ni humilde ni soberbio, /sino entre las dos mitades/ entreverado, te pido/que nos remedies y ampares”. Vislumbramos uno de los consejos que D. Quijote da a Sancho para que sea buen gobernador de la ínsula prometida, en el cap. XLII, que es un compendio de valores morales: “préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio”. Los románticos alemanes descubrieron a Cervantes, según afirma H.J. Neuschäfer[10], D. Quijote abrió la puerta al teatro de Calderón, a través de Ludwig Tieck[11], primero a Schlegel –traductor de “El príncipe constante”- y luego a Goethe, el cual puso esta obra en escena en Weimar y le dijo a Schiller en una carta que: ”si toda la poesía del mundo desapareciera, se podría restaurar con esta pieza” [12]. La poesía es también sabiduría.

 Rosaura entrega la espada a Clotaldo, éste descubre que es su “hijo” y ha de comportarse “amoroso como hijo y piadoso como padre”, en clara contradicción con su conducta respecto a Segismundo (tirano-dueño). Clotaldo angustiado, procura que no se entere el Rey Basilio, pues le costaría la vida a su hijo por hablar con Segismundo y haber violado el decreto del Rey; por ello se lamenta: “De una parte el amor propio/y la lealtad de otra parte/me rinde. Pero ¿qué dudo? /La lealtad al Rey ¿no es antes/ que la vida y que el honor? / Pues ella viva y él falte. Su paradoja vital es resuelta por el Rey al desvelar el secreto de su hijo más adelante. Se plantea el dilema moral: lealtad/honor.

 

Escena VI. “Sabio Tales...Docto Euclides...que entre signos...que entre estrellas...hoy gobiernas...tasas y mides...”, es el perfil del Rey “astrólogo”[13], cuyo sobrenombre es el de “docto”: “que a quien le daña el saber, / homicida es de sí mismo”. Tales de Mileto, uno de los siete sabios de Grecia, predijo un eclipse de sol, en el 585 a.C. Euclides es el padre de la geometría clásica, ciencia clave de la astronomía moderna. El Rey Basilio, describe su interés por “las matemáticas sutiles” el sol, las estrellas y otros signos, son libros donde se inscribe “en caracteres distintos,/el cielo nuestros sucesos,/ ya adversos, ya benignos”...su tragedia: “En Clorilene, mi esposa,/tuve un infelice hijo,/ en cuyo parto los cielos/ se agotaron de prodigios/...Su madre infinitas veces,/ entre ideas y delirios/ del sueño, vio que rompía/ sus entrañas atrevido/ un monstruo en forma de hombre,/ y entre su sangre teñido/ le daba muerte, naciendo/ víbora humana del siglo/. Basilio se imagina que Segismundo será el príncipe más cruel, el monarca más impío y su reino: “escuela de traiciones/ y academia de los vicios”. El Rey da crédito a los hados que pronostican fatales presagios y le encierra: “Allí Segismundo vive/ mísero, pobre y cautivo, / adonde sólo Clotaldo/ le ha hablado, tratado y visto. / Éste le ha enseñado las ciencias; éste en la ley le ha instruido/católica, siendo solo/de sus miserias testigo/. ¿Así se educa al príncipe católico como El Príncipe de Maquiavelo?

 

Recibe instrucción sin educación, ideas sin vida, conceptos sin alma, miradas sin afecto y libertad condicional. Decía Platón que: “no hay ninguna disciplina que deba de aprender el hombre libre por medio de la esclavitud”. “Porque el hado más esquivo, /la inclinación más violenta, /el planeta más impío,/sólo el albedrío inclina,/no fuerzan el albedrío”. Entre líneas se alude a personas, instituciones o doctrinas que anulen esta condición humana: es la cuestión de fondo de la vida,[14] sea sueño o realidad, es libertad.

3.2. JORNADA II. Salón del Palacio. Escena I. Basilio y su ayudante Clotaldo.

Clotaldo da a Segismundo una “pócima de hierbas”, cuya virtud es privar “el humano discurso” adormecido “sin sentidos ni potencias”; urden un experimento conforme a su “hipótesis del hado” para tratar a una persona como a un objeto; una prueba que consiste en hacerle creer que es rey de verdad para observar si se comporta dignamente como heredero o no. Un “medio” para sus fines diría Kant. Clotaldo: “hablé un rato con las letras/ humanas, que le ha enseñado/ la madre naturaleza/ de los montes y los cielos, / en cuya divina escuela / la retórica aprendió de las aves y las fieras”. Basilio: “Y así he querido dejar/ abierta al daño la puerta/ del decir que fue soñado/cuanto vio. Con esto llegan/ a examinarse dos cosas: /su condición, la primera:/ pues él despierto procede /en cuanto imagina y piensa./ Y el consuelo la segunda; /pues, aunque ahora se vea /obedecido, y después/ a las prisiones vuelva, /podrá entender que soñó/ y hará bien cuando lo entienda;/ porque en el mundo, Clotaldo, /todos los que viven sueñan”. Juegan con su persona, le duermen para despertarle con libertad vigilada. J. Rivero agrupa en cinco las tensiones del libre albedrío en Calderón: 1) Fuerzas de la naturaleza, hado, destino, etc. 2) Ley del padre 3) Ley del rey 4) Ley de la sociedad 5) Omnipotencia y omnisciencia divina.[15] Además, contrasta ese concepto de libertad con la escolástica.

 

Los versos de Calderón hablan de discursos, dudas, razones, evidencias, piensan e imaginan con claridades y distinciones nos remiten a Descartes, en el que influyó, sin duda, “La vida es sueño”, sobre todo en el “Discurso del método”, (1637), en la 4ª parte: “Considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esa verdad: “yo pienso, luego soy”, era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando” [16]. Esta idea es el faro de la modernidad. La Medicina avanza en el S. XVII, preocupa la salud como muestra Descartes en su “Tratado del hombre”, que no publicó en 1633 por el juicio a Galileo. Calderón estaba entre los que defendían el sistema copernicano que en Salamanca ya se explicaba desde 1561- ver nota 13-; igual que Descartes conocía los primeros pasos de la ciencia moderna y su método hipotético-deductivo; el conflicto estalló en 1633 cuando Galileo dijo que el sistema heliocéntrico no eran meras hipótesis, sino que sus verificaciones eran ciertas.

 

Descartes en sus “Meditaciones metafísicas”, vuelve al tema del sueño y cuando reflexiona sobre la hipótesis del genio maligno o gran burlador dice: “Más este designio es penoso –como el mal presagio en la mente Basilio sobre Segismundo- y laborioso, y cierta dejadez me arrastra insensiblemente al curso de mi vida ordinaria; y como esclavo que sueña que está gozando de una libertad imaginaria, al empezar a sospechar que su libertad es un sueño, teme al despertar y conspira con esas gratas ilusiones para seguir siendo más tiempo engañado, así yo vuelvo insensiblemente a caer en mis antiguas opiniones y temo el despertar de esta somnolencia, por miedo a que las laboriosas vigilias que habían de suceder a la tranquilidad de mi reposo, en lugar de darme alguna vez en el conocimiento de la verdad, no sean bastantes a aclarar todas las tinieblas de las dificultades que acabo de remover”[17]. El texto es elocuente respecto a “La vida es sueño”, tememos el despertar porque la libertad exige sacrificio y eludimos el desengaño. “El enfermo imaginario”, de Molière, sueña con la salud eterna. Kant en “Los sueños de un visionario”, contrapone a éstos “soñadores de la sensación”, con los metafísicos, “soñadores de la razón”; Hume le despertó del “sueño dogmático”.

 

Platón critica a Homero por la inmoralidad de sus dioses, pues trastoca el valor educativo de la poesía, ya que los niños no distinguen el sentido de las alegorías; en clara alusión dice: “Luego la divinidad es enteramente simple y verdadera tanto en sus palabras como en sus obras. Ni se transforma, ni engaña a los demás, valiéndose de fantasmas, de discursos o de signos, tanto en sueños como en estados de vigilia”[18]. En el auto “El gran teatro del mundo” de Calderón resuena: “Obrar bien, que Dios es Dios”. Descartes en su 3ª meditación incluye en el argumento ontológico ese concepto “íntegro” de Dios.

 

Escena III. Músicos cantando y criados vistiendo a Segismundo que sale “alucinado”: “¿Yo despertar de dormir/ en lecho tan excelente? /Yo en medio de tanta gente/ que me sirva de vestir? /Decir que sueño es engaño:/bien sé que despierto estoy. /¿Yo Segismundo no soy?/ Dadme cielos, desengaño”[19]. Se plantea la cuestión de la identidad de la persona que actúa tras un personaje, a veces, nos engañamos a nosotros mismos y no queremos “ajustarnos” a la realidad. Segismundo “se cae del guindo” en estos versos: (Clotaldo es: ¿pues cómo así/ quien en prisión me maltrata –como a un objeto experimental-/ con tal respeto me trata –como a una persona-/por eso Segismundo recrimina a Clotaldo que su nuevo estado le fue negado “contra razón y derecho”, el príncipe enojado trata de matar a su ayo e intenta tirar a un criado, que se interpone entre ellos, por la ventana; el criado dice que Clotaldo obedeció al Rey. Calderón plantea el tema de Ética y Política: la justicia como fundamento de la ley, de la tradición solidaria de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca ante la Conquista de América, que consolidó la dignidad de la persona como sujeto jurídico universal. Segismundo responde: “En lo que no es justa la ley/ no ha de obedecer al Rey/ y su príncipe era yo”. En dos versos, Calderón, adelanta el argumento de “El Alcalde de Zalamea”: la Justicia está por encima de la ley, sea para el capitán o el Rey. Es el noble ideal al que dedicó su vida Platón y uno de los argumentos de la inmortalidad del alma, si no hay Justicia en “este mundo” tendrá que haberla en el Otro.

 

Escena V. Sale Estrella y Clarín se la presenta a Segismundo como su prima, a la que dice que su nombre es Sol y no estrella. Al criado que le dice “lo que es justo”, Segismundo responde: ”Nada me parece justo/ en siendo contra mi gusto” y le amenaza con tirarlo por el balcón al mar (en los mapas Polonia se dibujaba junto al Mar Caspio) y lo tiró. Segismundo está irascible, su impulso irracional revela lo que Nietzsche llamaba “sabiduría instintiva”. Don Gregorio Marañón, médico y humanista, decía que “la gran obra de la educación es la superación ética de los instintos”. Ahora, las virtudes platónicas, prudencia, valentía y templanza “deben guiar al príncipe”.

 

Escena VI. Sale Basilio y recrimina a Segismundo que su primera acción como heredero sea un homicidio y verifica su “hipótesis del hado”, provisionalmente, porque veremos en el desarrollo de la acción del drama que no se puede predecir la conducta humana como se predicen los eclipses. El padre de Calderón fue un hombre autoritario, el conflicto padre-hijo en la “La vida es sueño” se ha interpretado más que como el complejo de Edipo como el de Layo -nota 19-; aparece ya en la “Antígona” de Sófocles, cuando discuten el prometido de Antígona, Hemón, y Creonte. En “La vida es sueño” escucharían atentos los padres “biológicos” o “tutelares” –sean estos curas, obispos o “directores espirituales”, figura propia de los jesuitas- sean creyentes o no, deben educar con amor y respetar la libertad. Se supone “a priori” que los padres deben saber que, en la vida, la experiencia es madre de la ciencia. Ignacio Arel