Meditaciones pedagógicas sobre <La vida es sueño>. Pedro Calderón de la Barca.

Estas "Meditaciones pedagógicas sobre <La vida es sueño>"; de Don Pedro Calderón de la Barca se fraguaron en dos institutos de la Comunidad de Madrid. El artículo (revisado hoy por razones pedagógicas) fue publicado en la sección de Didáctica de la Revista Diálogo Filosófico, nº 47, Mayo/Agosto de 2000. La primera representación de la obra la hicimos en el I.B. García Morato (Madrid, curso 1987-88. Jornada I), en Filosofía de 3º BUP de la que incluyo algunas diapositivas. La segunda representación fue casi completa (acortamos versos y desdoblamos personajes), colaboró en el decorado la profesora de Dibujo, Dolores García Morillas, en el vestuario la Escuela Municipal de Teatro de Alcorcón, y el vídeo VHS (pongo alguna imagen captada) por mi compañero de Filosofía, Emilio Almazán, en el curso 1989-90 en el I.B. Alcorcón VI (Madrid), después denominado Ignacio Ellacuría, siendo yo director, del que guardo un entrañable recuerdo. (Aquí puede leer La vida es sueño enlace: Cervantes Virtual)


“Meditaciones pedagógicas sobre “La vida es sueño”.

La vida es sueño lo dice más claramente, más plásticamente al menos con su imagen central de la vida como sueño (todo es sueño, menos el “obrar bien que ni en sueños se pierde”). Pero en el poeta la vida es el sueño y en el filósofo, el sueño es la inocencia, y la caída es el despertar a la libertad. En los dos la libertad es lo único real”.

María Zambrano, “Filosofía y poesía.


Con motivo del cuarto centenario Calderón de la Barca, en estas meditaciones intentaré mostrar la dimensión educativa de la “La vida es sueño”; obra dramática que mejor encarna el espíritu del Barroco[1], época de luces y sombras, dudas y certezas, miedos y esperanzas, en la que se valora el alcance real de los sueños del humanismo renacentista y las contradicciones de la vida. Para Unamuno la poesía y la filosofía son gemelas, nuestro teatro poético es un retrato perfecto de nuestro modo de ser, vivir y soñar la realidad. La historia de la filosofía ha evolucionado en paralelo a la del teatro. El teatro es la forma suprema de la palabra en acción, creada por los poetas para educar a los pueblos. Ejemplo sin par, es “Antígona” de Sófocles, uno de los más bellos dramas en el se defiende la libertad de la persona frente a poderes tiránicos o leyes del destino, la cual creemos que influye en “La vida es sueño”. Recordemos a Gabriel Marcel: “Sigo persuadido de que es en el drama y a través del drama donde el pensamiento metafísico se capta a sí mismo y se define en concreto”[2]; será el guía de mi exploración.


Estas meditaciones han surgido de dos experiencias pedagógicas realizadas en la Comunidad Autónoma de Madrid; la primera, en el I.B. “García Morato”, curso 1987-88, donde se representó la “Primera Jornada”, en Filosofía de 3º BUP -tema de la libertad- seguida de un teatro-fórum con profesores de Historia y Literatura; y la segunda, en el I.B. “Ignacio Ellacuría”, Alcorcón, curso 1989-90 (29/5/90), se “adaptó” entera. Los alumnos intuyeron a través del lenguaje poético su interpretación de la realidad, descubriendo “entreveradas” la conciencia lingüística y filosófica; se estudiaron los temas de la libertad, la verdad, el lenguaje, el método científico, el derecho, la justicia y la política. Con el auge de las nuevas tecnologías, no debemos olvidar a los clásicos, dado su alto valor antropológico y educativo. El teatro poético es, sin duda, una excelente escuela de humanidad.

1.- Acotaciones biográficas sobre Don Pedro Calderón de la Barca.

Don Pedro Calderón de la Barca, Madrid (1600-1681), estudió en el Colegio Imperial de los jesuitas junto a la antigua Catedral de Madrid, hoy IES “San Isidro”; amplió sus estudios en la Universidad de Alcalá de Henares y Salamanca, donde obtuvo el Bachiller en Cánones, su formación en humanidades potenció su prodigiosa capacidad creativa. Redactaba con cuidado –por temor a los censores-[3]- tras consultar obras filosóficas, teológicas y literarias para su creación dramática, más de 200 obras;las cuales se representaron, tanto en corrales y palacios como en plazas y catedrales, en España, Holanda, Francia, Italia, Inglaterra, Alemania, Polonia, Rusia y Lima (Perú).


Escribió comedias de capa y espada, de honor, históricas, filosóficas, mitológicas, zarzuelas, entremeses y mojigangas –piezas cortas para representar antes y después de los auto sacramentales- éstos concebidos como una excelente pedagogía de la teología, a veces polémicos, ya que irritaban a las mentes intransigentes de círculos eclesiásticos que miraban con recelo al dramaturgo. Su pasión en la vida fue el teatro, transformó la escenografía en todas sus dimensiones: musical, pictórica, vestuario, efectos especiales; - “Dios está en la tramoya”, decía W. Benjamin del teatro alemán en contraposición al de Calderón-; creó el montaje ideal para escenificar la vida real. Un teatro para el pueblo, dos veces al año en la Plaza Mayor (de Madrid), la gente disfrutaba de sus obras. Tuvo una vida agitada con pendencias juveniles que le hicieron descubrir la aventura de la misma; fue padre de un hijo en 1647. En 1651 se ordenó sacerdote, su obra refleja el lado universal de su biografía. Como Lope de Vega, destacó en las justas poéticas; se inició en el teatro escolar, lo cual era habitual en los colegios de jesuitas en Europa, desde el colegio de Granada hasta el de “La Fléche”, donde estudió Descartes.

Su primera comedia fue “Amor, honor y poder” (1623). Participó como soldado en Flandes, escribió “El sitio de Breda”, después de concedérsele el hábito de Santiago en 1637; participó en la campaña de Cataluña, en la rebelión de 1642 al servicio de la Casa de Alba. Coetáneo de Velázquez, tenía inclinación a la pintura; hay dramas que visualizan su pensamiento como “El pintor de su deshonra”. Fue capellán de los Reyes Nuevos de Toledo y en Madrid con Felipe IV. Citemos obras ejemplares: “Saber del bien y del mal” (1628), “El príncipe constante” (1629), “La dama duende”, “El mayor encanto el amor”, Palacio del Buen Retiro, “El médico de su honra” y ”La vida es sueño” (1635), “El Alcalde de Zalamea” (1636), ”El mágico prodigioso” (1637), éste influyó en el “Fausto” de Goethe. “En esta vida todo es verdad y todo es mentira”, “Celos aun del aire matan”, “El gran teatro del mundo” y “La vida es sueño” (auto sacramental), éste figuraba en el repertorio de “La Barraca” de Lorca-, “La hija del aire”, “Faetón”, “El hijo del Sol”, “El laurel de Apolo” ”La estatua de Prometeo”, “El divino Orfeo”.

2.- Fuentes filosóficas de “La vida es sueño”.

La vida es sueño” [4] fue publicada en 1635 como una comedia, sin embargo, creo que es la tragedia del sueño de la libertad. Leyendo “Don Quijote” de Cervantes, desde la perspectiva filosófica, vemos una fuente que nos lleva al manantial de Platón, del cual bebe, probablemente, Calderón; por un lado, en el Mito de la Caverna, L.VII de “La República” y, por otro, del Mito del Carro Alado, en el “Fedro” donde el alma caída a la tierra sueña con volver al Mundo de las Ideas: la verdadera realidad. El cuerpo es la cárcel del alma, ésta por medio del aprendizaje, recuerda en esta vida el saber olvidado: la reminiscencia. En “Don Quijote”, I, cap. XVI, dice una doncella a Sancho, después de que éste le contara la caída del caballo de su amo: “Bien podrá ser eso; que a mí me ha acontecido muchas veces soñar que caía de una torre abajo, y que nunca acababa de llegar al suelo, y cuando llegaba despertaba del sueño, hallarme tan molida y quebrantada como si verdaderamente hubiera caído”[5]. Aparece la confusión entre sueño y vigilia como “estados psíquicos” del alma, sueño y realidad como identidad.


En El Quijote (II, cap. XXss), tras las bodas de Camacho y la historia de Basilio el pobre, viene la aventura de la Cueva de Montesinos –de cierta similitud con el Mito de la Caverna- en la que Sancho da voces a su amo, cuyo cuerpo pende de una ligadura en el vacío: - “Pero no respondía palabra don Quijote y sacándole del todo, vieron que traía los ojos cerrados, con muestras de estar dormido. Tendiéronle en el suelo y desliáronle, y, con todo esto, no despertaba; pero tanto le volvieron y revolvieron, sacudieron y menearon, que al cabo de un buen espacio volvió en sí, desperezándose, bien como si de algún grave y profundo sueño despertara; y mirando a una y otra parte, como espantado, dijo: Dios os lo perdone, amigos; que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos de esta vida pasan como una sombra o como un sueño”. En II, cap. LXII, vuelve D. Quijote: “Dime tú, el que respondes: ¿fue verdad, o fue sueño lo que yo cuento que me pasó en la cueva de Montesinos? ¿Serán ciertos los azotes de Sancho mi escudero? ¿Tendrá efecto el desencanto de Dulcinea?”. Nos interesa retener la pregunta formalmente, pues revela la categoría ontológica-antropológica de verdad o sueño. En II, cap. LXVIII, en otro debate entre escudero y amo sobre el sueño en la vida física y espiritual, D. Quijote dice: “Duerme tú, Sancho que naciste para dormir, que yo, que nací para velar, en el tiempo que falta de aquí al día daré rienda suelta a mis pensamientos.... D. Quijote desvelado piensa y sueña [6].


3.- Análisis de los contenidos filosóficos de “La vida es sueño”.

Dramatis personae: Basilio, Rey de Polonia y su hijo el Príncipe Segismundo; Astolfo, Duque de Moscovia; Clotaldo, ayo del príncipe y ayudante del rey; Clarín, gracioso, Estrella, infanta, Rosaura, dama; soldados, músicos, criados, guardas. Espacios escénicos: la acción se desarrolla en Polonia. Monte entre peñascos, torre-prisión, salones de palacio y campo abierto. Ahora vamos a reflexionar al hilo de los textos.

3.1. JORNADA I. Perdidos en el monte aparecen Rosaura y Clarín al atardecer, al otro lado del escenario, en penumbra y entreabierta, está la torre-prisión de Segismundo.

Escena I. Rosaura –vestido de hombre- desorientada se queja de no tener “otro camino que el que me dan las leyes del destino”; ya en “Antígona”, Corifeo dice que los hombres no pueden eludir las leyes del destino, alude a la predestinación. En clase de filosofía se cuestiona si somos libres porque nos lo impide la sociedad con sus formas de predeterminar la libertad. Rosaura y Clarín “salen de su patria a probar aventuras”.


Escena II. Segismundo se lamenta en sus primeras palabras: ¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! Rosaura “se admira” de la torre-prisión, después de escuchar al encadenado [7]. Segismundo clama al cielo la razón de su esclavitud: "aunque si nací, ya entiendo/qué delito he cometido. / Bastante causa ha tenido/vuestra justicia y rigor, /pues el delito mayor /del hombre es haber nacido. Esta es la primera cuestión filosófica que se plantea, la situación trágica de la vida humana que nos provoca esta “paradoja ontológica”. Segismundo muestra la condición trágica del hombre cuando se compara con los demás hombres, unos nacen con y otros no, unos libres y otros esclavos. Era la polémica de Bartolomé Las Casas con Ginés de Sepúlveda ante la “duda indiana” de Carlos V. Las Casas defendía que los indios eran libres por naturaleza; como Cervantes y Calderón, ¿por qué encadenarles a priori?, ¿es particular o universal que el hecho de nacer sea delito o culpa?, pero ¿no será la desigualdad de las condiciones sociales en las que se nace? Veamos la interpretación “expiatoria” de Arthur Schopenhauer: “El verdadero sentido de la tragedia es la comprensión de que lo que el héroe expía no son pecados individuales, sino el pecado original, la culpa de vivir. Calderón lo dice exactamente: Pues el delito mayor del hombre es haber nacido”[8]. Segismundo tiene doble culpa: nace él y muere su madre. ¿Serán pecados sociales los que condenan a los hombres a la soledad? o ¿será la condición ontológica, la libertad o la predestinación “calvinista”?


En su famoso soliloquio, Segismundo se mira en el espejo del cielo y de la tierra:

Nace el ave que vuela con sus “alas”, es el símbolo de la libertad de movimientos. En el Mito del Carro Alado de Platón, en el “Fedro o de la belleza” (245c-248e), el alma vuela libre en el Cielo de la Ideas antes de caer a tierra, por eso, dice Segismundo: ¿y teniendo yo más alma / tengo menos libertad? El alma nos distingue de la naturaleza, hay relación con la oración de Pico della Mirandolla, “De hominis dignitate”, en la que el hombre es superior a las otras creaturas de Dios.

Nace el bruto, hombre primitivo, salvaje, bestia, cruel, un animal, bárbaro: ¿y yo con mejor instinto/ tengo menos libertad? Distinto significa mejor condición. Monstruo de su laberinto, el Minotauro, engendro de un toro y Pasífae, esposa del rey Minos, al cual el oráculo le dijo: “Oculta tu vergüenza con astucia”. “La humana necesidad/ le enseña a tener crueldad”, la experiencia de la vida enseña.

Nace el pez, que no respira...”¿y yo con más albedrío/ tengo menos libertad? Albedrío es capacidad de acción –conatus-. Los peces en el agua están mejor que Segismundo al que no dejan actuar. El agua es origen de la vida tanto en Homero como en Tales de Mileto, el aire en Anaxímenes y el “centro frío” es la tierra, mezclada con agua y fuego, según Anaximandro. Aparecen los cuatro elementos.

Nace el arroyo...” suena” a la elegía de Jorge Manrique, “A la muerte del maestre de Santiago, don Rodrigo Manrique, su padre”: “Nuestras vidas son los ríos/Que van a dar al mar, /Que es el morir...” Ante el canto a la vida de la naturaleza por doquier, todo crece y él mengua.[9].. ” ¿y yo teniendo más vida/ tengo menos libertad?

En llegando a esta pasión...Segismundo indignado estalla como un volcán, “quemado” como “hijo de la ira”. La antropología tripartita platónica: alma racional, irascible-pasión y concupiscible-instinto, queda explícita. La pasión puede ser noble o baja, según mire al bien de la voluntad o a la necesidad del instinto. Segismundo sufre la injusticia y ahora deberá “armonizar la razón con los sentimientos”, como decía Platón. Aparece aquí el determinismo físico, “psicosocial” y teológico.


El fuego origina el Cosmos en Heráclito, es la metáfora de la lucha de contrarios, signo calderoniano plasmado en el encadenado, que clama al Rey de la Creación y pregunta desaforado: “¿Qué ley, justicia o razón/negar a los hombres sabe/privilegio tan suave”. Es la pregunta filosófica-teológica del Barroco: ¿predestinación o libertad? Decía Luis Rosales que toda pregunta es inextinguible por lo que contiene de esperanza; cuando ésta se pierde viene la violencia, Segismundo reacciona brutalmente contra Rosaura porque escuchó sus lamentos y le dice que sólo habló a un hombre –Clotaldo- quien le enseñó política, noticias del cielo y la tierra; lo demás, de la naturaleza lo aprendió. Es la situación del hombre respecto a la educación, como los prisioneros de la caverna platónica, sólo ven sombras y oyen voces, están encadenados a la ignorancia. La mayor injusticia es dejar a un hombre sin educación porque es dejarle sin libertad. La educación ha sido eliminada por su padre Basilio que le castiga sin amor. El ser humano necesita afecto y si no lo tiene se hace violento, como Segismundo, sin embargo, éste percibe un gesto de cariño de Rosaura, la cual se da cuenta de que hay alguien más desdichada que ella; este gesto es una “cura de humildad”. En el diálogo se descubre la verdad, gracias a la “paideia” implícita en el drama, el yo se ve reflejado en el tú, la revelación de su alteridad ontológica, es decir, cómo los afectos del otro nos humanizan, toda una lección de psicología y de ética, la persona es un fin en sí mismo.


Escena III. Aparece Clotaldo recriminando a los guardas que han dejado pasar a dos personas al coto cerrado de la cárcel, violando el decreto del Rey Basilio. Como en “Antígona”, Ismene y Antígona violan el decreto injusto del rey-tirano Creonte que prohibe enterrar al hermano de aquellas, Polinices. Aquí Segismundo: “cuna y sepulcro fue esta torre para mí”,” esqueleto vivo”, le acusa a Clotaldo de ser tirano-dueño.


Escena IV. Dice Clarín, en un gesto de modestia dado a Segismundo, al que no le obligan Humildad y Soberbia, personajes de mil auto sacramentales: ”yo, ni humilde ni soberbio, /sino entre las dos mitades/ entreverado, te pido/que nos remedies y ampares”. Vislumbramos uno de los consejos que D. Quijote da a Sancho para que sea buen gobernador de la ínsula prometida, en el cap. XLII, que es un compendio de valores morales: “préciate más de ser humilde virtuoso que pecador soberbio”. Los románticos alemanes descubrieron a Cervantes, según afirma H.J. Neuschäfer[10], D. Quijote abrió la puerta al teatro de Calderón, a través de Ludwig Tieck[11], primero a Schlegel –traductor de “El príncipe constante”- y luego a Goethe, el cual puso esta obra en escena en Weimar y le dijo a Schiller en una carta que: ”si toda la poesía del mundo desapareciera, se podría restaurar con esta pieza” [12]. La poesía es también sabiduría.

Rosaura entrega la espada a Clotaldo, éste descubre que es su “hijo” y ha de comportarse “amoroso como hijo y piadoso como padre”, en clara contradicción con su conducta respecto a Segismundo (tirano-dueño). Clotaldo angustiado, procura que no se entere el Rey Basilio, pues le costaría la vida a su hijo por hablar con Segismundo y haber violado el decreto del Rey; por ello se lamenta: “De una parte el amor propio/y la lealtad de otra parte/me rinde. Pero ¿qué dudo? /La lealtad al Rey ¿no es antes/ que la vida y que el honor? / Pues ella viva y él falte. Su paradoja vital es resuelta por el Rey al desvelar el secreto de su hijo más adelante. Se plantea el dilema moral: lealtad/honor.


Escena VI. “Sabio Tales...Docto Euclides...que entre signos...que entre estrellas...hoy gobiernas...tasas y mides...”, es el perfil del Rey “astrólogo”[13], cuyo sobrenombre es el de “docto”: “que a quien le daña el saber, / homicida es de sí mismo”. Tales de Mileto, uno de los siete sabios de Grecia, predijo un eclipse de sol, en el 585 a.C. Euclides es el padre de la geometría clásica, ciencia clave de la astronomía moderna. El Rey Basilio, describe su interés por “las matemáticas sutiles” el sol, las estrellas y otros signos, son libros donde se inscribe “en caracteres distintos,/el cielo nuestros sucesos,/ ya adversos, ya benignos”...su tragedia: “En Clorilene, mi esposa,/tuve un infelice hijo,/ en cuyo parto los cielos/ se agotaron de prodigios/...Su madre infinitas veces,/ entre ideas y delirios/ del sueño, vio que rompía/ sus entrañas atrevido/ un monstruo en forma de hombre,/ y entre su sangre teñido/ le daba muerte, naciendo/ víbora humana del siglo/. Basilio se imagina que Segismundo será el príncipe más cruel, el monarca más impío y su reino: “escuela de traiciones/ y academia de los vicios”. El Rey da crédito a los hados que pronostican fatales presagios y le encierra: “Allí Segismundo vive/ mísero, pobre y cautivo, / adonde sólo Clotaldo/ le ha hablado, tratado y visto. / Éste le ha enseñado las ciencias; éste en la ley le ha instruido/católica, siendo solo/de sus miserias testigo/. ¿Así se educa al príncipe católico como El Príncipe de Maquiavelo?


Recibe instrucción sin educación, ideas sin vida, conceptos sin alma, miradas sin afecto y libertad condicional. Decía Platón que: “no hay ninguna disciplina que deba de aprender el hombre libre por medio de la esclavitud”. “Porque el hado más esquivo, /la inclinación más violenta, /el planeta más impío,/sólo el albedrío inclina,/no fuerzan el albedrío”. Entre líneas se alude a personas, instituciones o doctrinas que anulen esta condición humana: es la cuestión de fondo de la vida,[14] sea sueño o realidad, es libertad.

3.2. JORNADA II. Salón del Palacio. Escena I. Basilio y su ayudante Clotaldo.

Clotaldo da a Segismundo una “pócima de hierbas”, cuya virtud es privar “el humano discurso” adormecido “sin sentidos ni potencias”; urden un experimento conforme a su “hipótesis del hado” para tratar a una persona como a un objeto; una prueba que consiste en hacerle creer que es rey de verdad para observar si se comporta dignamente como heredero o no. Un “medio” para sus fines diría Kant. Clotaldo: “hablé un rato con las letras/ humanas, que le ha enseñado/ la madre naturaleza/ de los montes y los cielos, / en cuya divina escuela / la retórica aprendió de las aves y las fieras”. Basilio: “Y así he querido dejar/ abierta al daño la puerta/ del decir que fue soñado/cuanto vio. Con esto llegan/ a examinarse dos cosas: /su condición, la primera:/ pues él despierto procede /en cuanto imagina y piensa./ Y el consuelo la segunda; /pues, aunque ahora se vea /obedecido, y después/ a las prisiones vuelva, /podrá entender que soñó/ y hará bien cuando lo entienda;/ porque en el mundo, Clotaldo, /todos los que viven sueñan”. Juegan con su persona, le duermen para despertarle con libertad vigilada. J. Rivero agrupa en cinco las tensiones del libre albedrío en Calderón: 1) Fuerzas de la naturaleza, hado, destino, etc. 2) Ley del padre 3) Ley del rey 4) Ley de la sociedad 5) Omnipotencia y omnisciencia divina.[15] Además, contrasta ese concepto de libertad con la escolástica.


Los versos de Calderón hablan de discursos, dudas, razones, evidencias, piensan e imaginan con claridades y distinciones nos remiten a Descartes, en el que influyó, sin duda, “La vida es sueño”, sobre todo en el “Discurso del método”, (1637), en la 4ª parte: “Considerando que todos los pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea verdadero, resolví fingir que todas las cosas que hasta entonces habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que, queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y observando que esa verdad: “yo pienso, luego soy”, era tan firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía recibirla, sin escrúpulo, como el primer principio de la filosofía que andaba buscando” [16]. Esta idea es el faro de la modernidad. La Medicina avanza en el S. XVII, preocupa la salud como muestra Descartes en su “Tratado del hombre”, que no publicó en 1633 por el juicio a Galileo. Calderón estaba entre los que defendían el sistema copernicano que en Salamanca ya se explicaba desde 1561- ver nota 13-; igual que Descartes conocía los primeros pasos de la ciencia moderna y su método hipotético-deductivo; el conflicto estalló en 1633 cuando Galileo dijo que el sistema heliocéntrico no eran meras hipótesis, sino que sus verificaciones eran ciertas.


Descartes en sus “Meditaciones metafísicas”, vuelve al tema del sueño y cuando reflexiona sobre la hipótesis del genio maligno o gran burlador dice: “Más este designio es penoso –como el mal presagio en la mente Basilio sobre Segismundo- y laborioso, y cierta dejadez me arrastra insensiblemente al curso de mi vida ordinaria; y como esclavo que sueña que está gozando de una libertad imaginaria, al empezar a sospechar que su libertad es un sueño, teme al despertar y conspira con esas gratas ilusiones para seguir siendo más tiempo engañado, así yo vuelvo insensiblemente a caer en mis antiguas opiniones y temo el despertar de esta somnolencia, por miedo a que las laboriosas vigilias que habían de suceder a la tranquilidad de mi reposo, en lugar de darme alguna vez en el conocimiento de la verdad, no sean bastantes a aclarar todas las tinieblas de las dificultades que acabo de remover”[17]. El texto es elocuente respecto a “La vida es sueño”, tememos el despertar porque la libertad exige sacrificio y eludimos el desengaño. “El enfermo imaginario”, de Molière, sueña con la salud eterna. Kant en “Los sueños de un visionario”, contrapone a éstos “soñadores de la sensación”, con los metafísicos, “soñadores de la razón”; Hume le despertó del “sueño dogmático”.


Platón critica a Homero por la inmoralidad de sus dioses, pues trastoca el valor educativo de la poesía, ya que los niños no distinguen el sentido de las alegorías; en clara alusión dice: “Luego la divinidad es enteramente simple y verdadera tanto en sus palabras como en sus obras. Ni se transforma, ni engaña a los demás, valiéndose de fantasmas, de discursos o de signos, tanto en sueños como en estados de vigilia”[18]. En el auto “El gran teatro del mundo” de Calderón resuena: “Obrar bien, que Dios es Dios”. Descartes en su 3ª meditación incluye en el argumento ontológico ese concepto “íntegro” de Dios.


Escena III. Músicos cantando y criados vistiendo a Segismundo que sale “alucinado”: “¿Yo despertar de dormir/ en lecho tan excelente? /Yo en medio de tanta gente/ que me sirva de vestir? /Decir que sueño es engaño:/bien sé que despierto estoy. /¿Yo Segismundo no soy?/ Dadme cielos, desengaño”[19]. Se plantea la cuestión de la identidad de la persona que actúa tras un personaje, a veces, nos engañamos a nosotros mismos y no queremos “ajustarnos” a la realidad. Segismundo “se cae del guindo” en estos versos: (Clotaldo es: ¿pues cómo así/ quien en prisión me maltrata –como a un objeto experimental-/ con tal respeto me trata –como a una persona-/por eso Segismundo recrimina a Clotaldo que su nuevo estado le fue negado “contra razón y derecho”, el príncipe enojado trata de matar a su ayo e intenta tirar a un criado, que se interpone entre ellos, por la ventana; el criado dice que Clotaldo obedeció al Rey. Calderón plantea el tema de Ética y Política: la justicia como fundamento de la ley, de la tradición solidaria de Francisco de Vitoria y la Escuela de Salamanca ante la Conquista de América, que consolidó la dignidad de la persona como sujeto jurídico universal. Segismundo responde: “En lo que no es justa la ley/ no ha de obedecer al Rey/ y su príncipe era yo”. En dos versos, Calderón, adelanta el argumento de “El Alcalde de Zalamea”: la Justicia está por encima de la ley, sea para el capitán o el Rey. Es el noble ideal al que dedicó su vida Platón y uno de los argumentos de la inmortalidad del alma, si no hay Justicia en “este mundo” tendrá que haberla en el Otro.

Escena V. Sale Estrella y Clarín se la presenta a Segismundo como su prima, a la que dice que su nombre es Sol y no estrella. Al criado que le dice “lo que es justo”, Segismundo responde: ”Nada me parece justo/ en siendo contra mi gusto” y le amenaza con tirarlo por el balcón al mar (en los mapas Polonia se dibujaba junto al Mar Caspio) y lo tiró. Segismundo está irascible, su impulso irracional revela lo que Nietzsche llamaba “sabiduría instintiva”. Don Gregorio Marañón, médico y humanista, decía que “la gran obra de la educación es la superación ética de los instintos”. Ahora, las virtudes platónicas, prudencia, valentía y templanza “deben guiar al príncipe”.


Escena VI. Sale Basilio y recrimina a Segismundo que su primera acción como heredero sea un homicidio y verifica su “hipótesis del hado”, provisionalmente, porque veremos en el desarrollo de la acción del drama que no se puede predecir la conducta humana como se predicen los eclipses. El padre de Calderón fue un hombre autoritario, el conflicto padre-hijo en la “La vida es sueño” se ha interpretado más que como el complejo de Edipo como el de Layo -nota 19-; aparece ya en la “Antígona” de Sófocles, cuando discuten el prometido de Antígona, Hemón, y Creonte. En “La vida es sueño” escucharían atentos los padres “biológicos” o “tutelares” –sean estos curas, obispos o “directores espirituales”, figura propia de los jesuitas- sean creyentes o no, deben educar con amor y respetar la libertad. Se supone “a priori” que los padres deben saber que, en la vida, la experiencia es madre de la ciencia. Ignacio Arellano sintetiza así el conflicto padre-hijo:“También constante universal es otro de los grandes temas calderonianos, el de la lucha generacional, en la que las figuras paternas muestran su incapacidad para afrontar el riesgo de la vida”. [20] En la educación actual esta actitud sigue vigente.


Segismundo a su padre: “como a una fiera me cría/ y como a un monstruo me trata, / y mi muerte solicita, / de poca importancia fue/ que los brazos no me den/ cuando el ser de hombre me quita”, le recuerda que educación no le ha dado. Para Sócrates la educación era el bien más alto del hombre, de ella depende, la libertad, la Paideia consiste en alcanzar la meta de la vida: la “phrónesis”, el bien (21). Basilio responde: “¡Bien me agradeces el verte, /de un humilde y pobre preso, /príncipe ya”; pero Segismundo dice:” Mi padre eres y mi rey;/luego toda esta grandeza/ me da la naturaleza/ por derecho de su ley”, “del tiempo que me has quitado/ libertad, vida y honor”. La libertad es el valor supremo de la persona, como D. Quijote: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre: por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor de los males que puede venir a los hombres”, en el cap. LVIII. Los ideales son sueños en la vida real. Basilio a Segismundo: “mira bien lo que te advierto:/que sea humilde y blando,/porque quizás estás soñando, aunque ves que estás despierto”, y Segismundo: ”¿qué quizá soñando estoy,/ aunque despierto me veo?/ No sueño, pues toco y creo/ lo que he sido y lo que soy/”...”pero ya informado estoy/ de quién soy, -persona-, y sé que soy/un compuesto de hombre y fiera”. El diálogo nos personaliza, nos humanizamos desde que nacemos con el otro: la alteridad ontológica. Fco. de Vitoria decía “que la persona es más de la república que de sí mismo”.

Escena VII. Aparece Rosaura y Segismundo recuerda sus gestos de afecto cuando le encontró desvalido y encadenado, ahora se descubre libre como el prisionero de la caverna platónica que se libera de las cadenas, sale afuera, contempla la verdad y vuelve a compartirla con los demás. E. Trías dice que: “Sin ese enamoramiento que se produce en situación transferencial no hay avance ni progreso en los sujetos dramáticos...El despertar del albedrío de Segismundo exige la presencia y la mirada, y hasta el saber de un otro femenino que en el drama protagoniza la infeliz Rosaura”[22]. Al nacer sentimos el amor, la urdimbre afectiva y esperanza básica de Rof Carballo. Segismundo canta poéticamente al rey de las estrellas, el sol es el bien y la luz el amor, así descubre el sentido de la vida como Don Quijote cuando exclama: “yo post tenebras spero lucem”.


Escena VIII. Segismundo no deja marchar a Rosaura, pierde el miedo a su hermosura. Para E. Trías, esta experiencia o prueba formativa, le lleva a etapas reflexivas y madurar en la convivencia con los demás. Diálogo entre Segismundo y Clotaldo, quien dice: “De los acentos desta voz llamado/ a decirte que seas/ más apacible, si reinar deseas;/ y no, por verte ya de todos dueños, / seas cruel, porque quizá es un sueño. Segismundo responde: ·A rabia me provocas, / cuando la luz del desengaño tocas. / Veré, dándote muerte, / si es sueño o si es verdad”. Es la hora de la verdad, con la muerte salimos de dudas de la vida; manejar a las personas conlleva violencia, como reacción el príncipe saca la espada para matar a Clotaldo, éste herido le sujeta el brazo, mientras Rosaura pide ayuda. Este proceso de “conversión” de Segismundo, según la metodología de A. López Quintás[23], sería el paso de una experiencia de vértigo a una de éxtasis, de una lógica de manipulación del ser humano a un ámbito de libertad creadora de la persona.

Escena X. Salen Basilio y Estrella. El Rey le pide respeto a las canas y Segismundo dice que no se ha vengado todavía del modo injusto con que le han criado y sigue necio.

Escena XII. Astolfo promete a Rosaura, para no deshonrarla, que sacará de su pecho el retrato de Estrella, para que entre su imagen; entra Estrella y Rosaura queda rendida a su voluntad, puesto que es noble señora debe casarse con Astolfo. ¿Matrimonio por amor o por interés?, Calderón denuncia con maestría esta injusticia social: la persona de la mujer [24] lleva siempre las de perder. En El Quijote (I,cap.XIII) Cervantes defiende la libertad de la mujer frente al amor imposible del pastor Grisóstomo, el cual “desea” con pasión a la pastora Marcela, pero ésta, libremente, le dice que no porque no le dio “esperanzas”.

Escena XIII. Soliloquio sobre el honor y el amor de Rosaura, el primero ante su padre Clotaldo y el segundo, respecto a sus sentimientos sobre Estrella y Astolfo. Un diálogo interior que es un canto a la dignidad de la mujer que sufre por las desdichas de la vida, pero que afronta con gallardía; lo importante es <llegar a ser lo uno quiere ser> (Píndaro). Ya Platón en el “Teeteto” (189d) dice que el pensamiento es el diálogo del alma consigo misma.


Escena XVII. Segismundo vuelve a la torre-prisión donde le acondicionan los soldados.

Escena XVIII. Sale Basilio y habla con Clotaldo para escuchar al príncipe desdichado. Segismundo –entre sueños- “Salga a la anchurosa plaza/ del gran teatro del mundo/ este valor sin segundo: porque mi venganza cuadre, / vea triunfar de su padre/ al príncipe Segismundo”. Despierta. “¿Soy yo por ventura? ¿No sois mi sepulcro vos vos/ torre? Sí. ¡Válgame, Dios, / qué cosas he soñado! ¡De todos era señor, /y de todos me vengaba; sólo a una mujer amaba... (Rosaura). Clotaldo –aparte-: “mas en sueños fuera bien/ honrar entonces a quien/ te crío en tantos empeños,/ Segismundo, que aun en sueños/no se pierde hacer el bien”. Hacer el bien está por encima de toda circunstancia en la vida, como dice Eugenio Trías, es el imperativo categórico. Los ideales de justicia son los sueños de la esperanza en la libertad, hacer el mayor bien posible, entonces era ayudar a los desvalidos que vagaban por las calles del hambre del Siglo de Oro, llamando a la puerta de los ricos, que soñaban, claro, con no perder dinero.


Escena XIX. Soliloquio de Segismundo donde expresa que la vida es sueño: “que el vivir sólo es soñar;/y la experiencia me enseña/ que el hombre que vive sueña/ lo que es hasta el despertar... Comenta E.Trías estos versos:“La vida es sueño es, en cierto modo, reflexionada por el sujeto del método como el discurso del método de Calderón. También como su “alegoría de la caverna”, una pieza profundamente emparentada con el L.VII de “La República” de Platón. Escrita dos años después que el texto con el cual Descartes sitúa el origen del pensamiento moderno en la evidencia del cogito ergo sum, también la vida es sueño presente un camino, una escalerilla, un método a través del cual se llega a cierta forma de saber liberador, a cierta evidencia.”[25]. Prosigue Segismundo: “Sueña el rey que es rey, y vive/ con este engaño mandando/...Sueña el rico con su riqueza...sueña el pobre que padece/ su miseria y su pobreza;/ sueña el que a medrar empieza,/ sueña el que afana y pretende,/sueña el que agravia y ofende,/ y en el mundo, en conclusión/ todos sueñan lo que son/ aunque ninguno lo entiende./Y sueño que estoy aquí/ destas prisiones cargado,/y soñé que en otro estado/ más lisonjero me vi./ ¿Qué es la vida? Un frenesí. / ¿Qué es la vida una ilusión, /una sombra, una ficción, /y el mayor bien es pequeño;/que toda la vida es sueño,/ y los sueños son”. La esperanza es la esencia la vida y el arma de la libertad, por eso, es lo último que se pierde.

¿Nos engañamos soñando a nosotros mismos? ¿Cuál es el estatuto ontológico del sueño? ¿Es la vida una lucha entre el deseo de poseerlo todo y la esperanza de no aferrarse a nada? El sueño es la forma indeterminada de la realidad que cambia con el tiempo, unas veces es verdad y otra mentira, el sueño es una exigencia de la libertad. ¿Es la indefinida pincelada de Velázquez, en la metáfora del espejo de la vida cotidiana, de “Las Meninas” o los sueños de la razón produce monstruos que pintó Goya? Soñamos la paz de una sociedad en guerra consigo misma. Soñamos con el corazón, como A. Machado, “entre el vivir y el soñar, hay una tercera cosa, el despertar”, la esperanza de resucitar frente al torvo miedo de la muerte. De los sueños nocturnos sacó Freud el psicoanálisis y toda una interpretación de la cultura. De los sueños diurnos sacó Bloch el horizonte utópico y otra interpretación de la cultura: el Principio Esperanza. La naturaleza del sueño ha suscitado en todas las grandes civilizaciones ricas cosmovisiones, para unos, divinas, y, para otros, humanas. Mentira o verdad, sombra o luz, imaginación o razón, noche o día, fe o duda, miedo o esperanza, predestinación o libertad, la vida es paradoja. ¿Podemos soñar despiertos con un mundo más justo y solidario? [26] ¿Qué esperanza de vida tienen, hoy, los 800 millones de hambrientos?


Miguel de Unamuno sentía que: “Gritos de las entrañas del alma ha arrancado a los poetas de los tiempos todos esta tremenda visión del fluir de las olas de la vida, desde “el sueño de una sombra” de Píndaro, hasta el “La vida es sueño” de Calderón y el “estamos hechos de la madera de los sueños”, de Shakespeare, sentencia esta última aún más trágica que la del castellano, pues mientras aquélla sólo se declara sueño a nuestra vida, mas no a nosotros soñadores de ella, el inglés nos hace también a nosotros sueños, sueño que sueña”. [27] Si los sueños, sueños son, forman parte de nuestro modo de ser libre. En Calderón lo que empieza como una prueba inhumana se convierte en alumbramiento de la verdad por el diálogo. En el Renacimiento los artistas, poetas, escultores, pintores o músicos, educaban al pueblo como en Grecia. El teatro barroco es complejo y real como la vida, de ahí brota su acción educativa universal. La naturaleza de la educación no tiene sólo un valor sociológico[28], sino ontológico, como en Platón.

Los dramaturgos hacen actores a los espectadores cuando llegan al corazón de la gente. ¡La palabra se hace vida! ¡Se rompen las máscaras! ¡Muchos se creen su papel! ¡En la conciencia está la verdad del sueño!, ¿Pienso, luego existo? o ¡Sueño, luego soy!, “y toda la vida es sueño/y los sueños son! ¡Qué lección de humanidad! ¡Dormid en paz, reyes de la guerra! ¡Soñad con dinero, banqueros miserables! ¡Soñad la libertad, esclavos de la tierra! ¡Soñad con pan, hambrientos! ¡Miremos en el espejo de la historia el futuro de la vida! Ya escribió Schopenhauer que: “Platón afirma varias veces que los hombres viven soñando y que sólo el filósofo trata de despertar. Píndaro dice “umbrae somnium homo”, y Sófocles: “Nos enim, quicumque vivimus, nihil aliud esse comperio, quam simulacra et levem umbram”. Al lado del cual aparece Shakespeare: “Estamos hechos de la misma tela que los sueños y nuestra corta vida está rodeada de un sueño”. Finalmente, Calderón estaba tan profundamente penetrado de este pensamiento, que trató de expresarlo en una especie de drama metafísico: “La vida es sueño”[29]. El teatro es nuestro espejo antropológico dice Buero Vallejo. Los sueños tejen la realidad, no se puede vivir sin soñar, es la esperanza de la vida inmortal.

3.3. JORNADA III. Torre de Segismundo.

Escena I. Soliloquio de Clarín “la víctima”.

Escena II. Los soldados confunden a Clarín con Segismundo, al creer que se había hecho pasar por aquel, dice Clarín: “Vosotros fuisteis los que me segismundeasteis”. Aparece como “modelo de identificación”, para el Académico Manuel Alvar los españoles deberíamos hacer de Segismundo, nuestro mito salvador.


Escena III. Sale Segismundo y le rinde honores un soldado, el cual relata como Basilio temeroso de que los cielos cumplan su hado y no verse a los pies de su hijo, pretende quitar “acción y derecho” a Segismundo; el pueblo, sabiendo que tiene un rey natural, no quiere uno extranjero –de mala resonancia histórica-, ya que Basilio quiere nombrar heredero al duque de Moscovia, Astolfo. El pueblo le rinde sus armas para restaurar su legítima corona y quitársela al tirano, prosigue el soldado: “Sal, pues, que, en este desierto, /ejército numeroso/ de bandidos y plebeyos/ te aclaman: la libertad/ te espera; oye sus acentos/. ¡Viva Segismundo viva! Es la esperanza en la libertad de los pueblos, y es el triunfo de la prudencia política frente a la concepción maquiavélica del poder.[30]

Segismundo habla “versus Descartes”: “Pues no ha de ser, no ha de ser/mirarme otra vez sujeto/ a mi fortuna;/ y pues sé/ que esta vida es sueño,/ idos, sombras, fingís/ hoy a mis sentidos muertos/ cuerpo y voz, siendo verdad/ que ni tenéis voz ni cuerpo/...”para mí no hay fingimientos:/que, desengañado, ya,/ sé bien que la vida es sueño”...”Ya/ otra vez vi aquesto mesmo/ tan clara y distintamente -regla de la evidencia del método-/como ahora yo estoy viendo,/y fue sueño”...”pues que la vida es tan corta/ soñemos, alma, soñemos/. Esta es la verdad de la vida, el sueño de la inmortalidad del alma, porque el tiempo vuela y acaba con todos los orgullos y vanidades. La esperanza en la felicidad de Kant tiene carácter de postulado como la libertad, la inmortalidad y Dios. La creencia en el más allá no hace vivir con esperanza el más acá, como decía Mounier.


Escena IV. Sale Clotaldo. Segismundo ha madurado y empieza a comprender su vida, el pueblo le ha “despertado de su sueño fatídico” le ha liberado con la verdad, sólo los poderosos tienen necesidad de mentir, por eso adormecen al pueblo con la ignorancia para dominarlos. El poeta crea la paideia de la libertad que vacuna contra la esclavitud. El gesto de humildad de Clotaldo arrodillándose a sus pies le ennoblece, es perdonado por Segismundo, que agradece las enseñanzas que le ha dado como padre adoptivo y abriéndole sus brazos: “Que estoy soñando y que quiero/ obrar bien, pues no se pierde/ el hacer el bien, aun en sueños/... Clotaldo sigue leal al Rey; Segismundo reconoce ese valor y le manda al campo de batalla; a sí mismo se dice: “A reinar, fortuna, vamos;/no me despiertes si duermo,/ y si es verdad, no me aduermas; / mas sea verdad o sueño,/ obrar bien es lo que importa; si fuera verdad, por serlo; si no, por ganar amigos/ para cuando despertemos/. “Lo único bueno sin restricción es la buena voluntad” de Kant.


Escena V. Basilio afronta su desgracia: “¡Dura ley! ¡fuerte ocaso! ¡horror terrible!, - “némesis” aristotélica-, /Quien piensa huir el riesgo, al riesgo viene;/con lo que yo guardaba me he perdido;/yo mismo, yo mi patria he destruido". “Cada cual es hijo de sus obras”: ¡qué gran verdad cervantina! Al Rey sus sueños de grandeza le cuestan su dignidad y al pueblo le toca pagar en vida su miseria y con sangre su libertad. El pueblo tenía hambre de pan y libertad, anhelaba la libertad como “uso público de la razón”.

Escena VI. Estrella y Astolfo, ¿son la ambición de poder en la sombra?, caos en la calle.

Escena VII. Basilio decide enfrentarse a su hijo: “lo que la ciencia erró venza el acero”.


Escena VIII. Salen Rosaura y Clotaldo, hablan sobre el honor perdido de su hija ante Astolfo. Clotaldo está agradecido a quién le salvó la vida ante la espada de Segismundo; Clotaldo duda entre la obligación de Rosaura y el agradecimiento que debe a Astolfo.

Rosaura le dice que liberal primero y agradecido después, argumento que convence a Clotaldo, el cual le recuerda a Rosaura que su despecho ante Astolfo le puede costar caro, pero Rosaura, valiente, se juega la vida por cumplir con su deber de conciencia.


Escena X. Sale Rosaura y en diálogo imaginario habla a Segismundo las tres formas en que le conoció, la primera, como varón –disfrazado-, la segunda, como mujer y, en la tercera, desnuda su alma contando la verdad de su historia, pidiendo a Segismundo su amparo ante Astolfo que es el dueño que roba “los trofeos de mi honor, los despojos de mi honra”. Rosaura le pide a Segismundo romper estas “concertadas bodas”, la de Astolfo con Estrella para quitarle el trono a su legítimo heredero Segismundo, ella le sirve con su acero y su persona. Segismundo responde a la paradoja de Rosaura que se lamenta, igual que él al principio. Rosaura le dice que por qué le ignora, y Segismundo responde: “no te hablo, porque quiero/ que te hablen de mí mis obras”.

Escena XI. Sale Clarín y le dice a Rosaura que sabe el secreto de su vida.

Escena XII. Voces del pueblo: “¡Viva nuestro invicto Rey! / ¡Viva nuestra libertad!


Escena XIII. Salen Basilio, Clotaldo y Astolfo, huyendo. Basilio: ¡Hay más infelice rey!, ¡ay, padre más perseguido! Calderón deja claro las dos dimensiones del conflicto: como rey primero, como padre después. ¡Huyamos, Clotaldo, pues, / del cruel, del inhumano/ rigor de un hijo tirano! Se da un giro copernicano: la injusticia y la violencia se vuelven, tarde o temprano, contra el que la practica, el verdugo se hace víctima, “quien la hace la paga”. Clarín cae herido de muerte: “de quién más su efecto huye, /es quien se llega a su efecto llega". Cada uno tiene su hora, Basilio dice: “¡Mirad que vais a morir, /si está de Dios que muráis! Basilio, ya sin hados, hace examen de conciencia: “Pues yo, por librar de muertes/ y sediciones mi patria, / vine a entregarla a los mismos/ de quien pretendí liberarla". Clotaldo alude al hado e insinúa a Basilio una “salida del laberinto”; como los discípulos de Sócrates que le ofrecían escapar de la cárcel; Basilio afronta con dignidad los acontecimientos: “Si está de Dios que yo muera, / o si la muerte me aguarda/ aquí, hoy la quiero buscar, / esperando cara a cara". Acepta la voluntad de Dios libremente, es la “teonomía en la autonomía” de la persona.


Escena XIV. Salen Segismundo, Estrella, Rosaura. Un soldado avisa que el Rey se esconde en el monte, Segismundo: “Seguidle”. Clotaldo al Rey: ¡Huye, Señor!Basilio: ¿Para qué?, de nuevo Clotaldo: ¿Qué quieres?Basilio: “Hacer, Clotaldo, un remedio que me falta. / Si a mí buscándome vas –a Segismundo-/ ya estoy, príncipe a tus plantas;/...arrastra mi decoro y mi respeto;/toma de mi venganza;/sírvete de mí cautivo;/ cumpla el hado su homenaje, /cumpla el cielo su palabra/. Los poderosos se equivocan, en un gesto de humildad, el Rey se rinde ante la verdad de su hijo: “Mi padre...me hizo un bruto, una fiera humana; Lo mismo le ha sucedido/ que a quien, porque le amenaza/ una fiera, la despierta/...la fortuna no se vence/ con justicia ni venganza,/porque antes se incita a más;/y así, quien vencer aguarda/ a su fortuna, ha de ser/ con cordura y templanza” . Como D. Quijote, la locura se transforma en cordura, porque la virtud se conquista en el combate consigo mismo. La educación es el despertar de la persona, la “voluntad de bien”, máxima moral para todos los hombres.

La realidad no podemos manejarla a nuestro antojo, ni ajustarla a nuestras ideas o intereses, como pensaba Basilio, una persona es una persona, lo mismo los pueblos no son objeto manipulable, ni su conducta predecible como un eclipse. Segismundo: “Sentencia del cielo fue:/por más que quiso estorbarla él, no pudo; ¿y podré yo, / que soy menor en canas, / en el valor y en la ciencia/ vencerla? - “Señor, levanta -al Rey-/ dame tu mano, que ya/ que el cielo te desengaña/ de que has errado en el modo/ de vencerla, humilde aguarda/ mi cuello a que tú te vengues:/rendido estoy a tus plantas”. A la humildad se responde con humildad, no con falso orgullo y soberbia, al Rey la nobleza de su hijo le obliga a decir: “corónente tus hazañas”. Todos: ¡viva Segismundo, viva! Segismundo: “Pues que ya a vencer aguarda mi valor grandes victorias, / hoy ha de ser la más alta/ vencerme a mí! Esta es la clave: el “Conócete a ti mismo” de Sócrates. La libertad exige la lucha interior contra las bajas pasiones que anegan los nobles ideales, la educación de las virtudes platónicas del alma, prudencia, valor y templanza. Decía Zubiri que, cuanto más mayores somos, más difícil es ser persona.

Segismundo exige, en su primer acto de gobierno, que Astolfo restaure el honor de Rosaura, cuya identidad desconoce, Clotaldo desvela la nobleza de su hija, una vez honrada. Segismundo pide la mano a Estrella, reconoce los servicios leales de Clotaldo y manda a la torre a un soldado oportunista por traidor. Este gesto de Segismundo significa que la historia se repite, la libertad provoca con sus actos ser privada de sí misma. Un grupo de alumnos definió la libertad como la capacidad de elegir cada uno su propia “cárcel”. Basilio reconoce el ingenio de su hijo para resolver el conflicto de un plumazo, como buen político. Astolfo exclama: “¡Qué condición tan mudada!”. Rosaura se admira:” ¡Qué discreto y qué prudente! Para Segismundo su maestro fue el sueño y teme despertar en “mi cerrada prisión”; Y cuando no sea, / el soñarlo sólo basta;/ pues así llegué a saber/ que toda la dicha humana, /en fin, pasa como un sueño...La misma idea de D. Quijote en la Cueva de Montesinos: “acabo de conocer que todos los contentos de esta vida pasan como una sombra o como un sueño”. Al final Segismundo, en un gesto de humildad, pide perdón por las faltas que hayan podido cometer los actores acogiéndose a la nobleza del público, la obra acaba con esperanza.


4.- Nuevas perspectivas hermenéuticas de “La vida es sueño”.

Desde que Menéndez Pelayo en 1881 escribiera obra “Calderón y su teatro”, no ha cesado el manantial hermenéutico sobre su creación literaria; Blanca de los Ríos y sus “diez Segismundos”, Valbuena Prat, E.M. Wilson o A. Parker [31], los críticos aquí citados y muchos más que desbordarían esta síntesis introductoria, constituyen un mosaico de perspectivas que abren un nuevo horizonte hermenéutico. Ya Galdós pidió que se le sacara de “la vergüenza del olvido”. Todo ello prueba que España hizo filosofía en la modernidad más que desde la razón instrumental desde la razón poética. Nuestra perspectiva pedagógica de “La vida es sueño” se centra en la esperanza de libertad como dimensión comunitaria de la persona. Sin los otros seres humanos, no somos, sencillamente. Sueño significa, ontológicamente, que la vida es, ante todo, esperanza. Y esta esperanza, ese sueño de libertad, es un modo de ser, del español en la modernidad [32], Calderón sigue aquí a Cervantes, aún en la vida del creyente, la esperanza “terrenal es eterna” frente a la desesperación de la predestinación luterana. Esta categoría ética-antropológica se funda en la bondad originaria del ser humano que, a pesar de la crueldad adquirida en su lucha por la supervivencia, significa confianza en la humanidad, inmanente o trascendente. Y la humanidad no puede vivir sin ilusión [33], con miedo y sin esperanza, tiene derecho a soñar otra realidad y luchar por ella. Cuando la juventud se lamenta, como Segismundo, de las cadenas de la sociedad, hay que educar con esperanza su libertad, desde la autonomía de su persona que implica lo comunitario, el reconocimiento del otro por el diálogo, una cultura de solidaridad.


Las conclusiones de esta “nueva conciencia pedagógica” vamos a resumirlas así:

1.- El diálogo se funda en el logos de la palabra y como método para buscar la verdad gira sobre tres ejes de la realidad: mundo, hombre y Dios; las ciencias surgen del primero, las culturas del segundo y las religiones del tercero. La humanidad siempre soñará la esperanza de libertad, a pesar de las cadenas que la atenazan.


2.- El hombre es, ante todo, voluntad, decía Ortega en “Misión de la universidad”, y el gran pecado de Europa fue creer que la inteligencia era la realidad; Hoy, “astrólogos” del dinero, con sus hados financieros, tasan y miden el beneficio de su codicia, ajustan la realidad a sus cuentas de resultados, y en nombre del bienestar, encadenan al hambre a los pueblos endeudados a priori, negándoles pan y libertad.


3.- Si la meta de la vida es hacer el bien sólo se alcanzará por la educación en el respeto a diversidad cultural como ejercicio de la libertad. La experiencia enseña que existe el mal por la libertad humana, por eso, la educación debe tener la esperanza de aprender a ser personas libres en democracia; de ahí, la importancia de diálogo interhumano para reconocer al otro, sin soberbia, con la humildad del amor.


4.- La intolerancia del ser humano sea política o religiosa, es criticada por el joven Calderón: “Si la voz se ha de medir/con las acciones humanas” o “alabar con la boca y/ matar con la intención”, Estrella, V-I; sobre todo, al fariseísmo que vive de privilegios y aplica su “justicia” sólo al pueblo. Al dogmático le enerva el pluralismo axiológico de los personajes y el respeto a la dignidad de la mujer.


5.- El hombre del barroco vive sus contradicciones con las verdades del corazón y de la razón, y es precisamente, en los corrales de comedias donde el pueblo se educa, anticipándose los poetas barrocos a los filósofos ilustrados (Kant), en la libertad como el “uso público de la razón”. En el teatro poético, el único que permanece decía Lorca, se plasman genialmente los grandes mitos de la humanidad, a la ética por la estética.


6.- Pero la mirada de Segismundo no se dirige sólo hacia fuera, a la ciencia de las leyes de la naturaleza, a la corte de la monarquía católica, al intolerante Santo Oficio o al exhausto ejército imperial, que gobiernan con sus leyes la libertad del pueblo que se busca la vida “pícaramente”. Segismundo mira “in interiori homine habitat veritas”, a la conciencia de donde brota la esperanza de libertad, que pasa de la naturaleza de los instintos a la encrucijada de las pasiones y la razón guíe con prudencia la vida.


7.- “La vida es sueño” es la apología de la libertad humana. La persona no debe encerrarse en la sombra de su caverna, siempre hay una luz: “la libertad te espera”.


5.- El teatro y la "educación en valores" . Testimonios de alumnos.

El teatro como metodología de la enseñanza de la filosofía[34] es una fuente de valores para la educación de la persona. Creo que el teatro tiene muchas modalidades de aplicación en la educación. “Sería, pues, urgente introducir hoy una pedagogía de la imaginación, junto al cultivo de los razonamientos científicos”[2]. Si el pensamiento de G. Marcel nos ha guiado en la esperanza ontológica –ver nota 2-, en estas experiencias pedagógicas nos ha impulsado esta intuición del poeta granadino Federico García Lorca: “El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre”[3].


Como ejemplo, hablan alumnos que actuaron:

1.-“Creo que haciendo de Segismundo me he dado cuenta de que en la vida hay que saber ser triste y ser alegre, y en realidad después de interpretar este personaje creo que han cambiado muchas cosas en mí, me he dado cuenta también de lo penoso que es la vida encerrado, y he aprendido eso y lo he aplicado en todos los sentidos, de que no he de encerrarme en mí mismo, si tengo problemas, tengo que sacarlos al exterior para que me pueden ayudar, p.e., y así en otras muchas cosas”. Ángel Luis Cendrero.


2.-“Pienso que me ha dado la oportunidad de mostrarme a los demás; también, he empezado a creer en los sueños, en las esperanzas; a luchar contra las adversidades que plantean los amigos, la familia, las notas; pero, lo más importante es que quizás he reforzado la amistad con respecto a mis compañeros”. Pedro Félix de Juan Pascual.


3.-"El tema tratado en la obra “la libertad” ha sido aprendido y ganado en valor y la significación de la palabra. Porque lo que relata la obra también se puede aplicar a la vida real donde hay muchas personas que están faltas de libertad, o que están coaccionadas o simplemente están en la cárcel”. Eva María Rodríguez.


4.- “La vida es sueño, la obra en sí ha supuesto para mí una experiencia que nunca había tenido. En otras ocasiones había hecho obras de teatro, pero esta ha sido mucho más importante para mí porque he podido comprobar algunos valores de mi persona que no siquiera yo imaginaba que tenía…También he podido medir mi capacidad de interpretación, pudiendo unir la memoria -un texto muy difícil de memorizar, pero cuando te haces a su verso, hasta llega a gustarte- y el gesto, el cual ha jugado un papel muy importante en la realización del personaje”. Sandra Bentolila, (Clotaldo).


5.- “Sinceramente la obra ha vuelto a despertar en mí la lucha contra los opresores, que dominan por ideales perdidos, a pueblos negándoles la libertad...siempre hay que mantener la esperanza para conseguir la justicia”. Javier Maya.


6.- “Es eso, es la libertad, el poder realizar todas tus esperanzas”. Paquita Villafranca.


José María Callejas Berdonés. Febrero 2000.


[36] “Charla sobre teatro”, O.C. Aguilar Edic. p. 150. Para Lorca el teatro debe hacer pensar.


[35] “El hombre imaginario. Una antropología literaria.”, A. Blanch, PPC-Univ. Comillas, M-1995, p.22.


[34] “El teatro educa”, Experiencias didácticas en Filosofía, Narcea Edic. Madrid.1988; “Dramatización del Mito de la Caverna” de Platón, “Antígona” de Sófocles, “Historia de una escalera” de Antonio Buero Vallejo y “Yerma” de Federico García Lorca. Después he realizado “La vida es sueño”, “La zapatera prodigiosa”, Lorca, adaptación de “Sócrates”, de E. Llovet, dramatización de “El Principito”, S. Exupéry; “Los físicos”, de F. Dürrenmatt.


[33] “Breve tratado de la ilusión”, J. Marías Alianza Edit. Madrid-1984; Los filósofos y poetas del s. XVII descubrieron el sentido positivo de sueño y ficción, como formas de realidad, sobre La vida es sueño, dice “que el sueño es la forma de la vida...algo narrativo”; p.27. Describe certeramente la riqueza de la palabra ilusión en el idioma español que, desde Espronceda, tiene un significado original como esperanza.


[32] “La espera y la esperanza”. Pedro Laín Entralgo, Alianza Edit. M-1984, p.159. Obra magistral sobre el valor de la esperanza de grandes escritores y filósofos en la cultura hispánica, europea y universal.


[31] Ver o.c. M. Durán y R. Glez. Echevarría, recogen una antología amplísima sobre la obra de Calderón.


[30] “D. Quijote y La vida es sueño”, L. Eulogio Palacios: “La verdad de La vida es sueño...se esfuerza en evidenciar que, mientras el hombre es soberbio, cree encontrarse en la vida perdurable, y cae en el abuso maquiavélico del poder; sólo cuando se desengaña y se da cuenta de que la vida es tan breve que puede llamarse sueño, siente el temor de ser juzgado, y este temor de Dios, comienzo de la sabiduría, engendra la verdadera prudencia”, Edc. Rialp, Madrid. 1960, p. 88.


[29] A. Schopenhauer, “El mundo como voluntad y representación”, Edt. Porrúa, México-1983, pág.28-29.


[28] A. Berenguer da una lúcida visión sociológica-educativa en la “línea” de Alcalá Zamora, o.c. p. 38.


[27] “Del sentimiento trágico de la vida”, Miguel de Unamuno, Selecciones Austral, Madrid-1976, pág. 56.


[26] “Hacer futuro en las aulas”, VVAA, Intermón, Barcelona. 1995, Callejas, José Mª, cap. “Los derechos y los sueños”.


[25] E. Trías, idém, oc. pág. 112.


[24] “Calderón”, A. Regalado, o.c., cap. 28, excelente capítulo sobre la mujer en el teatro barroco.


[23] “Estética de la creatividad", Cátedra, M-1977, “Análisis estético de obras literarias”, Narcea, M-1982. “Vértigo y éxtasis”, Asociación P. Ciencias Humanas, M-1987; “La cultura y el sentido de la vida”, Madrid. 1993.


[22] E. Trías, “La aventura filosófica”, o.c. p. 114. “Violencia y ternura”, R. Carballo, C. Austral.

[21] “Paideia: Los ideales de la cultura griega”, W. Jaeger, FCE, México-1974, p. 450. Para mí, sin duda, es la obra más importante que se ha escrito en occidente sobre la dimensión ontológica de la educación.


[20] “Calderón grandes temas, honor y poder”, I. Arellano, “El Cultural” El Mundo, 2-8 enero del 2000, C. Cuevas, A. Regalado, E. Rodríguez, J. M. Díez Borque, Ricardo Senabre, pone de relieve la urgencia de rescatar del olvido la obra poética no dramática de Calderón; Fco. Nieva, L. G. Lorenzo, A. R. Tarazona.


[19] O.c. J. Rivera, destaca los tres momentos de su interpretación de Calderón: 1) El desengaño sobre la realidad/nada del mundo. 2) La realidad del alma en cuanto libre, es decir, capaz de una acción real y originaria, responsable de sí: el libre albedrío. 3) Concepto y realidad de Dios; p. 6. Complejo Layo p.132


[18] “La República o de la Justicia”, Platón, o.c. 383c, p.700. Las fábulas deben conducir al niño a la virtud.

[17] En la misma edición de García Morente, p. 97ss, Descartes después se pregunta: ¿Qué soy, pues?, en la mente “racional” el sujeto se dirige al objeto; la mente “poética” trata con personas, “ya informado estoy, de quién soy, y sé que soy un compuesto de hombre y fiera”, queda clara la “identidad” en el lenguaje.


[16] “Discurso del método”, edic. M. García Morente, C. Austral, Madrid-1975. En la 3ª parte dice que anduvo por el mundo de acá por allá más bien como espectador que como actor en las comedias que en él se representan. J. Rivera -nota 15- describe las ideas sobre el sueño en Leibniz y Kant, oc. p.39.


[15] “Sueño y realidad”. La ontología poética de Calderón. J. Rivero de Rosales, Edic. George Olms Verlag, Hildeshein, 1998, p.110. Obra imprescindible para una amplia visión filosófica de Calderón.[2] “Discurso del método”, ver edic. M. García Morente, C. Austral, Madrid-1975. En la 3ª parte dice que anduvo por el mundo de acá por allá más bien como espectador que como actor en las comedias que en él se representan. J. Rivera -nota 15- describe las ideas sobre el sueño en Leibniz y Kant, oc. p.39.


[14] “El origen del drama barroco”, Walter Benjamin, Editorial Taurus. Comparación del teatro español y alemán, catolicismo y protestantismo, la paradoja de la salvación del alma la resuelve mejor Calderón.


[13] Ver la idea de la ciencia en Calderón, F. Picatoste, “Concepto de naturaleza”. Memoria premiada por la Real Academia de las Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1881, recogido en “Calderón y la crítica”. Historia y antología, M. Durán y R. González Echevarría, Edit. Gredos, Madrid-1976, T. I, p. 166. Ver A. Regalado, “Calderón”, T.I. Cap.13, Calderón y la nueva ciencia moderna, ver o.c. nota 11.


[12]“Calderón. Los orígenes de la modernidad en la España del Siglo de Oro”, A. Regalado, Edic. Destino Barcelona-1995, cp.15, p.529. Excelente investigación sobre la obra de Calderón, muy documentada.


[11] “Calderón y la crítica: historia y antología”, M. Durán y R. G. Echevarría, Ed. Gredos, M-1976, p.38.


[10] “La ética del Quijote”, Hans-Jörg Neuschäfer, Edit. Gredos, cap. III, Soberbia y humildad, el sentido moral de la acción principal. Madrid-1999, pág. 33. Una muestra más de la cantera de valores del Quijote.


[9] “La aventura filosófica”, Eugenio Trías, Edit. Mondadori, M-1988. En su profundo análisis de “La vida es sueño”, considera el experimento de la “torre-prisión”: “Esta singladura es ped-agógica: hace referencia a la paideia, la cual propicia y asegura cierto giro, vuelco o “viraje” (metá-noia). De hecho, todo el método de esta aventura filosófica es, en cierto modo, paideia: el “discurso del método” es, también didáctica del sujeto (en años de aprendizaje y andanzas). Ética y condición humana, Península. Barcelona. 2000; p. 98. Del soliloquio dice Trías: “Respecto a esa libertad natural de las criaturas “elementales” el fronterizo –Segismundo- es un cautivo. No goza de libertad natural. No le es dada la libertad física de que gozan las pequeñas criaturas al ser despedidas del origen, del nido, del claustro y de la fuente”, p. 99ss.


[8] “El mundo como voluntad o representación”, A. Schopenhauer, Edit. Porrúa, México-1983, pág. 202.


[7] “Fedón o del alma”, Platón, Obras completas, Edic. Aguilar, Madrid-1972. Calderón pone a Segismundo “al revés” que Platón a los hombres que, voluntariamente, prefieren los deseos corporales despreciando el alma -la filosofía-; su cuerpo se convierte en prisión: “y lo terrible de esa prisión –dice Platón- es que se opera por medio del deseo, de suerte que puede ser el encadenado el mayor cooperador de su encadenamiento” 82d-84b. Calderón pone el “deseo” del Rey antes que el “alma” de Segismundo.


[6] “Quizá estribe la importancia y pervivencia de La vida es sueño en representar para la literatura dramática lo que el Quijote es a la narrativa: la expresión más adecuada del drama y de la angustia del hombre en la estética del Barroco”, en Ángel Berenguer, “Autoridad y libertad”. Estructuras de La vida es sueño. Centro Estudios Hispánicos, Univ. Granada, III Centenario de Calderón, Granada, 1981, pág. 43.


[5] “Don Quijote”, Cervantes, Colección Austral, Madrid-1986, p.83, 1ª parte, indicaré el capt.


[4] “La vida es sueño”, Calderón de la Barca; Ed. Evangelina Rdguez. Cuadros, C. Austral, Espasa-Calpe, M-1987, con una introducción muy buena. De la misma editorial, Augusto Cortina, discípulo de M. Pidal, Clásicos Castellanos M-1971. Otra edición clásica, Martin de Riquer, Cátedra y la de Biblioteca Didáctica Anaya, que fue la que utilizamos en las dos experiencias, por su introducción y antología crítica de textos.


[3] “Calderón de la Barca, ¿Poeta de la Inquisición?”, A. Navarro, Cátedra. Uv. Salamanca, ABC, 4/4/85.

Lúcida crítica de las burdas simplificaciones; Calderón jamás elogió al S. Oficio ni la expulsión de judíos.


[2] “Aproximación al misterio del ser”, Edic. Encuentro, Madrid-1987, pág. 50; traduc. de José Luis Cañas.


[1] Dossier “Calderón, cuarto centenario del genio de la escena barroca”, Revista “La aventura de la Historia”, nº14, febrero 2000, excelentes artículos de José Mª Díez Borque, Felipe B. Pedraza, Ignacio Arellano, Ricardo García-Cárcel y Luciano García Lorenzo, una visión cabal de su vida y de su tiempo.

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