La amistad que forjó el pensamiento moderno. D. Hume y A. Smith. El infiel y el profesor. Rasmussen.


La amistad, desde Aristóteles, se convirtió en una virtud esencial de la filosofía. Esta obra, <El infiel y el profesor. David Hume y Adam Smith, la amistad que forjó el pensamiento moderno>, del profesor de Filosofía Política de la Universidad de Tufs (EE.UU.), Dennis C. Rasmussen, es un buen ejemplo de ello. Tanto David Hume como Adam Smith influyen con sus vidas y sus obras más allá de los límites de Edimburgo, capital de Escocia, e Inglaterra para llegar a Europa y América. El siglo XVIII, el de la Ilustración, las Luces o la Razón, en el que viven cierra la Edad Moderna y abre la Edad Contemporánea tan decisiva, todavía, en el siglo XXI.

La obra está muy bien estructurada en torno a la trayectoria vital de estos dos grandes escritores escoceses, David Hume, filósofo que influye en la economía y la religión de la sociedad de su época (de honda repercusión toda la cultura europea y en la Independencia de los Estados Unidos), autor, entre otras obras, del "Tratado de la naturaleza humana" o "Diálogos sobre la religión", y Adam Smith, economista famoso por su obra, <La riqueza de la naciones>, y <La teoría de los sentimientos morales>.


<En líneas generales, tanto durante su vida como desde su muerte, le he tenido por una persona cuya erudición y virtud se acercaban tanto a la perfección como tal vez permita la fragilidad>. Bellas palabras de Adam Smith sobre David Hume que inicia la obra. Para el profesor Rasmussen: <Este libro trata su amistad desde que se conocieron en 1749 hasta que Hume falleció, más de un cuarto de siglo después. Además. analiza cómo fue su relación personal y qué influencia ejerció en la opiniones de cada uno>. La investigación se basa en la correspondencia entre ambos y sus amigos. La obra incluye un lúcido relato de David Hume: "Mi vida". (Siento no haberlo conocido en mi época de docente de filosofía, ahora se lo recomiendo a los que quieran conocer al escéptico más emblemático del pensamiento moderno). David Hume nació en 1711 y murió en 1776 en Edimburgo. Adam Smith nació en Kirkcaldy (pueblo cercano a Edimburgo) en 1723 y murió en Edimburgo en 1790. Ciudad natal del escritor Walter Scott quien dijo de ellos que eran "auténticos gigantes en la Tierra". Bella ciudad en cuyo castillo se puede ver la Historia, no sólo de Escocia, sino de Inglaterra, sobre la que escribió Hume varios volúmenes. Una de las cuestiones más controvertidas de la amistad fue la religión por la época de intolerancia -anglicana- que vivieron ambos en su educación severa (reflejada en el folleto que prohibía una serie de vicios The Whole Duty of Man) cuando eran jóvenes (se le prohibía bailar, divertirse en las bodas, pasear los domingos o disfrutar del placer de la comida). Hume fue muy crítico con esa moral tradicional.

Hay otros ejemplos de amistad entre filósofos, aunque la que nos ocupa es todo un símbolo de una época muy polémica en la historia del pensamiento: <Hume sostenía que "la amistad es el máximo gozo para las personas", y Smith decía que el afecto y el cariño de nuestros amigos constituyen "la principal fuente de felicidad humana">. (Ambos conocían los tres tipos de amistad de Aristóteles (una por interés, otra por placer, y la tercera: <La amistad perfecta es la de los hombres buenos e iguales en virtud, pues, en la medida en que son buenos, de la misma manera quieren el bien el uno del otro, y tales hombres son buenos en sí mismos>. Ética a Nicómaco, VIII,1156b). La obra desmonta los mitos que etiquetaban a Hume como "tory conservador", y a Smith, como "whig liberal"; o en religión a Hume, de "escéptico y ateo", y a Smith, de "fervoroso creyente". Para el autor, el primero era más bien <agnóstico> dado que su pensamiento empirista (conocimiento basado exclusivamente en la experiencia respecto al origen de nuestras ideas) del <Tratado>, y de la <Investigación sobre el conocimiento humano>; incluye temas de psicología y ética que cuestionan en su raíz la metafísica tradicional, sobre todo, de la Escolástica medieval. Hume criticaba los efectos perniciosos de la religión en la moralidad de la vida cotidiana de la sociedad inglesa, la cual conoció bien en sus largas temporadas en Londres.


El intercambio de puntos de vista a lo largo de su vida enriqueció la amistad como un bien común. En el capítulo Hume, "Un escéptico alegre", el profesor Rasmussen nos sorprende con un dato: una encuesta hecha a miles de filósofos académicos revela que Hume es el filósofo que más adeptos tiene de la Historia de la Filosofía. Hume estudió Latín, Griego, Lógica, Metafísica y Filosofía Natural, y una educación "de preceptos religiosos" para estudiantes de la carrera de Derecho que abandonó. Estudió a los clásicos como Cicerón o Virgilio. Hume fue autodidacta, su espíritu libre e independiente, a pesar de la educación cristiana que recibió, le inclinó siempre al cultivo de la filosofía. Hume al final de su vida le confesó a James Boswell: "No he albergado ninguna creencia religiosa desde que comencé a leer a John Locke y Samuel Clarke". Hume estuvo Francia, en Paris (dos años en los que conoció a varios enciclopedistas, D'Alambert, Diderot y Helvétius -no conoció a Voltaire, ni a Montesquieu-; en Reims y en La Flèche donde estudió Descartes, cuyo racionalismo quería rebatir. El joven Hume al comienzo de su obra, <Tratado sobre la naturaleza humana. Con el intento de introducir en los temas morales el método de raciocinio experimental>, escribe: "La ignorancia que aún nos aqueja en lo que atañe a las cuestiones más importantes que pueden presentarse ante el tribunal de la razón humana". En la madurez reconoció algún exceso propio de la juventud respecto a las ideas del "Treatise", consideraba que había que ser prudente en la "educación de los jóvenes" sobre estas cuestiones. Hume reconocía a sus amigos: "No sé qué consecuencias conlleva en la actualidad ser un infiel, especialmente si la rectitud del hombre es irresponsable en todos los demás aspectos>.

Adam Smith, igual que Hume, creció sin padre -falleció antes de nacer-, y fue educado por su madre, una presbiteriana devota como la madre de Hume, los dos solteros (a este club habría que apuntar a Kant, cuya madre le educó en un riguroso pietismo y fue soltero también). El profesor Rasmussen alude a Nietzsche que decía: "los auténticos filósofos nunca se casan, y que Sócrates sólo lo hizo con ironía". Smith estudió en su escuela local de Kirkcaldy e ingresó con catorce años en la Universidad de Glasgow en 1737, y estudió las mismas materias que Hume, más Ética y Jurisprudencia. Otra semejanza con Hume fue una crisis nerviosa que padeció por tomarse a pecho los estudios, en su primera carta, ya profesor de la Universidad de Oxford -1740-, escribe Smith: "Si alguien enferma en Oxford por un exceso de estudio, será culpa suya, dado que no hay más obligaciones que rezar dos veces al día e ir a clase dos veces a la semana". A Smith le interesaba, más que las teorías científicas ("meros productos de nuestra imaginación") como las de Newton, seguir a Hume para conocer el funcionamiento de la naturaleza y la psicología humana. Para Smith: "No es que descubramos un orden en el universo, sino que se lo conferimos mentalmente". Llega a escribir: "La conexión o, como se le ha llamado, la asociación (...) de ideas", una copia casi exacta del título del primer capítulo del "Tratado" de Hume que conocía. Como a John Locke el fundador del empirismo filosófico inglés que precedió a Hume.


Smith -prosigue Rasmussen- razona que el deseo de explicar el mundo como un todo coherente fue lo primero que llevó a <la idea de que una mente universal, o un Dios de todos los seres, había formado originalmente este todo y lo gobernaba por medio de leyes generales>. (Esta idea nos recuerda al Logos de Heráclito que gobierna todas las cosas que existen). La idea del creador inteligente que había diseñado el mundo fue uno de los cimientos de la fe religiosa que unió a deístas y cristianos en el siglo XVIII. Hacia 1749 comienza la amistad con motivo de unas charlas que dio Smith en la Philosophical Society de Edimburgo, de la que era miembro Hume y secretario adjunto. Hume escribió, entre otras obras, "Investigación sobre los principios de la moral", y una "Historia de Inglaterra" como dijimos antes. Hace unos años tuve visité el Castillo de Edimburgo y vi la espléndida exposición de la historia de Inglaterra y Escocia, desde los orígenes hasta nuestros días, y conservo folletos informativos que muestran las imágenes.

Adam Smith obtuvo la Cátedra de Filosofía Moral de Edimburgo, y luego la de la Universidad de Glasgow. Hume intentó obtener una cátedra, pero no pudo por los enemigos del clero que se ganó, sin embargo, vivía feliz en Edimburgo: "un escenario ideal para los hombres de letras". Publicó, Segunda investigación sobre los principios de la moral, donde "reitera la tesis primordial de que la moralidad deriva de los sentimientos humanos -no de la palabra o voluntad de Dios, recalca, -prosigue Rasmussen-, que la mayoría de las cualidades que los devotos tenían por nobles eran en realidad defectos>. Hume mete en el mismo saco: <celibato, ayuno, penitencia, mortificación, abnegación, humildad, silencio y soledad>. Todo ello contradice el deseo natural, <aturde el entendimiento y endurece el corazón; nublan la imaginación y turban el ánimo>. Hume avisa a los lectores que sus ideas se apartan del cauce general... Ideas que aplica a la economía que, como en Smith, es inseparable de la ética: fomentan el libre comercio y favorece un gobierno libre que crea "una clase media, el fundamento más sólido de la libertad pública". Y "promueve la virtud haciendo a las personas más trabajadoras, inteligentes y humanas". Estos Discursos políticos que tuvieron éxito en Inglaterra y Francia e iban en la línea de la famosa obra de Adam Smith: <La riqueza de las naciones>. Smith se aparta -prosigue Rasmussen- de Hume asegurando que la fe en un Dios salvador fomenta la rectitud moral, pero no afirma ni de lejos, que el bien y el mal vengan preceptuados por Dios, idea en la que coincide con Hume. Los principios morales de Smith son: no lesionar al prójimo, respetar la igualdad de todos y proteger a los más débiles. Hace hincapié en la simpatía entre personas, hoy diríamos, escribe el profesor Rasmussen, empatía. Confluyen en el valor de la belleza de los actos humanos. Distinguen entre el valor de las cosas y el de las personas, moralmente superior. Otras divergencias surgieron por el utilitarismo de Hume, éste defendía la moralidad del suicidio y Smith no estaba de acuerdo.


En el epistolario Smith y Hume hablan del estado de ánimo, la salud y la importancia de la justicia y las leyes que regulan la convivencia social. Para Hume: "Cuando se lastima o mata a alguien, exigimos una reparación del daño que se le ha hecho, no tanto porque nos preocupe el interés general de la sociedad, sino porque nos preocupa la persona a quien se ha perjudicado". A pesar de las diferencias de criterio, las cartas revelan el análisis profundo de los sentimientos, por ejemplo, al hablar de las personas que han perdido a alguien y se consuelan en las visitas. Escribe Rasmussen: <Para Smith la dulzura de la simpatía: "alivia el dolor enterneciendo el corazón con prácticamente la única sensación agradable que en ese momento es capaz de tolerar". Para Smith: "No solo nos apresuramos a felicitar a los victoriosos, sino a presentar nuestras condolencias a los afligidos (sufrimiento de familiares y amigos de fallecidos en la pandemia del Covid19), y el placer que obtenemos de la conversación con quien podemos simpatizar de todo corazón para compensar con creces el dolor que nos aflige contemplar su penosa situación". Algo de lo que Hume duda, que sea una sensación agradable esa simpatía en estas situaciones dolorosas.

En la galería John Locke e Isaac Newton. Obra y busto del filósofo Jean Jacques Rousseau.

El profesor Rasmussen relata de modo brillante la "trifulca con un filósofo indómito", Rousseau; autor de "Emilio o De la educación", obra prohibida en Paris y Ginebra, algo que al principio le unió a Hume: la ira del clero. Genial la contraposición de caracteres que hace Rasmussen; el modo de estar en el mundo de Hume: "que se sentía cómodo", y el de Rousseau, "que lo percibía como un lugar hostil, lleno de complots y conspiraciones contra él". Hume defendió a ultranza el orden moderno, liberal y comercial, mientras que Rousseau lo atacó con virulencia. Hume dice a Smith sobre Rousseau que: "parece propenso a abrigar sospechas infundadas de sus mejores amigos". Rousseau acusó a Hume de alimentar una conspiración internacional para calumniarle. Hume no respondió nunca a sus provocaciones y le llamó "filósofo indómito"; Rousseau acabó ignorado por los "philosophes" franceses que le encumbraron. Paradójicamente, el escepticismo religioso de Hume quedó en nada respecto al ateísmo militante de aquellos. Entre las anécdotas de su vida, Rasmussen cuenta que cogió el gusto por la cocina y alardeaba de la: "por lo que respecta a la ternera con repollo (un plato delicioso), el cordero y el burdeos añejo, no tengo rival". Un día Hume resbaló en una ciénaga que separaba los dos barrios de Edimburgo, Old Town y New Town, sin poder salir por su propio pie. Unas pescadoras que le reconocieron como <el malvado e incrédulo Hume>, se negaron a ayudarle hasta que recitara devotamente el padrenuestro y, al hacerlo Hume en menos que canta un gallo, las mujeres rescataron al filósofo.


Adam Smith en su gran obra, <La riqueza de las naciones>, cita cinco veces a Hume: "de lejos, el filósofo e historiador más notable de nuestra época". Los Discursos políticos de Hume influyeron en Smith en las clases de economía política en Glasgow y le sirvieron de base -prosigue Rasmussen- para escribir en su obra: <De forma gradual, el comercio y la industria instauraron el orden y el buen gobierno, además de la libertad y la seguridad individual, entre una población rural que hasta entonces había vivido en un estado de guerra permanente con los territorios contiguos y de dependencia servil con sus superiores>. Smith explica por qué: <el feudalismo que había regido Europa durante siglos, desembocó al final en un sistema liberal y comercial; es decir, cómo un mundo dominado por la jerarquía, la dependencia y el conflicto entre Estados fue sustituido por un mundo en el que reinaba el imperio de la ley y en el que la gente gozaba de cierta seguridad>. Esto trajo consigo un aumento sustancial de las libertades individuales del pueblo llano. Respecto a las causas de la riqueza, Smith opina -escribe Rasmussen- que la clave de la prosperidad no es tener la balanza comercial positiva, como aseguraban los mercantilistas, sino dividir el trabajo. Hume decía que acumular deuda pública "es ruinoso a más no poder", y Smith: <El aumento ingente de la deuda pública que hoy oprime a todas las naciones de Europa, y probablemente a la larga las arruinará, ha sido bastante uniforme>. Y para evitar el empobrecimiento de la clase trabajadora, dice Smith que el gobierno debe prevenir este problema por medio de una educación obligatoria sufragada por el Estado, pensada especialmente para los hijos de los pobres>. Smith en <La teoría de los sentimientos morales>, escribe: <La disposición a admirar a los ricos y poderosos, y a menospreciar o ignorar a las personas pobres o de origen humilde> es <la causa principal y más extendida de la corrupción de nuestros sentimientos morales>. Toda una lección de ética para nosotros mismos, para la política y la economía de nuestro tiempo.

En 1776, David Hume, consciente de su enfermedad, dejó en su testamento a Adam Smith: <Todos mis manuscritos, sin excepción, con el deseo de que tenga a bien publicar mis Diálogos sobre la religión natural (...) Pese a que confío en la amistad íntima y sincera que siempre ha existido entre nosotros,(...) como recompensa simbólica por las molestias de tener que corregir y publicar la obra, le dejo doscientas libras, pagaderas justo después de la publicación>. El profesor Rasmussen relata que: <el 23 de abril ambos se encontraron por sorpresa en Morpeth, en la ruta entre Londres y Edimburgo. Probablemente Smith se enteró por primera vez del testamento de Hume>. Hubo tensión entre ellos -según los biógrafos resume Rasmussen-, al pedirle Hume a Smith que supervisará su obra, pero Smith se negó en redondo, dadas las discrepancias sobre el tema principal de la obra, la hipótesis de la creación, o la idea de que el orden universal implica la existencia de un creador omnisciente, omnipotente y benevolente (es decir, Dios), escribe Rasmussen. Y cómo conciliar la idea de Dios con la existencia del mal en el mundo. Hume estaba en contra del Estado confesional, aunque hacía apología de la tolerancia religiosa. Hume cambió el testamento y se lo dejó a W. Strahan su editor para publicar la obra, cuyos derechos recaerían sobre su sobrino. Tras la muerte de Hume, Smith <hubiera preferido que se continuara mostrando a un grupo selecto de personas>, más que por sus discrepancias, por la controversia social que iba a suponer su publicación. Se publicaron tres años después de su muerte, y no fue para tanto.


"Mi vida" relatada por David Hume está escrita con la serenidad propia de los sabios como muestra la entereza de sus últimos días antes de morir: <Continuó deleitándose como siempre, enmendando sus obras, para una nueva edición, leyendo libros para entretenerse, charlando con sus amigos, y, alguna que otra tarde, jugando al whist, su juego favorito>. Según algunos amigos al morir: <su alegría era inmensa>. Lean este espléndido libro que nos ha regalado el profesor Dennis C. Rasmussen al que agradezco el testimonio ejemplar de la auténtica amistad de las personas que tanto necesitamos para hacer un mundo más justo y solidario.




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