Miguel Delibes, educador. Homenaje en el centenario de su nacimiento 1920-2020.

Hoy, 23 de abril de 2020, Día del Libro y de Miguel de Cervantes, rindo mi pequeño homenaje al escritor Miguel Delibes Setién, con motivo del centenario de su nacimiento, (Valladolid.17-octubre-1920//12-marzo-2010). Miguel Delibes, educador; digo educador porque mi enfoque es más pedagógico que literario, dada mi condición de profesor emérito de Filosofía. En la asignatura de Ética y Moral de BUP utilizamos algunas de sus obras (y películas adaptadas de sus novelas) como recurso didáctico en los años 80, y en Ética Cívica en 4º de ESO (LOGSE), en los 90. En un lugar de la prensa, cuyo nombre no recuerdo, Miguel Delibes aludía a la orfandad de grandes maestros de la cultura española como Miguel de Unamuno y José Ortega y Gasset. Esa misma orfandad sentí en 2010 cuando nos dejó el gran novelista vallisoletano que, por méritos propios, pasó a la biblioteca señera de grandes maestros de nuestras letras. Y, de la ciencia diría yo, porque Delibes vislumbró como nadie, el paradigma ecológico de nuestro tiempo: uno de los ejes que vertebran toda su obra llena de humanidad. Parafraseando a su amigo Antonio Buero Vallejo, que dedicó una de sus obras a Antonio Machado: “Un soñador para un pueblo”; bien podríamos aplicarlo a Miguel Delibes: “Un educador para un pueblo”. La lectura de Miguel Delibes educa.


Recordemos la sentencia de Juan de Mairena de Antonio Machado: “a la ética por la estética”, parece que Delibes la hizo suya, pues situó la ética en el centro de su creación literaria, él mismo dijo en el periódico El Norte de Castilla del que fuera director: <Mi vida de escritor no sería como es si no se apoyase en un fondo moral inalterable. Ética y estética se han dado la mano en todos los aspectos de mi vida>. En 1975 ingresó en la Real Academia Española en la que se puede ver su trayectoria literaria y su magistral discurso <El sentido del progreso desde mi obra>, le respondió el filósofo Julián Marías. Miguel Delibes fue galardonado con el Premio Cervantes 1993, pincha la imagen para verlo en la Universidad de Alcalá.

En mi casa tenía El príncipe destronado, una buena novela para mis hijos por el personaje de Quico. En los institutos recomendaban El camino. (Imágenes de la exposición: <Pasa página>. Una invitación a la lectura. BNE. 2018). Delibes en sus comienzos pensaba que:<la literatura debía ser engolada y grandilocuente> (citas del libro <Miguel Delibes de cerca> de Ramón García Domínguez), hasta que se dio cuenta que: <abandonando la retórica y escribiendo como hablo, tal vez pueda cambiar la cosa.(...) Así fue como entré en este cambio de lenguaje, o de la técnica, o de las dos cosas. En El camino me despojé por vez primera de lo postizo y salí a cuerpo limpio.(...). Es cuando me doy cuenta de es más fácil ser fiel a un mismo, escribir como se es>. Este principio activo de la escritura es la clave de la escuela cervantina, saber recrear la sabiduría personal de generación en generación: ¡qué buen consejo para jóvenes lectores!


De nuestra tradición literaria y filosófica, en la década de los 80, surgió en España una tendencia didáctica de Catedráticos de Filosofía que promovieron la renovación pedagógica y filosófica, entre otros, Antonio Aróstegui Megías (creó la Sociedad de Profesores de Filosofía de Instituto -SEPFI-); Manuel Padilla Novoa se centró en la novela <Niebla> de Miguel de Unamuno; yo seguía a mi entrañable jefe de seminario del I.B. Arroyo Butarque de Leganés (Madrid), con otra de Unamuno: Del sentimiento trágico de la vida. En Madrid, José Luis Rozalén Medina con Bartolomé Cossío (El Greco) y su representación teatral <Galileo Galilei>, de Brecht. En Zaragoza, María Luisa Domínguez Reboiras y Bernardino Orio de Miguel fueron pioneros en aplicar el método activo del diario-cuaderno de clase en bachillerato con la novela: <Cinco horas con Mario>, de Miguel Delibes; ellos me abrieron los ojos a la novela de Delibes. En Salamanca, Miguel Cobaleda Collado en sus <Seminarios de teatro en COU>, y su bella obra dramática: <La puerta del Paraíso>. En mi caso, entré en la escuela de sabiduría de Juan de Mairena de Machado y me aventuré con el teatro de García Lorca, Yerma y La zapatera prodigiosa, y Buero Vallejo, Historia de una escalera y Las cartas boca abajo. Hice dramatizaciones del Mito de la Caverna y Apología de Sócrates de Platón y Antígona de Sófocles. En los 80, en ética política y ecología, vislumbré a Miguel Delibes: <El disputado voto del señor Cayo>, <Los santos inocentes>, <La primavera de Praga>. En los 90: <Un mundo que agoniza. El sentido del progreso desde mi obra>.


Mi modesta experiencia didáctica se aplicaba en función del temario de Ética y Moral (BOE, orden 19/7/1980). La novela, <El disputado voto del señor Cayo>, de Miguel Delibes (1978), se llevó al cine en 1986, muchos docentes recomendábamos una lectura voluntaria en el curso, y esta venía como anillo al dedo, con una metodología sencilla de lectura y comentario de texto. El temario se fue ampliando, en 3º de BUP de Moral social y política había que enseñar la Constitución de 1978. (Yo participé en las Jornadas de Ética y Constitución en Alcalá de Henares en 1984). Esta obra se desarrolla en el mundo rural y retrata los problemas sociales, como la píldora, el aborto, el amor libre, el conflicto generacional. Delibes escribió un gran artículo en ABC <Aborto libre y progresismo>, reproducido en 2007 con la nueva ley de ZP. En esa defensa de la vida estaba yo y en clase se debatían cualquier problema social, porque había voluntad de buscar la verdad y se respetaba la libertad de conciencia de todos. La actividad principal era el "cineforum" y se debatía con los alumnos en clase, después hacían una reflexión crítica personal de los valores que ellos mismos descubrían. Yo evaluaba el trabajo cuyo objetivo era conocer y practicar los valores constitucionales, por ejemplo, el pluralismo ideológico, la tolerancia y el respeto a la convivencia pacífica y democrática.

Al desaparecer la Ética como alternativa a la Religión a principios de los noventa, muchos profesores de Filosofía tuvimos que ocuparnos de la "Alternativa de estudio" a la Religión (durante un tiempo <Sociedad, Cultura y Religión>) que, al no ser evaluable, se realizaban múltiples tareas escolares y se ponían películas para "matar el tiempo", pero el tiempo se puede convertir en cine-fórum y ser fructífero para todos, así la película <El disputado voto del señor Cayo>, y <Los santos inocentes>, las puse en varias ocasiones para terminar con un pequeño debate en clase.


Otra obra de Delibes para ver la relación ética y política fue <La primavera de Praga>, en la que relata su viaje a Checoslovaquia en 1968 y revela su formación no sólo literaria, sino filosófica. Esta no la propuse como lectura, aunque ponía ejemplos como sus palabras a los hombres de Praga -entre ellos el filósofo y dramaturgo V. Havel, que buscaban una salida a la dictadura y un nuevo sistema. Delibes se preguntaba, ¿cuál es este?, y respondía: “Sencillamente un socialismo en democracia. La formulación del ideal checo es simple, más su puesta en práctica es encierra, evidentemente, problemas muy arduos. Empero, de mi convivencia con estos hombres saqué dos conclusiones importantes: Primera, que un país económica y culturalmente evolucionado no puede vivir en régimen de dictadura sea ésta del color que sea, y, segunda, que aún es posible hallar en la tierra una fórmula de justicia en libertad; es más, que la justicia en libertad es, en sí misma,” la” fórmula. (La pretendida justicia se corrompe, si la libertad no la guarda; la pretendida libertad se esfuma, si la justicia no prevalece)”.


En el segundo curso de Ética y Moral teníamos el tema 5: <El medio ambiente. El hombre en la naturaleza. Moral y ecología>. <Los santos inocentes> de 1981, fue otra de las novelas de Miguel Delibes que leían los alumnos en Lengua y Literatura, yo también la propuse como lectura en alguno de los cursos, sobre todo a partir de la adaptación cinematográfica de <Los santos inocentes> de Mario Camus en 1984 (ver en RTVE.es). Eran los comienzos de la educación ambiental y del enfoque de la ecología, no meramente conservacionista, sino humanística, ejemplos como el Mensaje de Viejo Indio Seattle al Presidente de EEUU (1855). Delibes dedicó esta novela a su amigo Félix Rodríguez de la Fuente, del mítico programa de TVE: <El hombre y la Tierra>. La no menos mítica expresión del personaje Azarías, <Milana bonita>, fue todo referente de armonía del hombre con la naturaleza. Bien sea la lectura o la película, Los santos inocentes se convirtió en un excelente material didáctico para la formación ética y moral, tanto por los debates que suscitaban sus personajes como por la exigencia del dominio de lengua española, dada la importancia de la lengua como proceso cognitivo y vertebrador de todas las áreas del conocimiento del currículum.


El discurso del Premio Cervantes de Miguel Delibes, el 23 de abril de 1994, en la Universidad de Alcalá (ver entrada del Premio) marcó un hito en mi experiencia docente, dado que trabajaba <educación para el desarrollo> desde 1989. Este libro <Un mundo que agoniza> (hoy en la encrucijada del coronavirus) con la introducción de Ramón García Domínguez e ilustraciones de J. R. Sánchez, se convirtió en lectura obligatoria en clase de Ética. Ya teníamos en los temarios cuestiones como las Naciones Unidas y la ayuda a los países subdesarrollado (denominaban así, ver de José Luis Sampedro, Conciencia del subdesarrollo), y el holocausto del hambre.


Miguel Delibes en su discurso en la RAE (1975), <El sentido del progreso desde mi obra>, habló de la necesidad de una sociedad estable donde "la economía no fuese el eje de nuestros desvelos y se diese preferencia a otros valores específicamente humanos.(...) Esto es, quizá, lo que yo intuía vagamente al escribir mi novela “El camino” en 1949, cuando Daniel, mi pequeño héroe, se resistía a integrarse a una sociedad despersonalizada, pretendidamente progresista, pero, en el fondo, de una mezquindad irrisoria".

"Han sido suficientes cinco lustros -prosigue Delibes- para demostrar lo contrario, esto es, que el verdadero progresismo no estriba en un desarrollo ilimitado y competitivo, ni en fabricar cada día más cosas, ni en inventar necesidades al hombre, ni en destruir a la Naturaleza, ni en sostener a un tercio de la Humanidad en el delirio del despilfarro mientras otros dos tercios se mueren de hambre, sino en racionalizar la utilización de la técnica, facilitar el acceso a toda la comunidad a lo necesario, revitalizar los valores humanos, hoy en crisis, y establecer las relaciones Hombre-Naturaleza en un plano de concordia. He aquí mi credo y, por hacerlo comprender, vengo luchando desde hace muchos años.(...) A mi juicio, el primer paso para cambiar la actual tendencia del desarrollo, y, en consecuencia, de preservar la integridad del Hombre y de la Naturaleza, radica en ensanchar la conciencia moral universal. Esta conciencia moral universal, fue, por encima del dinero y de los intereses políticos, la que mantuvo la intervención en el Vietnam y la que viene exigiendo luego limpio en no pocos lugares de la Tierra. Esta conciencia, que encarnó preferentemente en un amplio sector de la juventud que ha heredado un mundo sucio en no pocos aspectos, justifica mi esperanza”.


Durante años trabajé en un proyecto de educadores para un solidario en esta vía de esperanza de Delibes. Al leer el discurso caí en la cuenta del enfoque profético de la ecología humana, compendio de esperanza en la juventud y un referente de solidaridad. Intuyó Miguel Delibes la tragedia del hambre en el mundo (otra pandemia que habría que erradicar de una vez) y advertía el peligro de inmolar al hombre en el altar de la tecnología y la exaltación del dinero. Y no se pierdan el final: ¡Qué paren la Tierra, quiero apearme!


Les invitamos a leer a Miguel Delibes, novelista ejemplar lleno de humanidad, recordando las palabras de Cervantes en el capítulo I, XVIII del Quijote, en la aventura de las ovejas que, de nuevo, le advierte Sancho al caballero que, con ahínco, solo ve ejércitos:

<Señor, pues ¿qué hemos de hacer nosotros?

—¿Qué? —dijo don Quijote—. Favorecer y ayudar a los menesterosos y desvalidos>.


Y son muchos los necesitados hoy, unos de consuelo, todos tenemos familiares o amigos que lo necesitan por los seres queridos que se nos han ido por el coronavirus; y otros de esperanza, tanto las personas que luchan contra la infección como los sanitarios y todos los demás que les ayudan. A todos ánimos con todo el cariño del mundo.





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